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Egipto vuelve a las urnas

sábado 18 de enero de 2014, 00:32h
No resulta baladí el hecho de que se haya celebrado en Egipto un referéndum para votar una nueva Constitución. El país de los faraones ha vivido últimamente una de las etapas más conflictivas de su historia, con una nación al borde de la guerra civil. La caída de Mubarat pareció abrir un camino de esperanza hacia la posibilidad de que en el país del Nilo se asentara un régimen democrático moderno que diera respuesta a las demandas ciudadanas de libertad y progreso. Se tuvo la impresión de que las elecciones presidenciales confirmaron ese camino, pese a que el ganador tendría que enfrentarse a numerosos desafíos en una situación de empobrecimiento tras la larga la dictadura de Mubarat, con una altísima tasa de paro y una parece que sempiterna lucha entre el ideario teocrático de los islamistas, defendido fanáticamente, y posiciones laicas que contemplaban con lógicos recelos la posible implantación de la Sharia.

El ganador de los comicios, Mohamed Morsi, no estuvo a la altura de los tiempos y de sus exigencias. El líder de los Hermanos Musulmanes se enquistó pronto en una postura faraónica de tendencias autoritarias y claramente favorecedoras de la yihad, sin plantearse gobernar para todos los egipcios y no solo para sus correligionarios. Esa postura le costó un golpe de Estado que, aunque resulte injustificable, revistió unas singulares características. No obstante, Egipto entró en una deriva de radicalización, en algunos momentos sangrienta, entre los partidarios de Morsi y los militares que se habían hecho con el poder. Los militares prometieron que su intención era propiciar una transición hacia la democracia. Ahora han auspiciado una nueva Carta Magna y la han llevado a referéndum, obteniendo un mayoritario respaldo en las urnas, y han reiterado su intención de que próximamente se celebren elecciones presidenciales. Bien es cierto que los militares han llevado a las urnas una Constitución que refuerza su poder, tras debilitar a los islamistas, cuyo partido de los Hermanos Musulmanes fue ilegalizado sin contemplaciones. Pero también lo es que se apoya en una concepción no teocrática y de carácter más laico que la anterior.

El referéndum y la Constitución votada no dejan de abrir una nueva etapa de mayor estabilidad, imprescindible para el progreso, y no hay que dejar de valorar esta vuelta a las urnas. Aunque, si no se establecen otros elementos, existen serias deficiencias, que deberían y podrían ser subsanadas, y esperemos que sea así, para que pueda hablarse de una verdadera democracia en su sentido pleno. El país de los faraones no ha salido completamente de una situación de gran complejidad en la que parece que los egipcios estén condenados a una disyuntiva laberíntica y endiablada -de muy difícil conjunción-, que viene tristemente a demostrar que la tan cacareada primavera árabe tenía mucho más de sueño voluntarista que de realidad.
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