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Sesenta años de la tierra de la leche y la miel

sábado 10 de mayo de 2008, 21:31h
El 7 de mayo, según el calendario hebreo, Israel festejó sus sesenta años de fundación con una celebración que comenzó desde muy temprano en todas las calles y las playas del país, las cuales se encontraban cuidadosamente adornadas por el blanco-azul de la bandera nacional. A lo largo de 24 horas la euforia se apoderó de una nación que contradictoriamente no surgió de la leche y la miel, sino del vientre mismo del conflicto bélico, de las armas y el derramamiento de sangre, a causa de la necesidad del pueblo judío de fundar un Estado que los representara y que les permitiese asentarse a la tierra de sus orígenes, y la de los palestinos de luchar por un territorio que ellos también consideran su hogar.

Lo que comenzó hace más de cien años como una paulatina ola migratoria de judíos provenientes de Rusia, Bielorrusia, Lituania o Ucrania, que recurrieron al sionismo de Theodor Herzl para huir de la persecución y los pogroms a los que durante siglos habían estado sometidos; hoy en día una potencia mundial que va más allá de su poderío militar.

Mucho antes de conocerse la verdad de la Segunda Guerra Mundial y de que David Ben Gurion proclamara la creación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, los primeros fundadores instauraron con muy pocos recursos, eficientes granjas agrícolas que transformaron en tierras productivas y cultivables los estériles pantanos del norte y los infértiles desiertos del sur del país, a la vez que se las ingeniaron para improvisar un ejército que se convirtió en el dolor de cabeza de la administración británica, de los palestinos y de sus vecinos árabes. Una historia de trabajo, esfuerzo y enfrentamiento que aún continúa y que lleva tras de sí, siete guerras, dos intifadas, dos tratados de paz firmados, uno en puntos suspensivos, dos magnicidios, cinco mapas, un muro y miles de muertos.

El pasado jueves los israelíes salieron a la calle con pintorescas gafas azules en alusión al número 60 y con sus respectivas banderas en mano, para festejar su supervivencia como Estado y que no los han “echado al mar” como tantas veces amenazó en vida, el fallecido Yasser Arafat en la época dorada de la OLP; pese a los pesimistas pronósticos de sus primeros años y de que sus ciudadanos aún vivan con la tensión de la guerra sobre sus hombros.

Quizás, ahora como nación democrática consolidada, Israel debería retomar el camino iniciado por dos ex solados de línea dura como Benahem Begin y Yizthak Rabin cuando en 1977 y 1993 estrecharon su mano con la del “enemigo” en aras de la paz. Sin embargo, para reactivar las negociaciones, israelíes y palestinos necesitan recurrir a una nueva estirpe de líderes que posean la capacidad y el coraje suficiente para derribar las barreras del prejuicio e intentar llegar a un acuerdo sin tener que alzar las armas.

Sabrina Gelman

Periodista

SABRINA GELMAN BENDAHAN es periodista e investigadora del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset en Relaciones Internacionales de Europa del Este y Rusia.

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