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siglas por encima de electores representados o conciencia

La española 'disciplina de voto' que horroriza en EEUU, Reino Unido o Alemania

viernes 10 de enero de 2014, 12:59h
Fuera de nuestras fronteras, a las democracias avanzadas les costaría entender el tan habitual en España concepto de 'disciplina de voto'. En Estados Unidos, Reino Unido, Alemania o Bruselas, en el Parlamento Europeo, un diputado representa a sus electores. Su grupo marcará una línea, pero la determinación será tomada en conciencia y en ningún caso este dirigente será sancionado por discrepar. Así, el resultado de los sufragios es imprevisible, al contrario que en nuestro Congreso de los Diputados, donde puede afirmarse de antemano si un decreto será o no respaldado por una mayoría y hasta el número exacto, o al menos muy aproximado, de apoyos, de detractores y de abstenciones.
La controversia de la 'disciplina de voto' regresa de la mano de la reforma del aborto, para la que Celia Villalobos ha pedido apartar la obligada fidelidad a las siglas. Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en el Parlamento de Cataluña. El PSC dejó a sus miembros que votaran lo que consideraran oportuno en relación con la prohibición de las corridas de toros en esta autonomía. También el PSC, esta vez en Madrid, en la Carrera de San Jerónimo, protagonizó otro caso reciententemente, aunque con distinto desarrollo y resultado. El derecho a decidir dividió al Grupo Socialista y los díscolos acabaron expedientados.

Peor suerte, 600 euros, concretamente, tuvo Antonio Gutiérrez, de estas mismas filas y quien se negó a respaldar la reforma laboral de José Luis Rodríguez Zapatero. Las del Partido Popular son de 300. Pero el mayor temor de los partidarios no es económico, sino práctico. Los 'versos sueltos', otro término muy local, suelen quedar fuera de las listas o de sus primeros puestos en los siguientes comicios. Tal y como está configurado el funcionamiento de los partidos dentro de las Cortes, a estos no les resulta cómodo contar con componentes que pueden poner en riesgo iniciativas propias o en alza las ajenas.

Impensable aquí una reproducción del calvario de Barack Obama para lograr uno a uno el sí de los suyos para la luz verde a la reforma sanitaria. O la cara de David Cameron cuando un nutrido grupo de compañeros se reveló contrario al matrimonio homosexual. Salvo en las raras excepciones, algunas ya mencionadas, bastaría con un muy reducido número de parlamentarios en nuestras cámaras, dado que todos y cada uno imitan fielmente el mandato del portavoz. Mejor dicho, de su mano: un dedo significa "a favor"; dos, "no"; tres, "abstención". Salirse del guión, reprimenda, expediente o multa y, como ya se ha señalado, quedarse fuera del hemiciclo o con muy pocas opciones de ello la próxima ocasión. La tercera vía es ausentarse en el momento de la votación, no poco común y menos "mediático" ya que puede excusarse de muy distintas formas.

Alemania prohíbe en su Carta Magna toda represalia, al interpretar que de otra forma se lesiona gravemente la democracia, que ampara la discrepancia y confrontación de ideas. El elector por encima de las siglas, la conciencia por delante de un dedo, dos o tres. Habrá que esperar para conocer si, al menos en materia de aborto, que ocupa ahora a la política española, se levanta la mano con esta restricción y se abre a Europa y Norteamérica. Que se haga de una forma general no depende tanto de la Constitución como de la voluntad de los partidos, que habrían de arriesgarse a considerar libres a sus colegas de escaño. ¿Están dispuestos?
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