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¿Qué pasará el 2014?

Alejandro San Francisco
lunes 06 de enero de 2014, 19:03h
Todos los años tienen su historia. Por ejemplo, hace exactamente un siglo comenzó enero de 1914 con una tranquilidad aparente y sin novedad. Meses después Europa estaría sumida en una gran Guerra Mundial. Es interesante constatar que en agosto de ese año un funcionario ruso del Ministerio de Asuntos Exteriores le dijo a un representante británico: “Ustedes, los militares, tendrían que estar muy satisfechos de que les hayamos preparado una guerra tan bonita”, a lo que el oficial respondió: “Mejor esperemos a ver si, después de todo, será una guerra tan bonita”. La breve conversación aparece en el epígrafe de la reciente obra de Max Hastings, 1914. El año de la catástrofe (Barcelona, Crítica, 2013). No sabían que estaba muriendo una civilización sobre la sangre de una generación de europeos mandados al matadero de Tannenberg, Marne o el Somme.

Así ocurre habitualmente, y por eso no se puede decir cuál será el suceso o personaje clave en un año determinado. Lo mismo sucedió con la guerra de 1939, con los acontecimientos en París o Praga en 1968 y, más espectacular todavía, la caída del muro de Berlín en 1989, más si consideramos que en enero de ese año el dictador de la RDA Erich Honecker proclamó ufano que “el muro de Berlín todavía existirá en 50 e incluso en 100 años”. La historia es tan veleidosa como la vida, y ese año, como en 1914, las previsiones quedaron a la vera del camino. Obviamente hay excepciones, como ocurre cuando el año comienza con una noticia espectacular, como es el caso del triunfo de la Revolución Cubana el 1° de enero de 1959.

¿Y qué decir de las grandes transformaciones económicas? Las buenas noticias, los grandes descubrimientos, no tenían un día específico de irrupción en la sociedad, como tampoco lo tuvieron los tiempos de dificultades. Si la crisis de 1929 hubiera podido preverse tal cual sucedió, resulta evidente que muchos habrían hecho lo posible por evitar la orgía de especulación y gastos, errores y abusos que condujeron a que las dificultades fueran más dolorosas y resultara más difícil salir de la crisis. Lo mismo ocurrió el 2008 con la crisis financiera, y tanto las personas como las instituciones y los gobiernos que se han visto afectados reconocen que habrían actuado de otra manera de haber sabido las implicancias de las dificultades bursátiles, hipotecarias y económicas en general.

Por lo mismo, no parece un buen ejercicio –que no sea anecdótico– tratar de predecir el futuro, hacer "historia profética" como le llama Kant en un sugerente ensayo sobre el progreso (ahora reproducido en Contestación a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?, Madrid, Taurus, 2012).

Para el caso del 2014 eso se traduciría en tratar de saber qué selección nacional ganará el Mundial de Fútbol; que sucederá con las crisis económicas que aparecen, demuelen y son superadas; la situación de la Iglesia Católica, con tres “Papas” en ocho años después de haber tenido uno solo en casi tres décadas; quiénes ganarán las elecciones en los distintos países que enfrentan comicios electorales; si caerá o no alguna dictadura en el mundo como se han ido extinguiendo casi todos esos regímenes en los últimos años, muchas veces con sangre y muerte. No podemos saber si alguna figura mundial de relevancia fallecerá en los próximos meses, qué implicancias tendrá eso si es que sucede o dónde estará el foco de las noticias internacionales. En efecto, una nueva guerra, una matanza, un golpe de Estado, una muerte, la irrupción de un personaje, todo puede contribuir a modificar el curso de los acontecimientos desde su aparente monotonía hacia una situación de inestabilidad o aceleración del tiempo histórico.

A falta de predicciones con certeza de resultado, podemos dejar un lugar a la esperanza. No a cualquiera, sino que a una que considere la acción libre de los hombres para producir determinados resultados, aunque ellos no siempre se den en la forma anhelada.

En un plano que ha mantenido la atención de los analistas internacionales y de los gobiernos europeos en los últimos años, la atención va a estar centrada en la recuperación económica, el fin de la crisis, el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Los años duros de la recesión, el desempleo extendido, la parálisis de la inversión y los recortes debieran tender a llegar a su fin, para reiniciar el camino del desarrollo y del progreso social, aunque seguramente será lento y con dificultades. España parece estar a la delantera dentro del grupo de países que ha hecho bien los deberes y que alcanza a ver la luz al final del túnel. En este ámbito la recuperación de la inversión, el empleo y la generación de riqueza asoman como requisitos sine qua non para un verdadero golpe de timón.

Un segundo aspecto que requiere particular análisis y buenas decisiones se da en el ámbito político. Lo que representó en su momento la Primavera Árabe, como movimiento de transformaciones que llevarían la democracia al Medio Oriente y el Norte de África, como una “Cuarta ola de democratización”, ha distado mucho de llevarse a efecto y de consolidarse. Esto se suma a un segundo factor, que ha puesto en entredicho las mismas bases de la democracia tal como la conocemos en Occidente, al irrumpir los grupos anti sistema que claman “por una verdadera participación”, que denuncian la democracia formal, critican las instituciones representativas y anuncian movilizaciones que procuran transformar la sociedad actual. Movimientos como los Indignados o rebeliones de sesgo anarquizante en diferentes lugares del mundo son situaciones que mantienen alertas a los gobiernos y que debieran seguir siendo factor de análisis social, aunque no sepamos realmente si tendrán alguna consecuencia práctica durante el 2014 que recién comienza. Al respecto, es necesario estar especialmente atentos a los resultados de las elecciones europeas que se realizarán en unos meses más.

En efecto, el 2014 puede ser un año tranquilo, pero no podemos estar seguros de ello. Si China o Estados Unidos se resfrían, estornuda una parte importante del mundo; si hay cambios revolucionarios en algún lugar del planeta, el efecto dominó suele acompañar a algunos países similares; si se produce la muerte impensada o esperada de algún personaje relevante, la historia puede ponerse nuevamente en marcha y modificar el curso que llevaba. A estar atentos entonces, no sólo para observar desapasionadamente lo que ocurra el 2014, sino que también para evaluar críticamente y participar activamente en la sociedad del siglo XXI.
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