De Stalingrado a Volgogrado
martes 07 de enero de 2014, 20:18h
Del verano de 1942 a enero de 1943 en plena segunda guerra mundial, se libraron varias batallas en Stalingrado, entonces parte de la Unión Soviética, y que hoy se llama Volgogrado, ciudad de Rusia.
El costo de vidas humanas entre militares y civiles fue de más de tres cuartos de millón. El ejército nazi con alemanes y austríacos iba acompañado de rumanos, italianos y de un puñado de españoles. Por otra parte, cientos de miles de soldados y oficiales soviéticos, junto con la población de Stalingrado hicieron frente a la invasión nazi.
El gran error de Hitler de no abastecer con ropa de invierno, medicamentos y alimentos, más su necedad de no dar la orden de replegarse, condenó a sus tropas de morir durante cinco meses sin recibir tampoco ayuda militar.
La derrota del mariscal von Paulus en enero de 1943 con más de noventa mil hombres, casi muertos de frío, agotamiento y hambre, le dio a Stalin el mejor pretexto ante Estados Unidos y la Gran Bretaña para llegar primero a Berlín en mayo de 1945 y luego de repartir el pastel del mundo en la conferencia de Postdam en julio de ese mismo año.
Stalin, quien ya había ganado fama de represor y matón se alzó por encima de sus detractores internos y humilló a Hitler: obligó a los sobrevivientes del ejército nazi a desfilar por las calles de Moscú para que los soviéticos pudiesen ver en directo a los invasores derrotados.
Menos de cinco mil hombres regresaron a Alemania ya entonces Federal en 1955.
Cuando Stalin fue repudiado por su sucesor Kruschev en 1956 y éste denuncio los horrores de las purgas stalinistas, la ciudad de Stalingrado cambió su nombre por Volvogrado.
Aunque Stalin aún cuenta con seguidores dentro y fuera de Rusia y Georgia (su tierra natal), su figura genocida está a la altura de Hitler: dictadores que son responsables de millones de muertes aún antes del comienzo de la segunda guerra mundial en 1939.
Alguna vez, Gorbachov dijo desde lo más alto del poder en Moscú, que la Unión Soviética había ganado la segunda guerra mundial a pesar de Stalin, en clara alusión a que el georgiano había ordenado el exterminio de muchos oficiales del ejército rojo en los años treinta del siglo pasado.
Hoy Volvogrado es la sede de los juegos olímpicos de invierno y es amenazada por el terrorismo. El presidente ruso Putin ha externado su preocupación al respecto y ha garantizado que los juegos olímpicos se desarrollaran con seguridad y paz. Es muy probable que los servicios de inteligencia rusos trabajan las 24 horas del día para prevenir más actos terroristas y además investigar a fondo quiénes estuvieron detrás de las bombas que explotaron en recientes días.
El espíritu de Múnich 1972 está presente, hay nerviosismo y por supuesto la inmensa mayoría no desea que se repitan los sucesos de la capital bávara cuando un grupo de terroristas palestinos secuestró y mató a once deportistas de Israel.
Los que creemos en la paz y la justicia, deseamos que los juegos olímpicos de invierno en Volgogrado se realicen en un contexto de seguridad, respeto y alegría. Así sea.
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Profesor de Derecho
Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
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