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Señales tengas y sean exactas

jueves 02 de enero de 2014, 21:51h
El tonton (a quién se le ocurriría esta palabra) ha sido uno de los grandes inventos contemporáneos. Dicen los entendidos que se basa en la aplicación de tecnología de las fuerzas armadas norte americanas que, por cierto, no son nada tontas.

El éxito del tonton tiene dos causas. Por un lado, el conductor rompe su intrínseca soledad y se abandona a la acompasada voz del instrumento que, cual sargento chusquero, le va marcando el paso: a derecha, a izquierda, de frente, giro, media vuelta, ¡Alto!y así hasta llegar al destino prietas las filas. Aún cuando la herramienta no responde a preguntas ni a insultos, tampoco se molesta ni para en seco su información para dar un par de bofetadas al interlocutor que le maltrata. El mecanismo es templado y paciente; no levanta la voz cuando el automovilista se pasa la intersección o la salida adecuadas. Y, desde luego, resulta imposible en su compañía entrar en estado de dormición. Pues, cual loro caribeño, no para de cascar.

Pero hay una segunda razón del éxito del tonton, y es el caos de la señalización, al menos en España (siento no hablar de nuestro país). El examen de conducir prepara para el entendimiento de las señales de tráfico, pero no de las orientativas que son obra de mentes calenturientas y pervertidas.

Reto a cualquier ciudadano de inteligencia media a saber cual es la carretera correcta en una rotonda tamaño estadio de fútbol, que a su entrada tiene un pedazo de señal 10 por 10 con más información que la guía telefónica. Me complacería saber lo que hace una persona al volante, que haya terminado el bachillerato, cuando se encuentra al tiempo tres señales con dirección al mismo pueblo pero, presuntamente, por caminos distintos.

Pagaría un doblón de plata al que es capaz de orientarse por las señales que se multiplican en las circunvalaciones 30, 40 o 50. Entregaría una de mis uñas al que encuentre una explicación a la famosa señal de A.Soria a la salida de Madrid pero en la misma carretera que lleva a la ciudad castellana. Entrarían a millares en hospitales de rehabilitación psiquiátrica conductores que se han vuelto locos intentando desentrañar aquellas dejes que aumentan el número de kilómetros que quedan para llegar a la ciudad a la que desean arribar, a medida que se acercan a ella y, en fin, ahorramos cualquier comentario al hecho de que cuando entramos en esa ciudad, la mayor parte de las placas de las calles han desaparecido o no han existido nunca.

¡Señales tengas y sean exactas! El cuerpo de señalizadores del Estado (y los cuerpos análogos de las Comunidades Autónomas) deben aplicarse pues pueden quedarse sin trabajo y ser sustituidos con ventaja por los tontones.

Advertido queda.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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