La política ha dejado de ser arte
jueves 20 de febrero de 2014, 19:55h
Casi todo es político o tiene causas o consecuencias políticas. La política es invasiva, avasalladora, cual ejército de termitas.
La política es definida desde los clásicos como el arte de hacer posible lo que es necesario. Pero ha perdido su dimensión artística o, al menos, sus actores han sustituido el pincel por el rodillo de trazo grueso, de pintura al gotelé. Ha pasado a consistir en hacer posible lo que a los políticos les viene en gana en razón de su propio interés (político, claro).
La política, tal como es ejercida, ha dejado de ser la solución para convertirse en el problema. Y el hartazgo de la política ha hecho una mella tan profunda en la sociedad que es hora de pensar en un nuevo modelo, en una forma nueva de hacer y ejercer la política. El algodón de las encuestas no engaña y los protagonistas de la política afrontan un riesgo serio de ser arrumbados por un estado de opinión machacado, en el que concurren todas las causas imaginables. Tomo de un correo electrónico anónimo (ni quito ni pongo) la descripción de las causas:
La transmutación de la democracia en demagogia, de forma que los políticos parecen disfrutar con el lanzamiento de mensajes o argumentos que, o no se corresponden con la realidad o la deforman de tal manera que nadie es capaz de encontrarla ni con la linterna más potente del mercado.
El alejamiento de los políticos respecto de los ciudadanos de los que únicamente se acuerdan para pedir su voto, cuando corresponde. Se convierten en seres intratables, metidos en su cueva, relacionados únicamente entre sí o como mucho con los periodistas.
La conversión del programa electoral en una entelequia metafísica en la que todo se promete pero del que se desprenden en cuanto alcanzan el poder. Es un puro papel mojado minuciosamente triturado, olvidando que el programa es el contrato que une al partido con el electorado.
La búsqueda exclusiva del interés electoral por encima del general, de manera que la dialéctica política se convierte en un enfrentamiento entre adversarios a modo de ring en el que se admiten codazos, rodillazos y directos a la rabadilla. Todos parecen mirar por lo suyo (por seguir en el palmito) y no por las necesidades de la gente.
Las medidas que se adoptan por los políticos (los únicos que se denominan “clase” pues el resto son carreras o cuerpos) siempre afectan y de modo perjudicial a los ciudadanos pero jamás a ellos, que no se recortan ni a tiros.
La política queda reducida a alcachofazos, a mensajes cifrados llenos de frases hechas, eslogans desprovistos de chispa y carentes de contenido, mediante el abuso de un lenguaje plagado de tópicos.
La falta de asunción de responsabilidades que consiste en culpar siempre a los otros o al sistema o al mercado, de manera que no se conjuga el verbo “cesar” ni “dimitir”. En el sector privado mandan los resultados lo que obliga a todos a no bajar la guardia. Aquí da igual.El mérito y la capacidad son inencontrables al primar una fidelidad enfermiza.
El arte ha pasado a mejor vida, sustituido por una extendida mancha
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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