Argentina, el peso de la inflación y el subdesarrollo como destino
lunes 27 de enero de 2014, 08:21h
Argentina vuelve a ser el alias de la crisis. Una crisis económica que es también política e ideológica. Desde el punto de vista de la economía, que es lo más inmediato, Argentina ha vuelto a reencontrarse con la depreciación de su moneda; un desplome que, en comparación con el dólar, ha sido del 56 por ciento en el último año, a lo que hay que sumar un nuevo 18,6 por ciento del pasado ‘jueves negro’.
Hay un negro aliado secular de la política, que es la inflación. Como los fármacos que se utilizan para la eutanasia, la inflación atenúa el dolor y acelera la muerte. A diferencia de éstos, lo que provoca la inflación es menos letal, ya que consiste en un caos y la desintegración del sistema económico, y el dolor que evita en las primeras horas, se multiplica. El tránsito habitual, desde la Roma clásica a la Argentina de hoy, pasando por el medievo y el pasado siglo, va de los gastos inasumibles del Gobierno al fraude de la moneda, y de ahí a la pérdida de su valor, el fin de su función económica, la desorganización del sistema, y el fin de la cooperación económica.
Los Kirchner han transitado ese camino en un tiempo récord. La respuesta de los argentinos a la política inflacionista del gobierno ha sido por un lado ajustar los precios, y por otro huir hacia una moneda que mantiene sus funciones de tal, como es el dólar. El Gobierno ha intentado frenar esa huida hacia el peso con controles de cambios, de compras en el exterior, y de capitales. Pero hace décadas que ese tipo de controles no son efectivos. Y la realidad, una vez más, ha acabado por imponerse. El gobierno rioplatense la ha asumido, acercando el cambio oficial (que estaba en 8 pesos por dólar) al real (de 13 pesos por dólar), aunque sin llegar a igualarlos. Esto es lo que hemos visto estos días.
Los inversores en activos valorados en pesos ven cómo el valor de sus activos se desploma. Y en previsión de que sus pérdidas se acaben esfumando por completo, retiran a toda prisa el capital. Argentina se reencuentra con su destino, de caos económico. Es su destino, porque es la consecuencia lógica de la forma de pensar mayoritaria en aquél país; una ideología política que encumbra como líderes absolutos e inmarcesibles a un matrimonio que ha multiplicado su riqueza personal mientras empobrece al país en nombre de la justicia social. La salida de esta situación pasa por una gran renuncia por parte de aquélla sociedad: la renuncia a las ideas que han convertido a este país, otrora esplendoroso por su riqueza natural y de capital humano, en un ejemplo de subdesarrollo ideológico y, al final, económico.