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CRÍTICA

Giuseppe Civati: Non mi adeguo. 101 punti per cambiare

domingo 23 de febrero de 2014, 12:15h
Giuseppe Civati: Non mi adeguo. 101 punti per cambiare. Add editore. Torino, 2013. 92 páginas. 10 €
Non mi adeguo, de Giuseppe Civati, es un pequeño ensayo sobre la política italiana, un librito sobre qué tipo de cambio político necesita Italia para salir de la difícil situación que atraviesa. Se trata de un libro programático, escrito por uno de los más lucidos políticos de la izquierda italiana. En sus páginas, Civati reflexiona sobre la crisis socio-política de Italia y augura un cambio, una profunda renovación, una nueva etapa política tras años de mal gobierno e incapacidad para comprender la sociedad italiana.

El título del libro se inspira en una célebre frase del añorado presidente de la República italiana, Sandro Pertini y representa una invitación a “no adecuarse” ante una situación negativa, ni caer en la resignación o frustración. El objetivo del libro es realizar una crítica de Italia y, al mismo, tiempo, ofrecer una alternativa más allá de la demagogia o del cinismo. En sus páginas, el derrotado candidato a la presidencia del Partido Democrático indica qué tipo de partido constituiría, invitando a comprender qué ha pasado, qué puede hacer la izquierda italiana para recuperar el terreno perdido y ofrecer una opción política, nueva y creíble. Por todo ello, presenta 101 puntos para cambiar la fisionomía socio-económico-política del PD y de Italia. El número 101 no es una casualidad: es el mismo número de parlamentarios que traicionaron al Partido Democrático decidiendo no votar la candidatura de Romano Prodi a la presidencia de la República italiana.

El trabajo comienza reconociendo los errores cometidos por el PD en la última campaña electoral (2012-2013), demasiado estática y poco dada a propuestas. Visto con la distancia que ofrece el tiempo, al Partido le ha sobrado presunción de ganar y le ha faltado conectar con la gente. No ha sido una novedad: las últimas campañas electorales de la izquierda italiana se han caracterizado por la sempiterna división de su clase dirigente, las inútiles luchas interinas e intestinas y, sobre todo, por su incapacidad para presentar un proyecto político reformista y alternativo, que no se limitase solo a la demonización de Berlusconi. Hacía falta comprender el malestar social y económico de gran parte de la población.

En otro de sus libros, anterior a este, La rivendicazione della política, Civati subrayaba la desafección italiana respecto a los partidos, el malestar general hacia la clase política. Al mismo tiempo, tenía el gran mérito de subrayar que no se trataba de “antipolítica”, sino más bien de “demanda de otra política”, ambición de contar con una oferta nueva, diferente a la tradicional clase dirigente nacional. Al igual que en otros muchos países, los italianos nutren una profunda desconfianza hacía los partidos tradicionales y parecen dispuestos a caer en tentaciones “antisistema” de rebeldía ciudadana. Se evidencia una constante desafección hacía la democracia representativa y el sistema electoral. La desilusión de los ciudadanos conlleva un rechazo de esta política, un deseo por participar activamente, de ser promotores del cambio. Se trataba de un ensayo que reflexionaba sobre el Movimento 5 Stelle (M5S) y la necesidad de confrontarse con esta formación capaz de interceptar el clima ciudadano, su malestar y desilusión. Asimismo, en el libro, Civati subraya que a la pars destruens del partido no sigue una “constructiva”, la elaboración de una serie de propuestas concretas para cambiar el panorama socio-político nacional.

En este libro, Civati se muestra especialmente crítico con el actual ejecutivo de Enrico Letta: comparto plenamente sus críticas y creo que persiste la impresión de que se parece a una “restauración enmascarada”, a un Ejecutivo creado según la lógica democristiana del compromiso para preservar la inmovilidad italiana. Es inoportuno sacar a relucir conceptos como compromiso histórico o solidaridad nacional, o compararlo con la Grosse Koalition alemana: era aconsejable formar un gobierno diferente, que se hiciera eco del deseo de cambio de los ciudadanos y no apostara una vez más por el inmovilismo, por un gobierno de conservación más que de cambio. Y ahora, el actual Ejecutivo debería realizar de forma inmediata una serie de reformas improrrogables, en materia laboral, ley electoral, la Justicia…

Sabiamente Civati advierte del peligro de “decepcionar” aún más a los electores de izquierda, ya molestos con la decisión de pactar con Berlusconi y sus vasallos: desde las primarias de diciembre de 2012, el Partido ha conseguido “equivocarse” prácticamente en todo y puede resultar un grave error obviar esta fase política, archivar el último año sin digerirlo. Independientemente del resultado de las primarias y la amplia victoria de Matteo Renzi, el Partido debería abrir un periodo de reflexión y análisis crítico, sin fingir que se ha tratado de una “pequeña” crisis. Está en juego su identidad política y la fidelidad de sus votantes, ya que muchos militantes cuestionan su persistencia y ante un nuevo descalabro podrían decidir abandonar el partido. Al mismo tiempo, tal y como advierte Civati, el PD debe comprender los cambios de la sociedad italiana, saber escuchar a la calle y, a la vez, mostrarse capaz de sanear la fractura existente entre la dirigencia y la base del partido.

