Tentudía, en tierras de frontera
viernes 09 de mayo de 2008, 21:59h
Tentudía da nombre a una comarca, a una sierra, a un monasterio y a un vino. La comarca está a los pies de la sierra, en la sierra se levanta un pico, en el pico se asienta un monasterio y el vino hace honor a la virgen que desde el siglo XIII da nombre a una extensa región de notable personalidad situada al sur de Badajoz, lindante con las tierras andaluzas de Huelva y Sevilla y la región portuguesa del Alentejo.
Son tierras de conquista, tierras de frontera. En los tiempos actuales, la frontera es doméstica: Portugal al oeste, Andalucía al sur. En el lejano tiempo de la Reconquista la frontera marcaba la distancia entre Castilla y los Reinos de Taifas. Tierras en continuo conflicto, en permanente batalla, cuya entidad histórica se establece cuando a `partir del siglo XIII fueron escenario de encarnizadas luchas por la conquista de Sevilla. Las poblaciones fueron fundadas o pasaron a manos de las Órdenes Militares que, en apoyo a los reyes cristianos, contribuyeron de manera notable a la derrota de los musulmanes.
Cuenta la leyenda que en la Sierra de Tudía se enfrentaron moros y cristianos en la que iba a ser la última batalla contra los Almohades antes de poner fin a la presencia de estos en Extremadura. En esta feroz lucha, al ver que la noche se echaba encima y la batalla se alargaba, el Maestre de la Orden de Santiago Don Pelayo Pérez Correa rogó a la Virgen: “Santa María detén tu día”, y la Virgen atendiendo a la plegaría detuvo por unas horas el Sol, ganando así la batalla los cristianos. Y añadiendo un nombre más a la toponimia nacional. En agradecimiento, Don Pelay mandó construir una ermita en la cima de la montaña que tras diversas vicisitudes históricas se convertiría en el Monasterio de Nuestra Señora de Tentudía.
Las de Tentudía son tierras que se asientan a derecha e izquierda de la A-66, o autovía de la Plata, entre Mérida y Sevilla. Son nueve los municipios que integran la comarca: Calera de León, Segura de León, Cabeza La Vaca, Montemolín, Bienvenida, Fuentes de León, Monesterio, Medina de las Torres, Bodonal de la Sierra y Fuente de Cantos, la capital comarcal y cuna del genial pintor Francisco de Zurbarán. Pueblos de hermosos y sonoros nombres que no pueden negar su origen en la repoblación tras la reconquista, ni su vinculación a la Orden Militar de Santiago y al Priorato de San Marcos de León.
Algunos de los pueblos se asientan en la campiña cerealista pacense, otros en la sierra donde predominan las dehesas con gran presencia de encinas sobre todo y alcornoques. Dehesas de gran belleza y hábitat de crianza del cerdo ibérico, tan unido a la economía tradicional de la zona. En cada uno de los pueblos, blancos, de arquitectura de influencia andaluza y alentejana, hay importantes vestigios históricos y artísticos. La situación de frontera y la larga guerra entre moros y cristianos queda patente en los Castillos árabes en Montemolin y Fuentes de León y en la magnífica fortaleza medieval en Segura de León, El patrimonio religioso es el que mayor presencia tiene en la comarca y en el que se observa las influencias de los estilos mudéjar, renacentista y barroco. Destacan varias iglesias parroquiales como las de Bienvenida o la de Fuente de Cantos. Entre los conventos sobresale el Conventual de los Caballeros de Santiago de Calera de León, construcción de estilo gótico y renacentista, realizada en piedra granítica y mampostería a finales del siglo XV, con un claustro de doble planta y una magnífica iglesia.
Pero sin duda el monumento más significativo por razones históricas, artísticas y sociales es el monasterio de Nuestra Señora de Tentudía. Pertenece administrativamente al municipio de Calera de León y está enclavado en el pico más alto de la provincia de Badajoz a 1104 metros de altura. A Calera se accede desde Monesterio o Fuente de Cantos. Tras dejar la A-66, el camino, que atraviesa el pantano de Tentudia, va cambiando de formas y colores, Poco a poco empieza a dejar de ser llano e inicia el ascenso. El paisaje evoluciona con suavidad. La campiña cerealista, verde en primavera, parda y árida en verano, va dejando paso al olivo y el olivo a la dehesa. Al poco aparece Calera con su caserío blanco y el imponente convento santiaguista en la plaza.
Desde Calera hay 7 kilómetros hasta el monasterio. Una carretera de montaña nos lleva hasta la cima de Tentudía. El camino es áspero, curvado, empinado, difícil. Asciende sin parar y la subida permite disfrutar de una naturaleza generosa en vegetación y fauna de indudables valores ecológicos. Gradualmente, la dehesa va abriendo paso a bosques de pinos y quejigos. De pronto, tras una cerrada curva, en la soledad de un agreste paraje nos encontramos con el monasterio.
Tras la sorpresa de encontrarse en un lugar tan solitario y ante un monasterio que más bien parece una fortaleza, lo que de verdad impresiona es la espectacular y excepcional panorámica que circunda a Tentudia. La sierra se encuadra en las estribaciones de Sierra Morena y en sus cercanías se divisa un vasto horizonte con las crestas del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Impacta la conjunción del majestuoso paisaje montañoso con una soledad y un silencio apabullantes. Impresiona un hermoso paisaje de sierras y colinas matizadas en verde y la bruma que en numerosas ocasiones se desparrama por los valles. El clima de influencia atlántica alienta el crecimiento de masas boscosas de pinos y castaños. En algún momento se tiene la impresión de encontrarse en otras regiones más septentrionales de Europa. El paisaje es más propio de los Pirineos que de zona tan meridional. La niebla cubre con frecuencia tan magnífico espectáculo visual, pero en los días claros y luminosos se perfila en lontananza la costa onubense.
En este contexto y como un vigía natural de paraje de tanta belleza, permanece el monasterio, centro de devoción mariana para las gentes de la zona, anclado en sus siete siglos de existencia. Aquel pequeño eremitorio que fundara el Maestre Pelay en el siglo XIII fue erigido en monasterio en 1514. Su fábrica ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de los siglos y restauraciones más o menos venturosas. Pese a todo, la visita a Santa María de Tentudía sigue siendo interesante. La Iglesia, de una sola nave y dos capillas laterales, posee un precioso claustro mudéjar con dos pisos de arquerías de ladrillo que es un valioso ejemplar en su género. Pero lo más importante del monasterio es el retablo mayor, realizado en 1518 por el famoso artista italiano asentado en Sevilla Niculaso Pisano, considerado una de las obras cumbres de la cerámica española. Preside el altar una imagen de la Virgen de Tentudía del siglo XVIII y el Maestre Pelay está sepultado en un sepulcro también decorado con azulejos.
Una vez terminada la visita a tan espectacular paisaje es necesario volver a la realidad. Tras tan belleza, no es fácil hablar de cosas más prosaicas, pero hay que recordar a quien decida conocer la comarca de Tentudía que en la misma se preparan los mejores productos del cerdo ibérico. Otro atractivo más para llegarse hasta allí, al que añadir un buen caldo extremeño, se llame o no Monasterio de Tentudía.
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Periodista
Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
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