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Datos de la EPA ¿Buenas noticias?

jueves 23 de enero de 2014, 23:59h
Según a quién se pregunte, los datos de la última Encuesta de Población Activa -EPA- son positivos o negativos. El Gobierno prefiere quedarse con la cifra de 69.000 parados menos que en último trimestre de 2012; cifra que, por sí sola, invitaría a un cierto optimismo. Sin embargo, el pasado año acabó con 5.896.300 personas en la cola del paro, número tan escandaloso como inasumible. El problema es aún más grave si se ponen en valor otros datos anejos. El 1 de julio de 2013, había en España 46,6 millones de habitantes. Con una población activa de 22,7 millones de personas, sólo 16,8 trabajaban, por 5,9 desempleados. Esto es tanto como decir que cada español que produce mantiene a dos “improductivos: a medio plazo, una situación insostenible. Con todo, la tendencia es positiva: el paro flexiona a la baja y aparece una incipiente creación de empleo neto, raquítica todavía, pero indicativa de un cambio positivo de tendencia. Un rayo de esperanza para persistir en las reformas, que no un signo para la autocomplacencia.

Además, el paro juvenil supera el 55 por ciento, lo que hace que muchos jóvenes tengan que emigrar ante la imposibilidad de encontrar un puesto de trabajo aquí. Muchos, de hecho, se han cansado de buscar trabajo y ya no figuran en las listas de desempleo. Hay, además, puestos amortizados o destruidos -198.000 empleos menos-, lo que implica la paradoja de que descienda el paro y que a su vez haya menos trabajo.

Con este prisma resulta aún mucho más grosero que temas como la corrupción -si cabe, aún más sangrante con casi 6 millones de desempleados- o el órdago secesionista en Cataluña focalicen el debate político. En cuanto a lo primero, resulta comprensible que la ciudadanía vea más a la clase política como problema y no como solución, habida cuenta del montón de personajes sin escrúpulos que se amparan tras unas siglas para lucrarse a costa del dinero público. Por lo que respecta al soberanismo de los nacionalistas catalanes -PSC incluido-, Artur Mas y compañía deberían calibrar la verdadera magnitud del problema del paro. Un problema que afecta también a su comunidad autónoma, unido a las dificultades económicas por las que atraviesa Cataluña. Esa y no otra debería ser la prioridad de toda la clase política. Urge, pues, un gran pacto por el empleo entre todos, aparcando aventuras soberanistas y dejando que caiga todo el peso de la ley contra los corruptos, sean cuales fueren sus siglas.
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