Un libro ante la Fiscalía
Francisco Delgado-Iribarren
martes 18 de febrero de 2014, 20:07h
El feminismo más alocado y rampante ha alcanzado sus más altas cotas de ridículo en las últimas semanas. No me refiero en este momento a las activistas de Femen, esa organización de origen ucraniano que recluta a mujeres como carne de cañón para realizar vergonzosas actuaciones de rentable impacto mediático. Estas pobres mujeres, algunas de ellas procedentes del submundo de la pornografía o de la prostitución, reciben un estipendio en función del eco mediático que coseche su numerito. De ahí la fuerza de sus gritos y su resistencia cuando son retiradas de la escena.
Detrás de las Femen, paradójicamente, hay hombres y dinero: un tal Viktor Sviatski mueve los hilos de las activistas, y detrás de este turbio “empresario” se apunta a algún multimillonario financiero estadounidense. El tal Sviatski confesó a Kitty Green, autora del documental sobre las Femen Ucrania no es un burdel, presentado en el Festival de Venecia: «Los hombres hacen todo por el sexo: yo he creado el grupo para tener mujeres». Además, según corrobora alguna ex activista, el jefe tendría con sus subordinadas un comportamiento tiránico, despótico y, en definitiva, machista.
Siendo esto grave, me parece más preocupante a la hora de calibrar la salud de la sociedad española el hecho de que un libro haya sido llevado ante la Fiscalía para que se investigue “si incita a la violencia” sobre la mujer. Se trata de Cásate y sé sumisa, de la periodista italiana Costanza Miriano y publicado en España por la editorial del Arzobispado de Granada Nuevo Inicio. Sí, ese famoso libro del que muchos hablan sin haberlo leído y que ha sido sumariamente prejuzgado por su título.
Pues bien, aquí hay un articulista que sí se lo ha leído desde el alfa hasta el omega, y no porque tenga vocación de esposa sumisa (imposible salvo arriesgada operación) sino por sano interés periodístico y cultural. Puedo dar fe de que ninguna palabra de dicha obra habla de violencia ni de ninguna suerte de sumisión física. Todo lo contrario.
El libro habla de sumisión en sentido espiritual y clave cristiana, entendiendo por tal, sobre todo, el servicio y la acogida. También la generosidad y la obediencia, pero se trata de una obediencia basada en la confianza y no en el temor.
La autora va más allá y rechaza el patrón machista, en mayor o menor grado, que ha estado demasiado extendido durante muchos siglos: “El problema es que nosotras, durante muchos siglos y en muchas culturas, hemos sido ‘puestas debajo’ no desde esta óptica de un don libre y espontáneo, sino desde la óptica del poder y de la fuerza, desde la lógica del mundo”. Miriano es consciente de las múltiples reacciones adversas que en las sociedades occidentales puede producir la palabra sumisión: “Hablar de sumisión suscita reprobación, alarma, rebeldía, irritación y asco”. Por eso propone escapar del lenguaje del mundo: “Cuando hablamos –en voz baja, para evitar el linchamiento- de sumisión, tenemos que salir del lenguaje del mundo, que interpreta todo desde la óptica del dominio, del poder”.
Lo más ridículo del asunto es que haya sido conducido a la Fiscalía un libro que incita al amor. No pasó nada parecido con la tenebrosa trilogía de las Cincuenta sombras de Grey, en la que parece ser que sí hay episodios de sumisión física y de violencia (este articulista reconoce, con honor, que no se ha leído ni una sola de sus páginas). Lo preocupante a la hora de calibrar la salud de la sociedad española es que esta haya sucumbido en mucho mayor número a la tentación de las Sombras que a los encantos de la obra de Miriano.
No hay que ser un genio para relacionar este enfermizo clima social con las altas tasas de separaciones, divorcios y, en general, fracasos matrimoniales y familiares que padece nuestra sociedad. Si políticos como Ángeles Álvarez, Ana Mato, José Luis Sanz o Maite Molina piden la retirada del libro, ¿quién va a poder proporcionar en libertad las que considera claves del éxito matrimonial y familiar? ¿Ellos? Es probable que muchos no estén en posición de hacerlo. ¿Acaso sólo podrá opinar sobre el matrimonio la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, que con gran ferocidad e irracionalidad ha criticado el libro? ¿O el Consejo Municipal de la Mujer, que presentó la denuncia? ¿O nos ponemos en manos de la Legión de los Papanatas?
Muchos de estos criticones gregarios deberían haber empezado por dar el primer paso que ha dado la Fiscalía, que es solicitar un ejemplar del libro para su lectura y análisis. A quienes se atrevan a emprender esta aventura intelectual (son sólo 200 y pico páginas) les recomiendo: “Léelo y sé honesto”.