El consenso en España, una utopía
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 20 de febrero de 2014, 20:04h
El más tonto tiene claro que en España es casi imposible ver un pacto de Estado entre los dos grandes partidos políticos para las materias más sensibles y necesarias. No lo hemos visto, y dudo mucho que lo veamos a corto y medio plazo, en cuestiones tan importantes como la Educación o la Sanidad, no han escenificado una posición conjunta contra ETA ni contra el intento de secesionismo en Cataluña.
Lamentablemente, tampoco lo estamos viendo con el problema de la presión migratoria que se vive en zonas calientes como Ceuta y Melilla. Es verdad que chocan conceptos como el de la libertad que todo individuo debe tener para desplazarse por el mundo para intentar desarrollarse según sus necesidades y la legalidad que marca una política internacional que ha definido unas fronteras, por otra parte, garantes de otra serie de derechos. Pero es irrefutable que la palabra consenso no parece tener cabida en el acervo lexicográfico habitual de las crónicas políticas, en este caso, sobre inmigración.
Resulta muy ‘progre’ hacer alegatos contra la violencia policial en las manifestaciones y en las fronteras y en las calles y el día a día. Queda muy bonito decir que “hay que ser humanos” y apelar a los instintos más solidarios de las personas, pero luego todos queremos seguridad, que nos defiendan, y todos queremos vivir en paz y lejos de problemas y miserias.
No seré yo el que salga en defensa de nadie que vulnere la ley, pero también creo que utilizar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional para buscar el oportuno rédito político me parece un error de magnitudes considerables, a la vez que estúpido, porque se corre el peligro de haber hecho ya lo que se está criticando al partido gobernante. Y al revés, haber criticado antaño lo que se hace ahora.
Y digo yo: ¿Qué proponen ahora los que lamentan la actuación de nuestras fuerzas de seguridad en Ceuta que se haga ante la presión migratoria que no pudieron hacer antes cuando tenían responsabilidades de Gobierno? ¿Cuál es el límite de la Guardia Civil y la Policía Nacional para cumplir con su deber de proteger la inviolabilidad de la frontera española? ¿Depende del signo político del gobernante? ¿Cómo se preparan aquellos a los que hemos encomendado nuestra protección ante 30.000 subsaharianos dispuestos a saltar la valla? ¿Nos sorprenderán algún día nuestros políticos cuando al unísono adopten una posición común sobre una cuestión de interés general?
El trabajo de un policía o un guardia civil no es bonito en la mayoría de las ocasiones, pero es necesario. Del mismo modo, es casi iluso pensar que algún día se acabará con la hipocresía que lleva a criticar sus actuaciones en función de si su jefe máximo es de un partido u otro.
Si no somos capaces de encontrar un consenso en una cuestión tan básica como qué hacer con personas que llegan a nuestra frontera, cómo vamos a sacar juntos un país adelante. Cuando el éxito de un debate político se mide por el número de titulares en periódicos, de aperturas en radios y televisiones, y de impactos en Internet, que nadie se extrañe después de la desafección hacia “la casta”.
O marca un gol Iniesta con la selección española o no hay nada que hacer.
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Periodista
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
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