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"La canallesca" encanallada

domingo 26 de enero de 2014, 18:49h
Lo dijo un tal Viruta: "cartel en la esquina olla en la cocina" (José Luis Lozano, acuña). Esa es la esencia que todavía perdura en la tauromaquia del siglo XXI.
Esta es la oferta: seis toros, tres toreros. Por supuesto de acreditada ganadería y para las tres figuras del momento. A una media de 40 euros boleto.

Por todo reclamo: carteles por las esquinas, algunos breves (poco más que un anuncio por palabras) en la prensa local -de vez en vez, las grandes ferias, una página, media o un faldón-; alguna cuña perdida en la emisora lugareña y "echar de comer" a los medios especializados. Punto; o casi. Al "cartel en la esquina" no le salen las cuentas a priori, pero la reiteración de la fórmula por los siglos de los siglos colige que "la olla en la cocina" no es una falacia. ¿Ingeniería financiera?, ¿habilidad?, ¿¡vámonos que nos vamos!? Y todo a lo IKEA: la república independiente de cada uno.
Sin órgano colegiado vertebrador que planifique una estrategia común que ponga en valor LOS TOROS.

Luego el espectáculo puede ser mejor o peor, más entretenido o aburrido, y siempre caro para el consumidor.

No puede ser de otra forma si tenemos en cuenta que los únicos ingresos con los que se cuentan son los pagos por taquilla, la renta de bares y almohadillas (cada vez menos rentable para el subarrendatario; la gente, cada vez más, ya va de casi con su cojín de diseño en propiedad y el kit de intendencia casi completo), y algún atípico vía exponsor, low cost, al que se le mendiga, exclusivamente, para cubrir los gastos de cartelería y billetaje; no vayamos a exprimirle en acciones de mayor calado con los medios no sea nos quedemos sin cliente, ni las sisas cutres que deja el capítulo imprenta.

Ante este panorama - lo estamos percibiendo nítido en los últimos tiempos- por toda solución la endogamia, la foto tribal: la guerra de guerrillas domésticas y el camuflaje del silencio mediante comunicados ad hoc. Ya, ni siquiera, como cualquier rueda de prensa, sin preguntas, de un político o un presidente de fútbol, cuestionados; menos una entrevista, ¡coño!, aunque sea pactada.

Se desprecia la comunicación en cuanto no destila propaganda, apología ¡que bonito soy, que culito tengo!

Sin interés muto de los grandes medios generalistas (solo les obsesiona la tele pública), el deterioro hasta la mediocridad de los escasos espacios monográficos es creciente, cuando no su testimonialidad nostálgica, su agonía, muerte lenta, desaparición.

La actitud del sector- sálvese el que pueda, toda generalización acarrea injusticias-, déspota, negligente, con intenciones pesebriles, no favorece la puesta en valor de los excelentes profesionales, que los hay, de la comunicación taurina ante sus medios, sus ejecutivos y directivos, para conseguir una mayor y más importante presencia. Antes, al contrario. Se provoca el intrusismo, la atomización, las escaramuzas larvadas entre la “elite” (o menos “élite”), las banderías. Si ellos son "el ejército de Pancho Villa", propician una prensa de milicianos, frentepopulistas; “división azul”.

Se refugian en las redes sociales, en "jefes de prensa" como cortafuegos de la información que interesa al consumidor (excelentes profesionales muchos, pero que “tienen que comer” ante el temor del usar y tirar a las primeras de cambio como moneda de curso legal) y argumentan una falaz regeneración generacional por la fácil domesticación de la ternura. ¡Ellos!, todos -sálvese el que pueda, repito-, que llevan una vida -más larga, más corta, según el gremio del sector- en esto.

El ninguneo y desprecio es general, a todo y a todos.

En estos días se está celebrando el III Foro Mundial de la Cultura Taurina en Isla Terceira (Azores, Portugal) donde por tercer año se están exponiendo desde todos los ángulos que confluyen en La Fiesta temas y pensamientos de calado.

Todo en positivo: la importancia en el ecosistema de la ganadería de bravo y el excelente trabajo, inasequible al desaliento, contumaz, de Juan Medina que da pelos y señales de la importante repercusión que en el crecimiento económico y aporte de recursos a las diferentes administraciones tienen LOS TOROS.

Se están dando claves, discursos eficaces, argumentos rotundos para combatir las mentiras argumentales de los organizados lobbies anti taurinos.

¿La cúpula del sector echa cuentas a este Foro? ¡Claro que no!, como lo organizan portugueses…

¿Es que la contundencia de los estudios de repercusión económica de Juan Medina no merecían haber sido parte de la exposición en el congreso para defender la ILP? o ¿propiciar una conferencia en el Club Siglo XXI arropado por dicha cabeza de los diferentes escalafones?

Más. En estos días C.R.V. ha detallado con sencillez -simplificando para su comprensión un trabajo ingente, y posiblemente con muchas trabas a la hora de conseguir información- cuantos euros quedan para los actores del espectáculo por cada boleto de 100 euros.

Elocuente el dato: 38 euros para pagar toros, toreros y beneficio empresarial que además tiene que mantener una estructura todo el año.

Es decir, que a una media, ya de por sí poco asequible, de 40 euros boleto con 15,2 tienes que montar la base de la corrida. Para una plaza de 5.000 localidades dispones de 76.000 euros y pocos más recursos.

¿Alguien se ha inmutado ante lo palpable de su inviabilidad? ¿Alguno ha tomado nota?...me temo que no: “cartel en la esquina, olla en la cocina”.
Un sueño hecho realidad: el canal taurino temático H24.

