Un grupo de soldados de la Liwad Al-Tawhid hacen un descanso después de cenar. Los rebeldes toman té y hablan sobre su rutina en el frente de barrio de Saif Al-Dawlah. ANTONIO PAMPLIEGA/EFE.Alepo se encuentra dos mil kilómetros más próxima de Madrid que Nueva York, no digamos de Los Ángeles. O a una distancia similar que Sochi, donde estos días se celebran los Juegos de Invierno y desde donde llegan noticias de toda naturaleza. Sin embargo, sólo en el primer lugar se vive una guerra y no precisamente una recreación de Hollywood. Siria sufre y cada día son menos las voces que pueden dar testimonio.
Reporteros Sin Fronteras cifraba hace escasas horas la realidad del país más peligroso del mundo para los periodistas:
diez profesionales asesinados y 49 secuestrados en 2013. Entre los retenidos, los españoles Marc Marginedas, de
El Periódico, y Ricard García Vilanova y Javier Espinosa, de
El Mundo.
Coordinados por
Antonio Pampliega, joven pero ya bregado en dar testimonio de conflictos para prensa nacional e internacional, periodistas y fotógrafos que han pisado el terreno han publicado un libro que debe servir para conocer el día a día en sus calles precisamente en un momento de
invisibilidad no sólo mediática, también y de forma muy especial de los organismos globales competentes. La llamada opinión pública dispone ya de un título más que quiere ocupar el hueco de las crónicas y las imágenes no publicadas o no bien conocidas de una de las mayores, si no la mayor, tragedias de nuestro planeta en este tiempo.
"El punto actual es el siguiente, muy a grandes rasgos: estamos hablando de un conflicto que entra ya en su tercer año, con
más de 130.000 muertos, dos millones y medio de refugiados y casi siete millones de desplazados. Se ha complicado muchísimo con la aparición de grupos islamistas radicales, algunos de ellos vinculados a Al Qaeda, que en un primer momento sí lucharon mano a mano con el ejército libre sirio, pero que ahora, debido a la distancia ideológica y al radicalismo de sus posturas, en algunas zonas han entrado en combate incluso con los propios rebeldes, con toda aquella gente que se alzó en armas contra Bashar al Assad". El periodista
Iván M. García hace un esfuerzo por resumir a EL IMPARCIAL el estado de las cosas, admite que no es sencillo encerrarlo en apenas unas frases.
Soldados rebeldes pertenecientes a la Liwad Al-Tawhid intercambian disparos con las tropas progubernamentales en la Ciudad Vieja de Alepo. ANTONIO PAMPLIEGA.¿Y por qué un foco informativo con más de 130.000 muertos, dos millones y medio de refugiados y casi siete millones de desplazados y cargado de historias tan potentes y crudas se ve sepultado en las portadas por declaraciones y alfombras rojas? "Sí que tuvo su cabida al inicio del conflicto -responde Iván-, pero ha pasado lo que pasa siempre, que se pierde interés y se invierte en otro lugar. Evidentemente, la crisis económica de los medios se nota, o para lo que ellos quieren, porque
hay un dineral para pagar una foto falsa de Chávez y no para pagar una crónica desde Alepo. Y ya como opinión muy personal, creo que los medios tradicionales generalistas en España son tremendamente aburridos, todos hablan de lo mismo, tiran de agencias o de corresponsales en Buenos Aires que también te cuentan lo que pasa en Brasil o Colombia, como si estuvieran al lado. No apuestan por información en profundidad, de contexto, tienes que irte a otras publicaciones, la mayoría ya en Internet. Esta es una de las cosas por las que surge también este libro, es un conflicto que está cada vez peor y que aparece cada vez menos en los medios".
Iván estuvo en Siria y con los refugiados de este país en Jordania, Líbano y la frontera turca junto al fotógrafo y documentalista
Pablo Tosco, autor también. Pablo explica así aquel periodo: "Todas las mañanas intentabas convivir con ese mapa sonoro de bombas y destrucción y te preguntabas si lo que estabas haciendo era realmente lo que necesitabas en ese momento, pero la gente valoraba mucho nuestro trabajo,
tenían en todo momento la necesidad de que documentaras y visualizaras las atrocidades. Pudimos convivir Iván y yo con la gente de allí y pudimos construir una relación de complicidad para poder contar de manera más próxima y humana lo que estaba sucediendo, aunque quedamos marcados".
Pablo comparte los argumentos de su compañero sobre la cobertura de la prensa: "En un primer momento los medios se hacían eco, pero la atención se fue diluyendo". Más duro es el discurso cuando se les cita la acción exterior. O "inacción", a juicio de Iván: "Durante la segunda comisión en Ginebra, mientras Bashar al Asad tenía allí a su delegación negociando o, mejor dicho, entorpeciendo las vías pacíficas, el ejército estaba tirando barriles cargados de explosivos en zonas pobladas por civiles". Señala que Estados Unidos o Francia han formado a los rebeldes, pero que es "insuficiente", sobre todo en las "zonas fronterizas", puntualiza. "
Es vergonzosa la posición de la comunidad internacional, la presión a través de sanciones o la tensión diplomática son bastante tenues".

Pese a esta denuncia de dos de los autores, la primavera marchita que describe el libro no se sitúa en altos despachos sino a ras de suelo, no entre dirigentes sino entre ciudadanos. "Las historias que fuimos a recoger son de
gente como tú o como yo, que de un día para otro cogieron un arma y salieron a defender a su familia. Cómo los civiles siguen viviendo bajo los aviones, los helicópteros, los misiles. Cómo se reactiva un sistema educativo en una ciudad arrasada –las escuelas fueron primer objetivo militar- o se alimentan cuando lo han perdido todo", narra Iván. Pablo detalla la recogida de basuras, algo que le llamó mucho la atención: "Alepo hace dos años que no tiene un sistema de recogida y hay personas que voluntariamente han conseguido cañones y maquinaria para hacer limpieza en una ciudad con montañas de basura, pero también de escombros. Esas mismas personas son las que después de un ataque aéreo levantan los cuerpos".
Lo que comenzó como una oportunidad de democracia continuó por caminos que la alejan todavía más. "Hoy por hoy, y mientras la comunidad internacional siga organizando conversaciones inútiles en Ginebra y de brazos cruzados, no hay solución", lamenta Iván. "En el lado rebelde hay una amalgama de grupos radicales que lo único que han hecho ha sido contaminar la revolución", concluye. "
El sirio de la calle quiere que esto termine, esto es una carnicería", dice Pablo, también pesimista: "No hubo primavera. Lo que en un principio fue una revuelta e inicio de primavera o despertar para exigir una democracia, el régimen se encargó de marchitarlo".