¿Ha meditado sobre todo lo que ha conseguido hasta ahora?Hay veces que me tengo que pellizcar para darme cuenta de que todo esto no es un sueño. Toda mi vida he querido hacer esto, no conozco otra cosa, pero tocar el cielo con los dedos, ¡no lo imaginé ni en mis mejores sueños!
La vida, a veces, es justa...He luchado mucho, eso es verdad, pero el factor suerte es, a veces, muy importante. En mi vida ha sido definitivo el azar, el decir que sí en el momento oportuno y renunciar a algunas cosas.
¿Merece la pena quedarse con “asignaturas pendientes”?Es una elección...y no hay que buscar reproches si las cosas no salen bien. Yo creo que he vivido lo que he querido. He sido un niño feliz con todos mis derechos. Los pasillos de los hoteles eran mi patio de colegio y, entre actuación y actuación, estudiaba como el resto de los niños. En lugar de hacerlo en la escuela lo hacía con profesores particulares, que viajaban conmigo. En ese sentido no renuncié a nada...aunque sí me perdí algunas cosas, pero no me ha marcado para nada no haberlas hecho.
Cuántas veces, a pesar del éxito, se ha preguntado: ¿Qué hago yo metido en todo este lío?¡Más de las que imaginas! Siempre me encuentro con la misma respuesta. Es el camino que he elegido, por lo que he luchado desde crío. Siempre me avisaron de que esto era muy difícil, casi imposible de lograr. Tal vez por eso me siento un privilegiado.
Sin olvidar las raíces, supongo...Nunca he perdido la referencia de mi orígen, tengo muy presente de dónde vengo. Eso me ha permitido tener los pies bien asentados en la tierra, sin creerme nadie superior. Mi entorno familiar nada tenía que ver con esto, por eso todo ha sido más complicado para mí. He llegado al lugar que hoy ocupo para demostrar que sí se puede.
¿Fue una demostración para la galería o para usted mismo?Un compendio de todo. Al lograrlo me esforcé en mi idea de niño. Si uno quiere hacer algo, lucha y se esfuerza por conseguirlo, y se puede llegar muy lejos. Yo tuve unos comienzos muy duros, en los que me pusieron muchísimos obstáculos y me dieron muy pocas oportunidades.
Conoció el “lado oscuro”Pero fue bueno que esa parte delicada tocase al principio de mi carrera. Al comenzar en el grupo Menudo, yo era uno más de ellos y, por decirlo de alguna manera, el menos afortunado. De no haberlo dejado todo ahí, que fue una etapa de batallas constantes, ya no lo íba a hacer más adelante. Me convertí en el perfeccionista que soy hoy. Y no me arrepiento de ello, aunque a veces ponga muy nerviosos a los que están a mi alrededor.
¿Esa lucha le recompensa el éxito?¡Qué duda cabe que la fama es una de las recompensas! Lo que realmente me importa es ver cómo me han fortalecido a mí todas estas cosas. Soy tímido y retraído pero esta profesión me ha enseñado a conocerme mejor y ver que, encima de un escenario, puedo llegar a ser más dinámico, abierto y agresivo que en la vida cotidiana.
¿Qué queda de aquel niño de Menudo en el triunfador que tengo ante mí?Quedan las inseguridades, los miedos, el ansia por comerme el mundo y ¡bastante ingenuidad! Ahora no me obsesiona tanto ser el mejor, el número 1, el que más gane, el que más portadas consiga. Pero esa etapa ya pasó. Ahora estoy tranquilo, sin la sensación de tener que dar explicaciones a nadie, de demostrar lo que soy y dónde puedo llegar. Ahora estoy calmado, sereno, feliz y en paz.
¿La soledad enriquece?Cuando era impuesta me proporcionó mucha frustración, pero ahora que la necesito, es un paraíso. Esta carrera te da sensibilidad y te enriquece por dentro, pero te llena de nostalgia. Cuando uno vuelve a la habitación del hotel y se encuentra solo, conviviendo con su desnudez interna, es difícil de asimilar si no tienes una vida llena. Antes, al llegar al hotel, siempre tenía que encender la televisión para sentirme acompañado. Ahora necesito oir el silencio...
Eso se soluciona con una buena compañía, una pareja por ejemplo(Risas) He madurado también en ese sentido. Ahora ya no me asusta tanto el compromiso serio. Hace unos años llevaba tiempo saliendo con una chica y, de repente, me metí en una joyería para comprarle un anillo y pedirle que se casara conmigo. Cuando me vi con el anillo en la mano pensé: ¿Pero qué locura vas a hacer? Y salí de allí pitando...
¿Ahora habría comprado ese anillo?Si tuviera a quien ponérselo sí...(risas). Tengo que reconocer que mis relaciones sentimentales nunca han sido muy estables. No quiero echarle la culpa de eso a mi profesión. Creo que el fallo siempre ha estado en mí. He tenido novias que han estado dispuestas a dejarlo todo por mí, viajar conmigo, estar a mi lado...pero he sido yo el que no ha querido tomar ese camino. Tal vez no me ha llegado el momento oportuno o la pareja apropiada. Es algo que no me obsesiona. Lo dejo fluir y ya vendrá...