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La carta

lunes 06 de enero de 2014, 19:00h
El ilegítimo presidente de la Generalidad de Cataluña, (ilegítimo porque, palmariamente, se ha salido de la Constitución, que estaba obligado a guardar y hacer guardar, y de la cual provenía su propia y dilapidada legitimidad), en su desenfrenada –y ridícula- carrera hacia el desastre, ha vuelto a dar un nuevo salto mortal sin red y se ha estrellado contra el santo suelo de la evidencia. En un acto que en cualquier ordenamiento jurídico sería, sin más, calificado como alta traición y le convertiría en un vulgar fuera de la ley, ha iniciado la etapa postal de su irresponsable aventura separatista –después del apabullante fracaso de la etapa viajera- y se ha dedicado a enviar cartas a los presidentes o jefes de Gobierno de los países miembros de la Unión Europea, suplicando comprensión y ayuda. Parece que cartas más o menos similares han sido enviadas a varios miles de personas más, dentro y fuera de España.

El contenido de la misiva masiva (por sus numerosos destinatarios y por ser de Mas) es notable por la endeblez de sus argumentos, si es que se puede encontrar alguno, mínimamente sólido, en el texto, lo que pone de relieve la inconsistencia de estos “soberanistas” sin soberanía.Así como la futilidad de ese inventado y mal diseñado “derecho a decidir”, que encubre el desacreditado y gastado derecho a la autodeterminación, propio de otras épocas y otras situaciones, que nada tienen que ver con la Europa y los tiempos de hoy. (Quizás con la excepción de Kosovo. ¡Buena referencia!).

Como es habitual en el discurso y el comportamiento de los separatistas, la carta está plagada de presunciones y de flagrantes mentiras. Da por supuesto que se va a celebrar el famoso referéndum de las dos preguntas porque así lo ha decidido el Parlamento de Cataluña, pero no dice que se trata de un referéndum ilegal, porque esa Cámara no tiene competencia para hacer esa convocatoria, ni que el Gobierno de España (de toda España, incluida Cataluña) ya le ha comunicado que ese referéndum no se va a celebrar, se ponga como se ponga, precisamente por su patente ilegalidad.

Hay un párrafo en la carta que merece especial atención porque, en tres líneas, no caben más infundios, mentiras ni manipulaciones. Vale la pena reproducirlo: “Contrariamente a algunos informes, existen un número de opciones legales y constitucionales que permiten que el referéndum tenga lugar en Cataluña. Hemos identificado al menos cinco de estos métodos y yo he escrito al gobierno de España bosquejándolos”.

El firmante de la carta parece estimar que los destinatarios son tontos, ignorantes, estúpidos y que no conocen los fundamentos del derecho internacional ni del derecho europeo o que carecen de asesores que les pueden informar, con todo el detalle preciso, del Derecho constitucional español, que es la normativa básica a aplicar en este caso. Cataluña tiene autonomía, una generosa autonomía, gracias a la Constitución de 1978, mucho más amplia como en ningún otro momento de la historia. Pero la autonomía es lo que es, y en ningún caso incluye un supuesto derecho a la secesión.

Por el contrario, Cataluña no ha tenido nunca soberanía, porque históricamente no fue más que una parte de la Corona de Aragón y porque cuando, ya tardíamente, se configura el concepto moderno de nación nadie, nunca, la vio sino como un componente de la Nación española, la única que reconoce, no solo la de 1978, sino todas las constituciones que han estado vigentes en España. Y todas esas constituciones siempre han coincidido en que la soberanía nacional reside en el pueblo español en su conjunto. Y no solo las constituciones, sino la comunidad internacional, en su más amplio sentido, nunca ha visto a Cataluña sino como una región española.

Las “opciones que permiten que el referéndum tenga lugar en Cataluña”, y que no se detallan en la carta, son una patraña que no se sostiene. Salvo, claro está que el Gobierno de España se volviera loco, renunciara a competencias que le son propias y exclusivas y, para dar gusto a Mas y a sus ilegales amigos, se pusiera también fuera de la ley, incumpliendo sus patentes obligaciones constitucionales. Es decir que diera un golpe de Estado, como el que, por cierto, pretende dar Mas, pues sus planes, dada su obvia inconstitucionalidad, solo puede ser calificados de esa guisa. Tan golpista es Mas como aquel bigotudo guardia civil que en el lejano 1981 quiso obligar al Congreso a secundar sus caprichos. Aquellos golpistas acabaron escapando por las ventanas, a saber por dónde va a escapar Mas del estúpido laberinto por el que voluntariamente se ha adentrado.

En la carta, Mas afirma que el referéndum “se celebrará el 9 de noviembre de 2014”. Aparte de la desenfadada arrogancia de dar por supuesto un futurible que todo indica que no va a tener lugar, no sé muy bien por qué se ha elegido, precisamente, esa fecha en la que se conmemorará un cuarto de siglo de la caída del Muro de Berlín. Quizás quieran los separatistas asimilar aquel acontecimiento histórico –que volvió a unir a toda Europa- con su ruptura con el resto de España. Elige mal las fechas esta gente pues, por mucho que lo intenten, su diada, el 11/S, para todo el mundo es el triste aniversario de los atentados contra las Torres Gemela y contra el Pentágono. Y si el 9 de noviembre llegara a algo, siempre sería, para todo el mundo, aquella fecha que acabó con el Telón de Acero y volvió a unir a todos los pueblos de Europa. Una Europa, por cierto, de la que quedaría excluidaCataluña,si los irracionales planes de los separatistas tuvieran alguna posibilidad –que no la tienen- de hacerse realidad. Nadie se acordaría de una región española que se desenganchó voluntariamente de la doble empresa común española y europea.

Por lo que hace al derecho europeo, bastaría con que alguien le leyese a Mas el artículo 4.2 del Tratado de Lisboa: “La Unión respetará la igualdad de los Estados miembros ante los Tratados así como su identidad nacional, inherente a las estructuras fundamentales políticas y constitucionales de éstos, también en lo referente a la autonomía local y regional. Respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tienen por objeto garantizar la integridad territorial, mantener el orden público y salvaguardar la seguridad nacional…”. Se ve que los separatistas, aparte de sus propias fabulaciones, leen más bien poco.

Por cierto que, desde el punto de vista formal y lingüístico la carta –que está en inglés- es un completo desastre.Un periodista que conoce la lengua de Shakespeare mucho mejor que los amanuenses de Mas, Ramón Pérez-Maura, ha hecho una divertida crítica de la malhadada epístola, que deja muy mal al que la firma y, con él, a cuantos comparten sus desvaríos. En los gabinetes de los dirigentes europeos, la cartita en cuestión seguro que ha suscitado más de una sonrisa y no pocos comentarios jocosos.

Aquí hemos dicho, con bastante insistencia, que lo que no tiene perdón es haber engañado miserablemente a varias generaciones de catalanes con señuelos imposibles e irracionales, condenando a quienes se han creído los engaños nacionalistas a la frustración, tras sumirles en un irresponsable odio a España. Ahora parece que quieren suavizar la asquerosa patraña del “España nos roba” y hasta dicen que quieren mantener los lazos de afecto con los que hasta ayer odiaban… ¿A qué juegan? ¿Es que creen que el resto de los españoles, incluidos los catalanes que no han caído en su trampa, somos idiotas? Alguien tenía que haberle leído a Mas esta contundente frase de Churchill: “No hay peor equivocación en el liderazgo público que mantener falsas esperanzas que pronto serán barridas y desmentidas”. Demasiado para esa legión de liderillos que se han encaramado a las instituciones autonómicas catalanas.
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