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¿Nos fiamos de 2014?

jueves 02 de enero de 2014, 19:58h
En eso de los dineros todo el mundo ha puesto sus esperanzas en un 2014 que, dicen, no puede ser peor que 2013, que se ha quedado ya con la etiqueta de mal año, pero, dependiendo a quien se pregunte, la cosa no está tan clara. No es por ser agorero, pero sí parece que con un déficit que no termina de reducirse, un 26% de desempleo, unos sueldos, pensiones y subsidios congelados o en caída libre y unos precios e impuestos en imparable ascenso, el panorama no es muy alentador y hay ya, incluso, quien está reclamando que llegue rápido el 2015.

Por el contrario, muchos de los que saben de eso que llaman Economía dicen, en coincidencia con el presidente Rajoy y más recientemente con el ministro Guindos, que, efectivamente, 2014 va a ser el año de la recuperación. Cierto es, también, que ya se atisban signos de una incipiente recuperación: frenazo en la destrucción de empleo, sube la bolsa, más confianza del consumidor y, por ello, más consumo, y tipos de interés más bajos. Sí se huelen, podemos decir, los aires de cambio.

Y digo yo: ¿De verdad podemos poner todas nuestras esperanzas en que 2014 va a ser el año de la recuperación? ¿O será sólo el del comienzo de la recuperación? ¿Estamos ya en el camino para salir de la crisis? ¿O hablamos sólo de la recuperación de las grandes empresas y los grandes bancos y no del bolsillo del pobre ciudadano de a pie? ¿Nos podemos fiar del 2014? ¿Y de los responsables de que el 2014 sea mejor?

Todo apunta a que se empezará a salir de la crisis, pero no con la rapidez que todos quisiéramos. Dicen que habrá más ajustes y se reza porque no haya esos problemas ajenos a la economía que siempre asustan a los mercados. Habrá que tener paciencia y buen ojo en la gestión. De los listos son las oportunidades y de los quejicas la inacción.

En cualquier caso, si bien es verdad que 2014 puede ser el año de la recuperación económica, lo que parece evidente es que no va a ser el de la recuperación de la confianza en la clase política que ha de sacarnos de la crisis. Compleja conjunción de sentimientos enfrentados entre el amor a una ideología y una realidad que se empeña en no dar demasiadas alegrías.

Se acercan tiempos de elecciones. La ciudadanía también tendrá su oportunidad de premiar o castigar. Quizá con esta amenaza se racionalicen muchas medidas y recortes que tocan los bolsillos y los servicios. Porque todavía nadie ha dado una explicación convincente de por qué sigue subiendo el IBI si los precios de la vivienda se desploman. O cómo van a mantener su poder adquisitivo los jubilados con una revalorización ridícula de su pensión mientras se encarece la vida en general y los medicamentos en particular.

2014 será lo que los políticos que elegimos quieran que sea.
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