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Según De Guindos, el objetivo es volver a recuperar el nivel de renta y empleo

El final de la crisis divide a los expertos: ¿se puede recuperar lo perdido?

sábado 15 de febrero de 2014, 11:36h
Para entender qué significa salir de la crisis, quizá habría que entender también qué significa crisis. Pocos términos han sido tan abusados como éste, tanto en el ámbito periodístico como en el coloquial durante los últimos tiempos, al punto de que casi cualquier cosa se ha podido explicar haciendo alusión al término. Se venía de una situación inicial en la que el Gobierno la negaba, y, conforme comenzó a hacerse evidente, los españoles se complacían en utilizar la palabra. A pesar de su omnipresencia, o precisamente a causa de ella, 'crisis' parece ya no significar nada.

El profesor del IESE, José Ramón Pin, está de acuerdo con esta tergiversación de la palabra crisis, invocada una y otra vez. Consultado por este diario, define la crisis como aquella situación en la que “aparecen problemas nuevos que no se sabe cómo manejar”. Por tanto, no sería muy apropiado para hacer referencia a la situación de la economía, que es bien conocida, y cuyos problemas no pillan a nadie por sorpresa, sino más bien al contrario, están perfectamente identificados: altísima tasa de paro, endeudamiento del sector público y privado, dificultad para que fluya el crédito, etcétera. En cuanto al modo de manejarlos, el Gobierno actual se ha decidido por una devaluación interna -es decir, salarios más bajos y menor poder adquisitivo- cuyos resultados se evidencian en datos históricos de moderación de precios, de exportaciones, y de turismo.

Quizá sea más correcto pensar que los últimos años han sido de depresión o estancamiento, y reajuste, lo cual ya es suficientemente duro, pero hay un extraño poder y contundencia en el término de crisis que lleva a repetirlo una y otra vez, como si renunciar a él supusiera obviar la gravedad de la situación. Así, es posible que la sexta definición que da la RAE de crisis, “escasez, carestía”, o tal vez la séptima, “situación dificultosa o complicada”, rediman del abuso de la palabra en el que se ha incurrido.

A pesar de la vaguedad del significado del término, el ministro de Economía, Luis de Guindos, hizo esta misma semana una intentona de establecer el final de esta situación económica, llámese como se quiera, que no es otra que la de volver a donde estaba la economía española antes de la explosión de la burbuja inmobiliaria. Ello supone, según ha puesto de manifiesto el ministro en una conferencia ante la prensa, recuperar los 7 puntos de PIB de renta y los tres millones de empleos perdidos durante los años de dificultades económicas.

Algunos de los analistas consultados son muy escépticos con esta meta. “Pasarán muchos, muchos años” hasta que eso sea posible, exclama el profesor del ICADE, Gonzalo Gómez Bengoechea a este diario. María Jesús Fernandez, analista de Funcas, la fundación de las cajas de ahorro, se expresa en términos parecidos, y dice a El Imparcial que sí se llegará a esa situación, pero pasará “mucho, mucho tiempo, una década por lo menos”, hasta que se recupere el nivel que la economía anterior a 2008.

Fernández asegura que el crecimiento experimentado antes del estallido de la burbuja inmobiliaria era “irreal, ilusorio”, y sustentado por el crédito del exterior. Por tanto, la alta tasa de desempleo no es una situación coyuntural, sino estructural. A pesar de que se recuperará la economía, porque “siempre tiende a crecer”, la pérdida de PIB y empleo es “permanente” en un horizonte de medio plazo.

Por su parte, Bengoechea considera que el mundo previo a la crisis de 2008 “se ha ido para no volver”, y que por tanto la economía se adentra en un terreno desconocido, caracterizado por la pujanza de las naciones emergentes. Pone de ejemplo las economías de EEUU y Alemania, que sí han logrado recuperar su nivel de renta, tal y como promete De Guindos para España, pero no sin dificultades: Alemania atraviesa una crisis de identidad, mientras que EEUU ha inyectado cantidades ingentes de dinero sin terminar de despegar, y con niveles de paro todavía significativos.

En lo que sí están de acuerdo los analistas es en que la economía ha emprendido su recuperación. “A lo largo de 2013 se estabiliza la demanda interna, excepto en vivienda, y empieza a aumentar el consumo; este crecimiento tenue se mantiene”, afirma María Jesús Fernández desde Funcas, que cree que la clave que marcará la diferencia es un repunte en la inversión en construcción residencial, que de momento no sólo no ayuda sino que lastra al resto de la economía.

Más optimista en cuanto a los vaticinios de la recuperación se muestra el profesor del IESE, José Ramón Pin, que afirma que, aunque nunca volverá la pujanza el sector inmobiliario, sí es posible retornar a la pujanza anterior a la crisis en 2016 o 2017, aunque para ello, dice, sea necesaria la estabilidad política. El ‘ladrillo’ suponía un 10 o un 12% del PIB, afirma, y ha de reducirse a 4 o 5% de peso en el PIB, por lo que ha de sustituirse esa riqueza perdida mediante las exportaciones y el mayor consumo interno.

Pero todo ello, con bajos salarios. Siguiendo el razonamiento del profesor Pin, la crisis sobrevendrá cuando se crezca al 1,5%, pero será una “crisis de crecimiento”. Es decir, que comenzarán las presiones para que suban los sueldos tras años de “vender barato” al exterior, y por tanto, habrá que redefinir el modelo económico de España. Y tras razonar sobre la elasticidad del término crisis, exclama, “ojalá todas las crisis fueran de crecimiento”.
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