Ibarreche de espaldas a la realidad
sábado 10 de mayo de 2008, 23:20h
Hace ya siete años que el plan Ibarreche forma parte de manera cíclica e intermitente de la realidad política española. Siete años en los que el PNV ha visto como su caudal de votos ha ido disminuyendo de forma inversamente proporcional a sus exigencias independentistas. La fórmula no falla. Cuanto más se radicalizan sus posiciones, menos apoyos consigue en las urnas. Las cifras son claras y, aunque existen voces en su seno que empiezan a señalar este hecho y a pedir un viraje en su política, como hiciera hace algunas semanas el diputado general en Vizcaya, José Luis Bilbao, que reconoció el “fracaso” de Lizarra y el tripartito y abogó por un posible pacto de gobierno con el PSE, el lehendakari Ibarreche y el Gobierno vasco en general parecen vivir de espaldas a la realidad y, lo que es más grave, a la sociedad a la que gobiernan.
A dos semanas de la reunión que mantendrán en La Moncloa Ibarreche y José Luis Rodríguez Zapatero, ayer se hacía pública la propuesta que el líder nacionalista le hará al presidente del Gobierno. Como quien oye llover, Ibarreche insiste en reivindicar el ilusorio “derecho a decidir de los vascos”. En principio, nada que objetar. Pero tal pretensión lleva un trámite: habrá que cambiar la Constitución de 1978 para redactar y aprobar otra confederal. Hasta Ibarreche puede comprender que, en nuestro ordenamiento jurídico supremo, la soberanía reside en el pueblo español, entendiendo por tal el conjunto de todos los ciudadanos libres e iguales. De modo y manera que a todos nos compete decidir sobre una propuesta de tal trascendencia. Además, el Presidente del gobierno vasco parece olvidar que los ciudadanos vascos viven en un sistema democrático que les permite expresarse libremente en las urnas cada cuatro años, como mínimo -sistema que, además, es el que le legitima como lehendakari-. De hecho, la única opresión que impide a los vascos ejercer su “derecho a decidir” en plena libertad viene por parte de ETA.
Al lehendakari se le llena la boca hablando de derechos y libertades, pero no se atreve a apoyar con todas las de la ley a quienes necesitan escolta para caminar por las calles de su pueblo, a quienes tienen que soportar amenazas y coacciones o a quienes han perdido a un ser querido por la barbarie terrorista. Tan cegado está en su afán por conseguir que el “pueblo vasco” decida su futuro, que no se ha dado cuenta de que él es el único que parece echar en falta esa quimera. Si algo tienen en común ETA e Ibarreche es que ambos, cada uno a su manera, aseguran luchar por un pueblo al que se niegan a escuchar.
40 AÑOS DEL MAYO FRANCÉS
Hace ya 40 años de aquellas protestas y revueltas estudiantiles que convulsionaron París y el mundo entre el 3 y el 30 de mayo del 1968. En un mundo dividido por un gélido muro de acero, sensibilizado por los horrores de Vietnam y despertando ante el lado oscuro de la sociedad del bienestar, miles de universitarios franceses, inspirados por sus predecesores de Berkeley, California, se lanzaron a las calles imbuidos por el contradictorio espíritu de una revuelta marcada por su afán expreso de irracionalidad, ante una racionalidad y un orden social que se habían revelado como insuficientes. Con la misma efervescencia con la que se originó, el movimiento estudiantil desapareció, pero sus consecuencias más profundas calaron y aún perduran en nuestra sociedad.
Paradójicamente, mayo del 68 no fue sino el principio del fin de la izquierda tradicional. Por primera vez, el sujeto revolucionario no fue la clase obrera, sino estudiantes acomodados, hijos de la burguesía que se alzaron ante el orden establecido que no satisfacía sus aspiraciones. Estos estudiantes iniciaron un profundo cuestionamiento de la sociedad occidental, en todos los aspectos: cultural, político y social, con la paradoja de que no hizo falta una crisis económica ni una situación extrema que lo motivara. La novedad del 68, fue que no surgió de los ámbitos más desfavorecidos de la sociedad sino de las clases medias. A partir de esta revolución, la izquierda dejó de ser obrera para convertirse en lo que hoy se conoce como “progre”.
Precisamente ahí radicó gran parte del aparente fracaso del movimiento. La falta de comunión entre las protestas obreras y las de los estudiantes, hizo que ambas acabaran diluyéndose víctimas de sus contradicciones y debilidades. Sin embargo, eso no quiere decir que el Mayo francés pasó sin dejar huella. Al contrario, sería imposible entender la sociedad actual sin él. El ecologismo, el feminismo o las ONG son algunos de los movimientos que se instalaron firmemente en la sociedad tras el 68. Mayo del 68 no trastocó los fundamentos de la política ni el orden mundial de su época, pero si tuvo una profunda influencia a nivel social. Fue el inicio de la Posmodernidad y del relativismo que caracterizan nuestra época.
EL VERDADERO ROSTRO DE CHÁVEZ
La operación que puso fin a las actividades delictivas del cabecilla de las FARC Raúl Reyes levantó más de una ampolla en las ya de por sí tirantes relaciones entre Colombia por un lado, y Venezuela y Ecuador por otro. Resulta obvio que un país soberano es dueño de su territorio, y en base a ello las actividades que se desarrollen en suelo propio son de su única competencia. Pero no es menos cierto que, en determinadas circunstancias, gobiernos de países fronterizos establecen acuerdos de cooperación por encima de límites territoriales. Buena vecindad.
Ocurre que, en la operación mencionada, Raúl Reyes fue abatido en suelo ecuatoriano, y parece que la operación no fue comunicada a Quito hasta casi el mismo momento de su ejecución. Quizá porque Uribe temía que, caso de avisar con tiempo, el aviso en cuestión sería oído por más de uno, sobre todo si ese uno simpatizaba con las FARC. Dicho lo cual, la crisis se solventó con más o menos verosimilitud. Pero estos días se ha destapado finalmente algo que, al parecer, ponía bastante nerviosos a los dos presidentes andinos, sobre todo al venezolano: las revelaciones que pudiera contener el ordenador personal de Raúl Reyes. Gracias a ellas, sabemos ahora algo que ya se rumoreaba con insistencia, casi un clamor: Chávez, según estos testimonios, habría financiado a las FARC, y les habría solicitado adiestramiento militar para sus “círculos bolivarianos”.
Tales afirmaciones, lejos de sorprender, no hacen sino confirmar algo que ya era sabido: los vínculos de Chávez con la narcoguerrilla. Lejos quedan ya -afortunadamente- los tiempos en que las guerrillas de América Latina tenían ese halo romántico del que lucha bajo pabellón izquierdista contra los abusos del capitalismo. Ahora las cosas son bien diferentes, y los guerrilleros de antaño son hoy narcotraficantes sin ideología política, por mas que quieran barnizar sus actos de una pátina marxista que hubiera asombrado al filósofo alemán cuyas teorías quedan, por lo demás, muy fuera de la comprensión de sus pretendidos seguidores caribeños. Entre otros, para Chávez, cuya competencia intelectual suele quedar patente en sus apariciones televisivas. En todo caso -y más allá de consideraciones ideológicas- estamos ante un personaje que financia a terroristas y narcotraficantes con el único fin de desestabilizar a una nación soberana, como es Colombia. Lástima de petróleo. Lástima también para nuestra imagen en América que el señor Moratinos no hubiera comprendido en sazón que gobernantes de esa calaña no pueden ser admitidos como clientes de la industria española de armamentos.