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El desafío del Frente Nacional francés

domingo 16 de febrero de 2014, 08:00h
Hace pocos días se supo que el apoyo de los franceses a su presidente, François Hollande, se encontraba en uno de sus momentos más bajos, y que la popularidad del mandatario galo había caído en picado, incluso entre militantes o simpatizantes del Partido Socialista francés. A esto se suma ahora, según los últimos sondeos, que el Frente Nacional (FN) bate récords de aceptación. Desde el momento en que Marine Le Pen, en sustitución de su padre Jean-Marie Le Pen, se hizo cargo de la formación en 2011, ésta no ha dejado de aumentar sus niveles de adhesión. Del 22 % con el que contaba en esa fecha, pasó a un 31 % y a un 32 % a los dos años siguientes, hasta el 34 % del que goza actualmente. Esta cifra se dispara hasta un 58 % entre quienes, aunque no apoyen explícitamente al FN, se muestran muy favorables a su líder, considerando que Marine Le Pen comprende los muchos problemas por los que hoy atraviesan los franceses y propone ideas nuevas para resolverlos.

Estos datos que arrojan las encuestas han hecho que el FN redoble sus esfuerzos para conseguir unos buenos resultados en las cercanas elecciones al Parlamento europeo que se celebrarán el próximo 25 de mayo. Hasta el punto de que la señora Le Pen tiene la aspiración de crear un poderoso grupo antieuropeísta y soberanista en la Eurocámara, por lo que ya ha empezado los contactos con otros partidos ultras europeos. Aunque esta pretensión de una fuerte alianza ultra resulta complicada por el reglamento de la Eurocámara, no deja de ser significativa de una tendencia que, de afianzarse y lograr los suficientes votos, supondría la paradoja de que la defensa de presupuestos antieuropeístas contaría con unos medios institucionales y una proyección de gran recorrido.

La creciente aceptación del partido de la ultraderecha francesa, con ideas xenófobas y rechazo absoluto a la inmigración, así como un nacionalismo radical que propugna incluso la salida de la zona euro, es un signo de que parece que Francia se está convirtiendo en el enfermo de Europa. Una Europa que también no ha dejado de cometer numerosos errores, lo que ha propiciado que parte de su población se eche en brazos del euroescepticismo, y sea presa fácil para partidos radicales y ultras como el FN francés. Por mucho que su líder Marine Le Pen muestre un rostro amable, no deja de ser preocupante el ascenso en popularidad de partidos de estas características.
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