Debe prestar atención a los electores desilusionados, acercar las instituciones a los ciudadanos, renovar el partido y apostar por un grupo dirigente pragmático y políticamente preparado. Por eso, el nuevo PD no puede prescindir de la aportación de personalidades como el propio Civati o Fabrizio Barca. Sin abrir un debate crítico o una constructiva confrontación entre las diferentes posturas presentes dentro del partido (“Nel PD ci vuole confronto e conflitto, per decidere che cosa fare nei prossimi anni”), el PD sería condenado al gatopardiano “cambiar todo para que no cambie nada”, a fracturarse y escindirse como tantas veces ha sucedido en la historia de la izquierda italiana.

Ante el crecimiento de la desafección ciudadana, el partido debería instar a una mayor participación de sus votantes: su involucración no debe reducirse a la celebración de las primarias, ya que hace falta una mayor implicación. Se debe entablar una relación constante y progresiva con los electores. Y lo mismo sucede a escala nacional: la participación ciudadana no puede reducirse al momento electoral. Además, en Italia (y no solo aquí) se está difundiendo la percepción de la inutilidad del propio voto: ir a votar es un rito vacío, que se repite por hábito y no por convicción. Los ciudadanos demandan mayor participación, incluso algunos anhelan una vuelta a la plaza ateniense en versión electrónica. Es necesario un mayor protagonismo de los ciudadanos, implicarlos en las decisiones, escuchar sus necesidades y peticiones.

Probablemente el punto más destacado del libro es este: comprender la necesidad de crear un partido nuevo, que sea capaz de “conjugar la democracia representativa y la directa, individuando formas de participación a favor de sus propios electores que vayan más allá de la relación jerárquica y que permitan la participación al debate a aquellos que hasta ahora no han participado o no han podido hacerlo”. Esta invitación es válida para todas las formaciones políticas nacionales, no solo para el PD: todos los partidos deberían contar con menos centralismo democrático y más democracia de base (real y efectiva, no virtual), considerando el pluralismo un valor y el debate un valor añadido. Hacen falta partidos nuevos que ofrezcan respuestas claras y coherentes, que sepan confrontarse con la realidad nacional y conectar con los ciudadanos, más allá de la demagogia, la polémica o las promesas electorales. Asimismo, resultan cuestionables los partidos incapaces de rehuir la tentación de usar un lenguaje obsceno o de relatar listas de proscripción de periodistas críticos, o de atacar a la Magistratura cuestionando las bases de un Estado de Derecho. Los partidos italianos deberían replantear su identidad, refundar su modelo político (posiblemente mejorarlo), reflexionar sobre su acción y presentar propuestas concretas y eficaces en interés de la colectividad. Y, a pesar del creciente sentimiento antieuropeo existente en Italia, Civati aboga por “más Europa”, por una nueva política europea que intente dar sentido a esta Unión. La define una “lugar de iniciativa política”.

Concluyendo, tras enumerar algunas propuestas y reformas que llevaría a cabo para salir de la emergencia que aflige el país (como la reducción de los costes de la Publica Administración, la cuestión fiscal, la reforma de la ley electoral…), Civati invita a pasar “dalla promesse alle premesse” de algo nuevo, a la búsqueda de una identidad del centro-izquierda italiano, augurando un partido que se caracterice por “con parole più forti, un sogno cui ambire, un percorso piú coraggioso e dichiarato”. Y respecto al tan comentado tema de la antipolítica italiana, es cierto que asistimos a una situación paradójica donde a una elevada demanda de política le corresponde una oferta por debajo de las expectativas: por eso, el libro invita a no adecuarse a la resignación, a ofrecer una respuesta adecuada a esta demanda, introduciendo “percorsi che miscelino le istituzioni della democracia rappresentativa con gli strumenti della democracia diretta”. La rabia y la indignación generalizada deberían preocupar a todos los partidos italianos. Los ciudadanos merecen la respuesta de una clase política que tenga el coraje y la ambición de cambiar, que vaya más allá de las promesas y realice un cambio sustancial de la maltrecha Italia. La política italiana debería recordar las palabras de Enzo Biagi: “Se puede estar a la izquierda de todo, pero no del buen sentido”.

Por Andrea Donofrio
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