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Garantizar la ayuda humanitaria en Siria

lunes 10 de febrero de 2014, 08:17h
El ataque al convoy humanitario de la ONU que intentaba socorrer a más de tres mil civiles asediados en Homs supone un hecho gravísimo y que añade una escalada de violencia en un terreno que debe ser especialmente respetado. La ciudad síria de Homs se está convirtiendo en un triste símbolo de lo que sucede en el país donde se ha enquistado una encarnizada y sangrienta guerra civil. Homs, la tercera ciudad más importante de Siria, ha sido víctima de feroces bombardeos en un cerco que la ha sumido en una completa devastación. Bashar al-Asad castigaba así a uno de los epicentros de la revuelta contra su régimen, dejando atrapados, sin alimentos ni productos de primera necesidad ni medicinas ni la más mínima ayuda, a cientos y cientos de civiles. Parecía que esta trágica situación iba a paliarse con la tregua de tres días pactada supuestamente entre el ejército de Bashar al- Asad y los rebeldes para hacer posible la entrada de la ayuda humanitaria.

Pero no ha sido así. La tregua se ha roto y el convoy ha sido atacado, en medio de las mutuas acusaciones entre Damasco y sus opositores, que se responsabilizan los unos a los otros de un comportamiento que pulveriza la más elemental regla, que ha de mantenerse aun en el caos que se vive en el avispero sirio. Con toda razón, la coordinadora de ayuda de emergencia de la ONU, Valerie Amos, ha declarado que está “profundamente decepcionada porque la pausa humanitaria de tres días acordada ente las partes en el conflicto se rompiera y los trabajadores que llevaban la ayuda fueran objetivos de los ataques de forma deliberada”.

No obstante, Valerie Amos ha dicho también que el ataque no hará desistir a la ONU de continuar con su misión y ha realizado un llamamiento a las partes de la contienda para que respeten el alto el fuego y sea posible auxiliar a una población, y no en solo en Homs, que lleva larguísimo tiempo sin la menor asistencia y en unas condiciones cada vez más desesperadas. Hay que alabar las intenciones de la ONU de no darse por vencida y no están de más llamamientos como el de la señora Amos.

Pero a todas luces esto resulta insuficiente. Hubo un momento en el que la comunidad internacional sacó los tambores de guerra, con Estados Unidos a la cabeza, en lo que se planteaba como una intervención inminente. Luego, por unas u otras razones, esas intenciones se fueron disolviendo como un azucarillo. Resulta muy cierto que una intervención directa, y su conveniencia, es una cuestión compleja, máxime cuando parece que los sirios están entre dos fuegos formados por componentes cada vez más enmarañados: un dictador que machaca a su pueblo por conservar el poder a toda costa y una oposición donde se ha hecho fuerte el yihadismo, no precisamente democrático. Pero la comunidad internacional sí debería habilitar eficaces mecanismos que garanticen la llegada de la ayuda humanitaria a sus destinatarios -y no ocurra lo sucedido en Homs-, más allá de las palabras y la apelación a la voluntad de unos bandos absolutamente radicalizados y casi ya inmunes a los desastres de la guerra.
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