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RESEÑA

Carla Guelfenbein: Nadar desnudas

domingo 16 de febrero de 2014, 12:06h
Carla Guelfenbein: Nadar desnudas. Alfaguara. Madrid, 2013. 280 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 9,49 €
Los momentos históricos importantes no solo generan “terremotos” historiográficos o politológicos, sino también literarios. Así ocurrió con el 11 de septiembre de 1973 en Chile y el 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos. Ambos acontecimientos forman parte de los recuerdos que circulan en torno a la trama de Nadar desnudas, que por una parte sigue y por otro lado modifica los intereses y temáticas que la escritora chilena Carla Guelfenbein había desarrollado en El revés del alma (2003), La mujer de mi vida (2006) y El resto es silencio(2009). Por ejemplo, en relación a la segunda de esas obras se repite la existencia de un trío y también la idea de la traición, además de continuar con los interesantes trazos sicológicos de sus personajes.

Sophie y Morgana (española, hija de diplomáticos) son amigas, jóvenes e inseparables. Diego, de 45 años, es padre de Sophie, hombre de izquierda, a quien el propio presidente Allende invita a colaborar en la construcción del socialismo en Chile. Bien parecido, llama rápidamente la atención de Morgana y luego entablan una relación, aunque Diego tiene sentimientos de culpa. Cuando sabe de ello, la hija y amiga se siente traicionada y la situación se complica más aún al enterarse del embarazo de Morgana. Sophie: “añoró todo lo que supo perdido para siempre”.

Sophie desaparece, intenta suicidarse, no quiere volver a verlos. Decide irse a París, donde su mamá la espera, y no volverá a escribirle a su padre, que cada día le remitía una carta en un Chile donde comienzan levantamientos militares fallidos (el Tancazo del 29 de junio) que preanuncian un final violento. Así llegó el 11 de septiembre de 1973, el discurso final de Allende, el establecimiento de un régimen militar y la persecución de los vencidos. Entremedio había nacido Antonia, la hija de Morgana. Pronto ambos enamorados murieron baleados tras una persecución.

La historia, que podría haber terminado ahí, se hace vida nuevamente el 11 de septiembre de 2001, con ocasión del ataque a las Torres Gemelas. Eso genera la irrupción de la memoria en Sophie, quien había silenciado conscientemente su pasado. Por otro lado vive Antonia, lejos de Chile y sin conocimiento de su pasado, que siempre fue esquivo porque sus abuelos no le contaron la verdad. El nuevo escenario hacía factible que las hermanas desconocidas pudieran reunirse. Como resultado se desprende que el pasado no puede enterrarse así sin más, que siempre es posible volver a él por decisión voluntaria o por las circunstancias que así lo facilitan.

Un aspecto especialmente valioso de esta novela son los perfiles sicológicos de los personajes, característica presente en los demás libros de la autora. Todo ello se aprecia también en Nadar desnudas, más aún en el ambiente de amor y de transgresión en el que viven los personajes. En este caso, y muy especialmente, está Sophie, quien abre y cierra el libro con sus deseos y sus dolores, sus dificultades y crisis. Pero también Diego y Morgana, quienes se resistieron a su amor al ser conscientes de que generarían un dolor y un daño irreversible a Sophie. El trío inseparable, que se disolvió por un amor que parecía imposible o inconveniente, que, en cualquier caso, no fue aceptado de igual manera por los tres involucrados.

A pesar de las dificultades que presenta el tema, la autora logra esta historia de amor con una adecuada y equilibrada visión de los años de la Unidad Popular en Chile, con sus anhelos por construir el socialismo y sus peligros; el crecimiento del odio y el surgimiento de la violencia política (“si pudieran entender que sus actos violentos solo van a traer más violencia”, reflexionó Diego a propósito del asesinato del exministro demócratacristiano Edmundo Pérez Zujovic en 1971); el deterioro de la convivencia cívica y el crecimiento del factor armado en la política nacional; con el final violento del 11 de septiembre y una nueva historia que comenzaba.

Por Alejandro San Francisco
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