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Maduro, el orgullo de la izquierda

miércoles 19 de febrero de 2014, 19:56h
Siria y Venezuela están viviendo una tragedia de crueles proporciones, cada una a su modo. Los dos países están presididos por dos asesinos, que han cogido la fea costumbre de masacrar a compatriotas que no piensan como ellos. Ambos sujetos han llegado al poder de manera fraudulenta, pese a contar cada uno con un cierto apoyo popular. Ambos están llevando a sus respectivos países hacia el abismo. Ambos se definen como socialistas. Y ambos tienen bigote, como en su momento Hitler, Stalin o Videla.

Las diferencias, aparte de las geográficas o culturales, estriban en la preparación de Bashir al Assad y en la de Nicolás Maduro. El primero ha recibido una esmerada educación, es óptico de carrera y habla varios idiomas. El segundo, por su parte, las únicas carreras que tiene se las ha pegado como conductor del Metro de Caracas y, por no hablar, ni siquiera habla bien el español. Al sirio le apoyan Rusia e Irán. Al venezolano, Cuba, Bolivia, Argentina y Ecuador. Dime con quién andas y te diré quién eres.

Dirán que es una exageración colocar al mismo nivel la situación de Siria y Venezuela. En apariencia, es posible, pero la realidad es bien otra. Sólo el pasado año, 24.763 personas fueron asesinadas en el país iberoamericano. Son cifras de conflicto armado. La morgue de Caracas se ha colapsado en más de una ocasión, lo que da idea de la inseguridad ciudadana que se vive allí. Y que no es exclusiva de ahora, en honor a la verdad, aunque sí es cierto que se ha visto agravada desde la llegada de Hugo Chávez al poder. El armó a lo peor de cada casa, les dio dinero, una boina roja e instrucción cubana. Cubanos son también los espías que infestan todas las capas sociales del país y que apuntalan al régimen. Experiencia no les falta, desde luego; medio siglo en su isla.

Chávez laminó las libertades y a quienes las defendían. Maduro, aunque más torpe, va por el mismo camino. Casi no quedan medios de comunicación, pues la censura violenta está a la orden del día. Ahora, el objetivo son Facebook y Twitter. A través de las redes sociales puede verse a un pueblo venezolano que sale a la calle armado únicamente con su valor y sus principios, jugándose la vida -y perdiéndola muchas veces- frente al socialismo que quiere implantar Maduro. Veo a la juventud venezolana reclamando democracia. No veo, en cambio, una sola manifestación en Europa apoyando su causa. Es lo que tiene enfrentarse al socialismo; si lo haces, es que eres un “nazi”, como dicen Maduro y Correa.

Antes, por cierto, hacía alusión a la torpeza de Maduro, un tipo al que hablan pajaritos y que ve la cara de Chávez en una mancha de humedad en el Metro de Caracas. “Torpe” viene del latín turpis, “feo, deforme, innoble, ruin, infame”, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. En el siglo XIII la palabra en cuestión incorpora a sus significados los de “rudo” y “tardo”, para añadir posteriormente “tardo en comprender”. El problema es que Maduro no ha visto un libro en su vida, ni hay visos de que lo vaya a ver. Me da pena Venezuela, y asco quienes no claman contra lo que está pasando en sus ciudades. Cosas de la izquierda.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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