2014. Abigarrada y agobiante agenda
sábado 04 de enero de 2014, 19:18h
Apreciados amigos lectores de El Imparcial: permítanme hacerles notar que, acaso como pocas veces, tenemos la ingente oportunidad de afrontar un año cuajado de efemérides en aniversarios redondos, que no solo contribuyen a mirar al pasado y valorar al presente a través de su advenimiento y evolución, sino que gracias a ello podemos justipreciar cada uno de esos acontecimientos, revalorándolos y aprendiendo de ellos alguna nueva lección. 2014 es una de esas ocasiones, lo cual me entusiasma sobremanera.
Y mire usted que no soy de quienes ve a la Historia como una fábrica infinita de lecciones, convencido de que los sucesos ocurren sin conciencia para darle una lección a nadie. Empero, nada impide reflexionar sobre su ocurrencia.
Abrimos un 2014 cuya agenda promete, que me significa tanto, igual en el plano nacional como en el externo. 2014 fue designado como Año Internacional de la Agricultura Familiar por las Naciones Unidas, que nos mueve a ponderar la carencia de alimentos advertida por la FAO; como a meditar con los vaticinios de Isaac Asimov, formulados hace medio siglo en torno a su visita a la Feria Mundial de Nueva York (1964-1965) adelantándonos visionario, lo que sería 2014 en las comunicaciones. Suscribo sus palabras describiendo un mundo mecanizado sí, mas algo extraviado en sus más elementales valores humanos. Allí tenemos una asignatura pendiente como Humanidad.
El centenario de la I Guerra Mundial ocupa un lugar preponderante. Si alguien llamó a 1914 como el último año de la vieja Europa, porque aquella conflagración del 14 ahogó en sangre al Positivismo, a la Bella Época y trastornó afectándolo para siempre y para mal, al poderío europeo, trastocando el devenir de la cultura y la civilización europeas, imbatibles desde el siglo XV; no menos cierto fue que tras la querella, el mundo cambió de forma tal que al año 14 se lo mira cien años después, como el que apenas vio nacer al siglo XX. Quiere la Historia que 2014 sea el vigésimo quinto aniversario de otro año crucial con el que los analistas e historiadores modernos suelen sepultar esa centuria, definiéndola como un siglo chiquito. 1989 tiene tanto significado para Europa y para el mundo, justo como lo tiene 1914, así sea por razones un tanto diferentes, pero en ambos casos trascendentales y definitorias de lo subsecuente. Para mí, Europa recobró el ser una en 1989, pero con una lista de pendientes a resolver y el reto de conseguirlo esta vez, por la vía pacífica.
Siempre me gusta recordar a mis alumnos internacionalistas que algún artista dijo que Europa se acabó en 1914 y que solo hemos visto este último siglo una suerte de remedo de lo que fue, de sí misma. Naturalmente que no es una idea absoluta e incontrastable, pero Europa se merece efectuar una severa autorreflexión contando con los que están dentro y fuera de la UE, y plantearse qué ha sido esta última centuria y qué quiere ser en adelante. Se la mira desde lejos, desde ultramar, una pizca desquiciada, con recelos y algo xenófoba. Tiempo es de saber ya si hay una o varias Europas. Hele aquí el reto, y para desmentir a Kropotkin al vaticinarle eternas fronteras movibles.
Europa vio quebrado su poderío a raíz de aquellas hostilidades, denostadas por Lenin, anticipadas dicen, por san Pío X –aunque no había que elucubrar demasiado al respecto– quedando tal preponderancia, tras el conflicto armado, irrecuperable, abollada y en declive, como lo advirtieron miembros del Círculo de Viena u Ortega y Gasset en su culmen “La Rebelión de las masas”, pese a mantener Europa todavía cierta supremacía. Una guerra a la que no acudió México, entretenido en degollarse a sí mismo en plena Revolución Mexicana (1910-1920) como para ir a degollar a nadie a los campos de Europa; y no obstante de haber sido invitado a involucrarse, tironeado por ambos bandos.
Otro campo para 2014 es el centenario del nacimiento de Octavo Paz, premio nobel de literatura. El poeta y ensayista mexicano tendrá su año dedicado al completo, esperando yo que se le dimensione adecuadamente, cuando el panorama intelectual mexicano parece tan disperso y tan poco convocante. Quizás es que no hay santones. Y tal vez eso después de todo, sea benéfico, porque deambulan, conviven equitativos muchos puntos de vista. Me agrada. Dicha coincidencia empalma con el octagésimo aniversario del fundamental Fondo de Cultura Económica, editorial que tanto aporte ha dado al idioma español y el septuagésimo quinto aniversario de la agencia EFE; todo lo cual no deja de ser estupendo, justo en el año de la esperadísima nueva edición, versión 2014, del Diccionario de la Real Academia, que aguardo ya impaciente.
El año 2014 nos obliga a mirar hacia el centenario del canal de Panamá, ahora entorpecido en su ampliación. No será para exaltar la soberbia del imperialista Teodoro Roosevelt con su petulante “Yo tomé Panamá” describiendo el despojo que perpetró a Colombia; pero la importancia del canal interoceánico sigue siendo indudable y la figura de Roosevelt, muy cuestionada. Y más aún cuando China persiste en su idea de crearle un competidor por Nicaragua.
Si la iglesia Católica se apresta a canonizar a Juan Pablo II y a Juan XXIII, puede deliberar en torno al centenario de la muerte de san Pío X, el último papa canonizado en la lista, hasta ahora. Su muerte, acaecida a inicios de la I Guerra Mundial, a escasas dos semanas de iniciada la contienda, desluciendo un tanto el conclave de aquel año, con su prestigio puede inspirar reflexiones profundas, casándolas con la tarea de sus sucesores, elevados a los altares en medio del clima propiciado por Francisco. ¡Vaya convergencia de momentos!
Mientras conmemoramos el centenario de la bandera olímpica, veremos unos juegos olímpicos de invierno en Sochi, en el 90 aniversario de su instauración. Los mexicanos acogeremos la Cumbre Iberoamericana y celebraremos en noviembre los Juegos Centroamericanos y del Caribe en el puerto de Veracruz, empatando la magna ocasión que liga el ciclo deportivo ya concretado en Guadalajara 2011 con los Panamericanos, al tenor del centenario de la invasión de los Estados Unidos, perpetrada a Veracruz y Tampico en el marco de la Revolución Mexicana, en abril de 1914, hechos que correspondían claramente a esa política del Gran Garrote, tan del gusto del coloso del norte en el primer tercio del sigo XX y del que justamente México, América Central y el Caribe conocieron tantos bochornosos y abusivos episodios.
No desfallezca, amigo lector. Como puede verificar, el año que inicia apenas nos dejará un respiro entre elecciones al Parlamento europeo, rememorar a Carlomagno, el Mundial de Brasil, que tras lo visto en 2013 durante la Copa Confederaciones obliga a preguntar si estará más emocionante la cosa afuera que adentro de los estadios; y con los referendos de Escocia y Cataluña, que a ambos miro con cierta aprehensión. Y todo ello enmarcado en una economía global que apenas anticipa nada, mas que ya podemos estar ciertos de algo: no nos aburriremos. Eso es seguro. Lo constataremos. El tiempo vuela y el calendario no para. Con decirle que a 2015 ya lo veo a la vuelta de la esquina.