La farsa zapatista veinte años después
jueves 02 de enero de 2014, 21:57h
Ha sido necesario que se cumpla el aniversario del alzamiento zapatista en Chiapas, México, para que el subcomandante Marcos y su Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), hayan salido del absoluto olvido y roben un pequeño espacio nostálgico en los medios de comunicación. ¡Ah! ¿pero los zapatistas seguían existiendo en Chiapas? Pues sí, y no sólo eso, pues ese movimiento marxista que después también se autojustificó con argumentos indigenistas, administra “juntas de buen gobierno” en la zona selvática donde están todavía hoy instalados. Algo que no dejará de ser una sorpresa para los que conocieron e incluso jalearon sus inicios, así como también para las nuevas generaciones que oigan por primera vez las siglas de esta guerrilla. Una vez más parece cumplirse aquel apotegma atribuido precisamente a Karl Marx cuando sugirió que la Historia se repite dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como farsa. En este caso, la tragedia estuvo a cargo del caudillo revolucionario Emiliano Zapata, ejecutado en una emboscada en abril de 1919, por más que su mito sobreviviese, asociado a aquella célebre frase que haría fortuna: "Es mejor morir de pie que vivir toda una vida de rodillas".
La repetición de aquellos hechos, ahora en clave de farsa, se inició en 1994 al mando del pseudocaudillo Subcomandante Insurgente Marcos, que repitió punto por punto gestos asociados a la legendaria actividad de Emiliano Zapata. La nueva guerrilla, así surgida hace ahora veinte años, acaparó hábilmente los medios de comunicación con su parodia del zapatismo histórico. Una farsa, en todo caso, sangrienta, que hizo derramar mucha sangre inocente. ¿Qué habría sido de aquella farsa sin el sustento mediático de la izquierda occidental –en la que destacó de forma singular la izquierda española-, tratando de construir un mito con materiales de derribo y efigies al estilo del Che Guevara? Sin ese alimento, que llegó incluso a generar un turismo singular donde conocer a los zapatistas era un aliciente más en unas vacaciones con un picante extra, aquella farsa habría languidecido aún más rápido hasta extinguirse en pocos meses.
La operación mediática hizo sin embargo posible que el Subcomandante Marcos firmase un acuerdo de papel mojado con el Gobierno mexicano, y que haya sobrevivido así hasta hoy administrando lánguidamente la pobreza de los indígenas de Chiapas durante dos décadas. Metáfora perfecta de los movimientos guerrilleros de América latina, con la aspiración de empuñar su cuota de poder autoritario a costa de las carencias de la población y vivir después para mantener ese poder sin pasar jamás por las urnas, sustentándolo en las armas y en una retórica tan grandilocuente como vacía. Hoy, la farsa neozapatista ha recibido de nuevo la visita efímera de los focos mediáticos. Quizá sirva para estudiar el mecanismo interno de estas parodias en la sociedad global. Un mínimo análisis ratifica por enésima vez que movimientos guerrilleros de esta naturaleza son un factor más en los lastres que impiden el progreso. Y que éste se produce realmente gracias a los enemigos de la guerrilla, los impulsores del libre comercio.