Una apuesta denodada, personal, de Manolo Molés.

Se presentó el 8 de marzo de 2011. A penas un año para empezar a poner palos en las ruedas con lo del G-10, ASM (un fracaso no confesado suficientemente) y empezar una operación de acoso y derribo a su impulsor, gestor, alma páter. ¿Es que no era para agradecérselo?

Otro. La llegada, como fichaje futbolístico -por algo sería, digo yo- de Vicente Zabala a El Mundo desde ABC.

La potenciación de la información taurina en el diario de mayor penetración que se ocupa de La Fiesta es constatable desde su desembarco.

¿Es lícito que por una reyerta se esté pidiendo por parte de menesterosos y envidiosos su cese al director del medio? ¿Quien le ha protegido del sector para que la importante presencia durante todo el año de la información taurina en tan expansivo diario no se deteriore o desaparezca teniendo en cuenta que tal sección existe, o al menos es como es, porque dicho director es el que quiere y fichó a Vicente? ¿Estamos tontos o qué?

Por cierto. Para cubrir ABC la sensible baja de Zabala se contrató a Andrés Amorós. ¿El sector, que tanto apela a su condición cultural, ¿ha valorado su condición de, además, miembro de la R.A.E? Más bien al contrario, en voz baja y a espaldas, como es uso marca de la casa. ¿Se estima, de verdad, el esfuerzo de una mujer, Patricia Navarro, al frente de la sección de La Razón?

¿Quien se molesta, amén de Pío García Escudero, de hacer llegar a las alturas de TVE algo más que una retransmisión puntual de un festejo y sí expandir y mejorar en ubicación la excelente labor del equipo de Federico Arnás en Tendido Cero?

¿Es justo que los portales clásicos y las publicaciones tradicionales (6 Toros 6, Aplausos) tengan que sobrevivir sin mayor reconocimiento a los servicios prestados, que son muchos, que la cartera de clientes o irse a “hacer las américas” en busca de inversión?

Nadie piense que esta reflexión es producto del corporativismo, que por otra parte ya se encarga el sector que no lo haya. Incluso a estas alturas no se, de mis colegas, con quien me llevo bien, mal o regular; o ellos conmigo.

Tampoco es resentimiento. Soy un hombre feliz con mi inclusión en el equipo de Herrera y poder difundir noticias taurinas a una audiencia heterogénea de más de 2.000.000 millones de oyentes.

También es verdad, que, como a mis compañeros, nadie "del toro" valora el conseguir la inmersión en tal espacio de Onda Cero ni su desarrollo día a día: el espacio fijo, las crónicas diarias de muchas ferias de 1ª y 2ª, desde el 15 julio al 15 septiembre a diario, etc.
Todo, claro, hasta que el "jefe" se canse o perciba que, aun queriéndome mucho y valorando mi intervención, constate que el esfuerzo no es correspondido, en interés, por el mundo del toro, al menos hacia él. Y el día, que por desidia sectorial, insidias, etc. desaparezca el hombre en el que se confía, más tarde o temprano desaparece la sección; ¡ojo al dato!

Pasó, con 4 años de agonía, con El Albero de la Cope por denunciar las maniobras fraudulentas de la Comunidad de Madrid en la concesión de Las Ventas, nada menos, al ladrillero de turno.
La defensa numantina del sector no tuvo reciprocidad para salvar mi cabeza ni, a la corta, el programa.
Tres meses después de mutar La Divisa de Intereconomía, los toros se quedaron sin programa.

Las conexiones en boletines informativos (Cope), en directo, del desarrollo de las corridas de grandes ferias pasaron a la historia por inanición, sin que nadie moviera un músculo.

Igual con las crónicas y reportajes entre el 98-00 en los telediarios de Tele5, como los dos años de crónicas en El Gato al Agua (cuando estaba en pleno apogeo).

Esta columna, que no falta un solo domingo desde hace 4 años, en medio generalista, se mantiene por voluntad de un presidente taurino sensible como L. M. Ansón, que, curtido, no espera ningún parabién taurino.

Me consta que el resto de periodistas tiene también su historia. Y que muchos tienen proyectos e ideas válidas para elevar a categoría de información general - normalizar- el gueto, el reducto marginal que hoy es la información taurina: su promoción y su difusión.

Y todos topan con la misma piedra: ¿a quién se lo exponen? ¿Quién es el interlocutor válido, comisionado, por todos los estamentos, para escuchar, analizar y en su caso convencer de sus bondades a directores y ejecutivos de grandes medios que no sean TVE y exclusivamente la retransmisión de 1 corrida de toros por temporada?

Por ello, antes que crítica, esperanza. Dentro del escepticismo, esperanza en que los cambios de estrategia de tres figuras del toreo -a los que idolatro en el ruedo pero no les bailo el agua en otras acciones civiles- pueden ser un revulsivo en una de las patas más deficitarias en las que se sustentaría la viabilidad de futuro de este espectáculo: la comunicación.

Que Manzanares haya cedido su comunicación a la poderosa productora Globomedia y que Morante y Juli vayan a dar un giro a sus temporadas en materia taurina y en forma de “venta de evento” con promoción propia y esponsorización, puede significar que la altura de miras de los detentores en dichos derechos obliguen a un cambio de actitud (referente a los medios) de estas tres figuras y sea el espejo en que poder mirarse todo “el toreo” y ver que es posible.

Y aunque siempre seremos "la canallesca", por favor, que no nos encanallen más.

Pedro J. Cáceres

Crítico taurino y Periodista

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