RESEÑA
Edgar Morin y Mauro Ceruti: Nuestra Europa. ¿Qué podemos esperar? ¿Qué podemos hacer?
domingo 09 de febrero de 2014, 17:19h
Edgar Morin y Mauro Ceruti: Nuestra Europa. ¿Qué podemos esperar? ¿Qué podemos hacer? Traducción de Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García. Paidós. Barcelona, 2013. 159 páginas. 15,90 €
Edgar Morin y Mauro Ceruti nos presentan su último e interesante ensayo acerca de “Europa”, sobre cuyo futuro reflexionan, combinando actualidad con pasado. En este sentido, son continuas las referencias a filósofos, pensadores, políticos… que han marcado impronta en el proceso de construcción europea. Esto último, quizá, dificulte la lectura para quien no sea ducho en disciplinas como la literatura, la ciencia política o la economía.
Asimismo, la estructura de la obra, sin capítulos y basada solo en epígrafes, consigue generar una sensación de desorden intencionado cuya finalidad es clara: dotar de todo el protagonismo a Europa, dedicándole 159 páginas.
Morin y Ceruti parten de una premisa innegociable y es que Europa no es lo que fue. Con sus propias palabras: “En la actualidad, Europa ha encogido. No es más que un fragmento de Occidente, cuando, cuatro siglos antes, Occidente era un fragmento de Europa. Ya no está en el centro del mundo y ha quedado confinada a la periferia de la historia” (pp.13). A simple vista, tal diagnóstico podría calificarse de pesimista. Sin embargo, conforme nos adentramos en la obra, comprobamos que el realismo es el leit motiv que guía la exposición de motivos.
En efecto, ambos autores han conocido en primera persona la historia del binomio Europa-Unión Europea y saben bien que su creación se debió particularmente a las debilidades intrínsecas de los europeos: “Nuestra memoria histórica como ciudadanos europeos comparte sobre todo la división y la guerra. Nuestra herencia común son nuestras enemistades recíprocas” (pp. 147). De nuevo, la reflexión sobre el pasado incita más al pesimismo que a la euforia desmedida puesto que “civilización y barbarie han ido de la mano a lo largo de toda la historia de Europa” (pp. 21). No obstante, derivada de esa herencia, surgen señales bien fundadas para la esperanza ya que los europeos rechazan deliberadamente las “falsas soluciones” y “los falsos mesías” (pp. 146).
Por tanto, ¿qué razones tiene la actual Europa para pensar en positivo sobre su futuro? Principalmente, su historia puesto que no solo fue capaz de surgir de las cenizas en 1945 sino que en 1989 hizo lo propio, cuando los países del Este la vieron como el referente para satisfacer sus aspiraciones de democracia. Europa tiene un background del que sentirse orgullosa y que le debería servir como cimiento para encarar el futuro y el presente, si bien éste último ilustra que sus ciudadanos parecen, producto de la crisis, haber dado la espalda al proyecto europeo, volviendo sus miradas hacia el Estado Nacional ya que “simboliza, al mismo tiempo, fuerza, armas, autoridad y defensa” (pp.29)
Llegados a ese punto, Morin y Ceruti lanzan su receta: que la UE lleve a cabo de manera urgente su proceso de unificación política. Sin duda, una solución atrevida, entre otras razones por la aludida lealtad que los ciudadanos muestran hacia sus Estados de referencia. A éstos últimos, los autores no les relegan a la historia sino que, por el contrario, les otorgan un papel decisivo, si bien para ello tienen que asumir que su soberanía no es absoluta y no que pueden resolver cuantas controversias se les presenten de manera individual.
La anterior premisa podría espolear a los nacionalismos divisivos que están apareciendo en algunos países de la UE. Sin embargo, el objetivo de los autores no es tal: “La era del florecimiento de los Estados nacionales dotados de poder absoluto ya acabó; esto significa que no hay que desintegrarlos, sino respetarlos, integrándolos en un todo y haciendo que respeten ese todo al que pertenecen” (pp. 144). En definitiva, un claro aviso a Reino Unido pero también a Cataluña y a Escocia.
Por Alfredo Crespo Alcázar