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La nulidad de Maduro aviva la violencia

viernes 21 de febrero de 2014, 00:44h
La previsible ola de violencia desatada en Venezuela a partir del pasado 12 de febrero no ha hecho más que crecer día tras día, ante la cerrazón y brutal torpeza predecibles en el actual Gobierno de Maduro. La dinámica criminal frente a las protestas pacíficas iniciadas por los estudiantes venezolanos se evidencia ante la opinión pública a través del continuo goteo de nuevos homicidios cometidos contra manifestantes desarmados. En un país orgulloso de sus reinas de la belleza, el asesinato de mises ejerce una especial conmoción. El día de Reyes del pasado mes de enero las balas que acabaron con la vida de la ex-miss Venezuela 2004, Mónica Spear, y su familia, en una autopista del turístico Estado de Carabobo, estremecieron a la nación y obligaron al presidente a enunciar supuestas medidas contra una criminalidad rampante. Ahora, la miss Turismo del mismo Estado de Carabobo ha sido asesinada por paramilitares chavistas con un disparo en la cabeza por el simple hecho de salir a la calle a expresar su disconformidad con la situación de su país, que ha recibido la noticia con similar estremecimiento.

Dos homicidios con connotaciones muy simbólicas que resaltan ante la opinión pública lacras difíciles de soportar por mucho más tiempo. En el primer caso, subrayó con particular énfasis el salvaje índice de criminalidad aguantado por los ciudadanos venezolanos, que el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) cifra en 24.763 homicidios solo en el pasado 2013. Ante esta sangría, la Administración chavista solo encuentra una explicación consistente -¡cómo no!- en la supuesta destrucción de valores por parte del capitalismo, en vez de autoanalizar su inacción contra las organizaciones criminales mientras que respeten al propio régimen chavista. Esa misma criminalidad, la mordaza dictatorial impuesta por el poder y la catástrofe económica coronada con el mayor índice de inflación mundial, ha sacado a la calle a ciudadanos que tienen el derecho de mostrar públicamente su malestar en términos pacíficos y ante quienes las autoridades han dado una respuesta histérica. Los escuadrones paramilitares del chavismo, durante años profusamente abastecidos de armas ligeras para coaccionar a la población, han iniciado una cadena de asesinatos contra los integrantes de las protestas. El Gobierno de Maduro ha achacado estos sucesos -¡cómo no!- a una supuesta maniobra imperialista de Estados Unidos, expulsando a tres diplomáticos norteamericanos, y a una agresión de origen colombiano, exclamando que “el Estado de Táchira está siendo asediado desde Colombia”, momentos antes de ordenar la militarización de este Estado donde la revuelta ha sido particularmente desafiante. Conociendo la mentalidad chavista gestionada por Maduro, cabe esperar que este sea solo un primer paso en una espiral de represión violenta que acabe con cualquier garantía constitucional, dentro de un mecanismo que el propio chavismo siempre atribuyó a la oligarquía.

Una señal más de este camino emprendido hacia el totalitarismo, ha sido la orden de detención contra el líder antichavista Leopoldo López, quien ya se había entregado voluntariamente a las autoridades. Esta nueva prueba de manifiesta incompetencia y cerrilismo del Gobierno de Maduro, está logrando que Leopoldo López, partidario de la presión en la calle, comience a cobrar más respaldado que Henrique Capriles, contrario a las manifestaciones. En una sola semana, las reacciones autoritarias y obtusas del chavismo han conseguido que protestas pacíficas y previsibles, se estén convirtiendo en un vendaval político imprevisible. La nulidad del régimen promete seguir alentándolo con graves consecuencias para el chavismo y la confrontación violenta de la sociedad venezolana.
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