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Sochi 2014. La inaceptable trayectoria mexicana

Marcos Marín Amezcua
jueves 06 de febrero de 2014, 20:09h
Ha llegado la ansiada cita esperada: los Juegos Olímpicos invernales de Sochi 2014. Es una magnífica ocasión que refrenda la vistosidad de estas competencias, en un escenario gélido pero afable, que promete. La sede efectúa un despliegue tecnológico incomparable, en medio de tantas dudas por la seguridad ante amenazas terroristas como nunca antes hubo, acompañadas de un cierto boicot a Rusia,orquestado con una mala prensa abucheando con temas que muy poco tienen qué ver con el deporte y curiosamente,que solo demuestran el talante antideportivo e hipócrita de quienes la encabezan. Destaco a los Estados Unidos, que pareciera que si no la ganan, la quieren empatar. Que no pueden ver ojos en otra cara, pues. Mas no lo consiguieron.

La justa invernal –la más costosa en la Historia– anticipa que será espléndida y apareja algunas novedades deportivas como la inclusión de doce nuevas competencias, algunas tan peculiares como el llamado skyslopestyle o el skyhalp-pipe. Rusia ha apostado todo para difundir su mejor imagen como organizadora, el ribete que alardea su renovado poderío. Putin ha utilizado estos juegos como una pasarela en pro de sí mismo y su rostro parece brillar saboreando el triunfo, tal y como lo habrán saboreado los astronautas que por primera vez se traspasaron la antorcha olímpica en el espacio exterior con la Tierra de fondo atestiguándolo, en un fascinante hito tecnológico sin parangón.

Preparémonos para disfrutar de los deslizamientos con presteza, la blancura del nimbo paisaje, las audaces y arremolinadas piruetas aceleradas en patinaje y la velocidad de unos bólidos que superan lo inimaginable, al sobrevolar las pistas o desplazarse osados en sus esquíes. Siempre es emocionante y grato testimoniarlo. Los de Sochi 2014 anticipan ser unos grandes Juegos Olímpicos.

Y ante este panorama tan prometedor, nuevamente nos encontramos los mexicanos con una participación bochornosa, desalentadora, limitada a un participante en Olímpicos y a uno en Paraolímpicos. Leyó usted bien. Ver la ceremonia de su abanderamiento ha sido muy penoso y decepcionante en toda regla. Y pudo ser peor por carecer de la política deportiva integral estructurada requerida en este rubro invernal, pues ni los empresarios ni el Estado mexicano la conforman. Y aquí tenemos los resultados. Ninguno apuesta a más. Fatal. Nuestra casi nula asistencia –injusta e inadecuada– obedece a su estrechez y cortedad de miras, con instituciones públicas deportivas enmarañadas en una legislación que entorpece la transparencia del manejo de recursos en manos de los mismos de siempre, que poco ayudan. Y con un Comité Olímpico Mexicano (COM) a veces anquilosado,carente de una política deportiva sostenida tal en el ramo,que haya dado a México una presencia en esas lides hibernales. Es ofensivo. Si no fuera negocio, se comprendería mejor lo requerido. Miopía y gandulería sazonan el resto.

Es una vergüenza que la mala promoción de los deportes invernales en México traicione una tradición olímpica que por modesta, no es inexistente, al pretextar burdos que el clima o las condiciones geográficas no propicias nos impiden contar con espacios adecuados para practicarlos y den por consecuencia “justificadora”, su falta de planificación, de apoyos e impulso, reflejados hoy en la carencia de una participación digna, nutrida, visible, diversificada, eficaz,atractiva al patrocinio y triunfadora y en jamás haber obtenido una presea en los juegos olímpicos invernales. Es atroz. No podemos resignarnos. Es apremiante romper el círculo vicioso traducido en que al no haber condiciones, ergo no se promueven ciertos deportes invernales y por eso, no hay apoyos, desincentivando así las condiciones para que todo suceda. Nuestro deporte no merece ese desdén y esa mediocre promoción de parte de quienes lo pueden impulsar, cegándolos el negocio y la opacidad, que solo desencamina metas fijas al triunfo, limitándonos a acudir a la cita olímpica, apenas, sin figurar en el medallero. Quienes estamos interesados en la presencia firme de México en el mundo, que pasa por los Olímpicos, no podemos consentirlo ni callarlo.

Mi país –promotor del olimpismo después de todo, que fue su sede y participante asiduo –debería de tener tales alicientes para dar el paso decisivo hacia delante, como para salir ahora con semejantes credenciales. Y que de ninguna manera ha de apostar a una pseudo política en la materia, reducida al negocio de becas y recursos dispendiosos, inútiles y opacos que nunca generan resultados positivos; ni solo apostar a los Alpes que no tenemos o a la nieve que escasamente llega, pues es cosa de repasar el listado de deportes olímpicos de invierno,como para constatar una terrible verdad: entiéndase que tal agenda está muy lejos de consistir solo en esquíes y la practica de alpinismo. No hace falta cerrarse. ¿Qué sucede con todas aquellas disciplinas que podrían impulsarse en las pistas de hielo? carreras, revelos, hockey, patinaje artístico, que con los escasos escenarios existentes solo avocados al negocio particular, privan a los deportistas de su merecido entrenamiento aquí, debiendo migrar. Resulta asaz inaceptable tanto desmerecimiento a nuestro deporte y semejante desenlace que nos irrita y nos frustra por injusto.

Sume público mexicano interesado en deportes invernales que nos seducen; que lo hay y no obedece tal gusto a clases sociales. Lo hay y punto. Merced a una nula política en la materia, carecemos no solo de los espacios posibles, sino del acceso a los más inalcanzables, suficientes y especializados, que lo demás que se haya hecho desde las esferas del poder es palabrería,dada la participación mexicana escasa, simbólica, amateur y sostenida con el exiguo esfuerzo privado y personalizado, generalmente; y no obstante que al desfilar en la justa invernal, entonces sí se le suman las autoridades deportivas mexicanas –indolentes y muy sonrientes antes que circunspectas y cariacontecidas, cual deberían de estar– sin que muchasmerezcan el cargo que detentan y les pagamos, desfilando y haciendo vergonzante caravana con sombrero ajeno, las más de las veces.

Extiendo mi reconocimiento al príncipe Hubertus von Hohenlohe-Launeburg, el abanderado de México, de abuela mexicana y nacido allí, al asumir elogioso el honor de representarnos, a sus 55 años y sumando con Sochi 2014, seis juegos a cuestas. Si no fuera por él nuestra bandera estaría irremediablemente ausente y su presencia es un clamor contra la escasez de apoyos. ¡Muchas gracias Hubertus! Lo mismo digo para el paraolímpico Arly Velásquez. Si resultara verdad que Hohenlohe encabezará una estrategia deportiva para afianzar talentos en disciplinas olímpicas invernales –anunciada por Carlos Padilla el presidente del COM–abriría una lejana esperanza de cambio, siempre que a mediano plazo estructure el andamiaje necesario, ampliando el abanico de opciones deportivas y apueste por infraestructura local para que México luzca en unos juegos olímpicos invernales, y que no orille a solo migrar buscando oportunidades costosísimas.

Espero que sea la última vez que México participa de manera tan mediocre y precaria en semejantes competencias y se trabaje seriamente en una oferta diversificada posibilidades deportivas invernales, que nos coloque a la altura.Ya veremos, dijo el ciego, pero que conste que nunca vio. Mientras, solo resta clamar a los dioses que nos oigan y en tanto, aupemos al sonido de los cornos exclamando: ¡qué comiencen los juegos! Y esta vez a la orilla del Mar Negro.
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