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LA MÁS ALTA INTELIGENCIA DEL SIGLO XX ESPAÑOL

viernes 09 de mayo de 2008, 20:21h
El inolvidable Emilio García Gómez, soleado de lorcas y machados, sabio de idiomas árabes medievales y otros benkuzmanes, me dijo un día, mientras paseábamos ante los budas de Bamiyán en aquel Afganistán del rey Zahir y todas las nostalgias: “Nadie en la historia de España ha tenido tanta influencia sobre su época como Ortega y Gasset”. Durante largas décadas fue indiscutible. Se lo rifaban en los más diversos foros a izquierda y a derecha, desde el Ateneo revolucionario y procaz hasta el duque de Alba en su palacio de Liria. Era el centro de la vida intelectual española. Eclipsó en nuestro país a los grandes nombres de su tiempo: Zubiri, Morente, Unamuno, Menéndez Pidal, Menéndez Pelayo, Valle-Inclán, Buñuel, Picasso, Dalí, Gris, Miró, Juan Ramón, Gaudí, Falla...

No tuve la suerte de tratarle. Estaba yo todavía en el colegio y era verano cuando una mañana, en Fuenterrabía, nos dijeron: “Ortega y Gasset está en el Jáuregui”. Un grupo de adolescentes, que jugábamos al fútbol imitando a los ídolos de entonces, Zarra y Gaínza, corrimos hacia la cafetería, para contemplar al filósofo como si se tratara de Dios uno y trino. Nos saludó a todos divertido. Iba vestido de claro con un sombrero de paja, canotier, de ala ancha. Era un hombre pequeñito y distante. Al darme la mano, me impresionó su mirada que todavía recuerdo con precisión.

Tuve después amistad con su mujer Rosa que me invitaba a almuerzos inolvidables en su casa de Monte Esquinza, donde pasé largos ratos en el cuarto en el que trabajaba el filósofo. Me acuerdo todavía de un atril de pedestal, con el último libro abierto que estaba estudiando Ortega antes de morir. En los años postreros de su vida, por prescripción médica, leía de pie.

También he tenido amistad con los tres hijos de Ortega y Gasset. José editó en Revista de Occidente varios de mis libros. Miguel fue miembro del Consejo Privado de Don Juan porque los que dijeron: “Delenda est Monarchia”, se aglutinaron en Estoril en torno al hijo de Alfonso XIII para proclamar: “La Monarquía debe ser reconstruida”. Mantuve con Soledad excelente relación, albriciada por la admiración que despierta en mí la moderación, el equilibrio, la sagacidad histórica y política de su hijo José Varela Ortega. Estoy bien seguro de que si viviera el filósofo se sentiría orgulloso de su nieto.

Y bien. Hace 125 años que nació Ortega y Gasset y está claro que se ha instalado en el siglo XX español como las más alta inteligencia de la centuria. Su obra filosófica carece de parangón en el mundo de habla española. Influyó e influye en todos los continentes y, decisivamente, en España, en Iberoamérica, en Estados Unidos y en Centroeuropa. Algunos de sus libros se encuentran entre los mejores del siglo XX y siguen siendo de lectura o de consulta obligada. La vastedad de su cultura asombra todavía en esta época del ordenador e internet.

Y era, también, un soberbio escritor, en mi opinión el mejor de su época, fulgurante en la metáfora, equilibrado en el adjetivo, sólido y originalísimo en la construcción sintáctica. Cierta progresía cretina trata de negar el pan y la sal ahora a uno de los nombres grandes de nuestra historia. Yo, que en tantas cosas discrepo de sus posiciones, quiero rendir hoy la pluma ante el hombre que, quizá, más me ha hecho reflexionar en mi vida. Su escritura, recreada en la región transparente, es un regalo para el buen gusto literario. Me hace disfrutar cada vez que la releo. Ortega y Gasset es el pensamiento, es la palabra, el verbo, que se hizo inteligencia y metáfora y habitó entre nosotros.

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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