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El misterio de la desaparición de Rubalcaba

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
sábado 18 de enero de 2014, 12:34h
Es, en verdad, una pena que uno de los más expertos, más equilibrados, más inteligentes, más brillantes y más sensatos de los líderes españoles, uno de los principales gestores de la Transición, de los políticos históricos de la democracia, ande intentando salir con infinita torpeza del pozo en el que se ha metido él solito. Rubalcaba, además de ser un tipo simpático, encantador, dicharachero; de haber luchado siempre por el consenso, por los pactos, por las alianzas. De pronto, se ha convertido en un fantasma. Es un ente desaparecido, fantasmagórico. Ahora manda a la pobre Valenciano a dar la cara, porque a él ya no le queda cara, ni dura, ni blanda. Aunque este sábado se ha atrevido a dar una soflama para acallar a sus críticos.

Se ha reunido con el Comité Federal para preparar el calendario de las primarias: un camino lleno de trampas y obstáculos que el todavía astuto Rubalcaba se ha ocupado de colocar. De momento, su primer truco consiste en retrasar los nombramientos de candidatos, lo que él llama el desfile, nada menos que hasta noviembre. Así gana tiempo. Un tiempo que, a buen seguro, aprovechará para laminar a sus adversarios. Lo que parece no calibrar es que sus adversarios ya le están laminando a él. La batalla no ha hecho más que empezar. Y, para eso, convoca al Comité Federal. Para que todo siga igual de obtuso e incierto. De chota.

Pero decir, salvo los insultos habituales al Gobierno, ni palabra. Ni una propuesta, ni una idea, ni un atisbo de programa. Solo propugna derribar todo lo que ha construido el Gobierno de Rajoy. Y de ahí, que no le saquen. Habla para las paredes. Anda como desaparecido de la realidad que le rodea.

No ha digerido el rapapolvo que sufrió en las últimas elecciones generales. Y, en lugar de asumirlo y aceptarlo, ha intentado aniquilar a la oposición con argumentos soeces y peregrinos. Con burdos insultos. Lleva meses en que su único discurso es la “tropelía”, la “infamia” de la reforma del aborto aprobada por el Gobierno y ya ha advertido, también otra vez, que derogará la reforma laboral. ¿Quién? ¿Él? Para eso, tendrá que presidir el Gobierno, cosa harto difícil, por no decir imposible. Y erre que erre. No tiene otro argumento. Debe de imaginar que así conseguirá votos de los más radicales abortistas y de los sindicatos, que andan atrapados por los ERES y demás trapisondas. Pero de los grandes asuntos de Estado no ha dicho ni una palabra. ¿Qué va a decir?

En Cataluña, en su todavía partido, al que le quedan dos días para separarse del PSOE, se le ha rebelado hasta el potito y no ha sabido hacer frente a la crisis. Cataluña ha aprobado en su Parlamento una consulta secesionista y anticonstitucional. Ni palabra. En Andalucía, el escándalo de las subvenciones de la Junta a UGT y compañía las ha obviado; de las algaradas del País Vasco no ha dicho esta boca es mía. Y ahí siguen Griñán, Chaves y el incalificable Cándido Méndez, tan pichis, trincando, atiborrándose de marisco pero, eso sí “defendiendo a los desfavorecidos”. Pero de los dineros pillados por la cara, ni palabra. Serían para los desfavorecidos…

En el PSOE resulta un clamor que Rubalcaba no se presente a las primarias, pues ya no se fía de él ni su mujer. El dicharachero se ha vuelto mudo. La verdad es que lo tiene crudo. Se aferra al poder como gato panza arriba. Pero él, pese a su inteligencia política, no parece ser consciente de que tiene los días contados. En unas primarias, no gana ni en noviembre de 2020, ni con trampas, ni zarandajas. Ya no le aguanta ni Zerolo, que lo aguanta todo.

Pero él sigue intentándolo. Tiene la pretensión de presentarse de candidato del PSOE a las próximas elecciones generales. Y en el PP se frotan las manos de satisfacción. Saben que con Rubalcaba al frente le gana hasta el bedel del PP. Pero él no ceja en el empeño. Ahora urde unas primarias que le sean favorables. Maniobras orquestales. Retrasos, palabrería. Se mueve como una fiera, promete el oro y el moro. Pero ya no engaña a nadie. Es un cadáver político.

Su mejor colofón consistiría en dejar paso a un nuevo candidato con futuro y sin relación con el triste pasado y presente del partido (Elena Valenciano, no, por favor) y retirarse a escribir unas memorias. Pues si cuenta todo lo que sabe pueden ser, más que sabrosas, apocalípticas. Las de Zapatero, González o Aznar serían una broma si el secretario general del PSOE contara lo que sabe, lo que ha visto, lo que ha vivido. Eso no lo hará. Sabe que se juega hasta la vida.

Pero, de momento, anda desaparecido de la batalla política. ¿Dónde está? Quizás en la hamaca de Zapatero, que es amplia y cómoda. Y la pobre Valenciano dando ruedas de prensa con la brillantez y agudeza que le caracterizan. Por lo que dice y por cómo lo dice. La última genialidad ha consistido en asegurar que el PSC no es el PSOE ¡Qué torpeza!

Rubalcaba tiene que dar la cara y despedirse a lo grande. Se lo merece. Pero que se aleje de la hamaca de Zapatero. No es buena compañía. Y la hamaca ya está desgastada de tanto descanso y de tanto balanceo.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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