Los gigantes asiáticos y la desigualdad laboral mundial
domingo 11 de mayo de 2008, 21:22h
El progreso tecnológico, la expansión del comercio y la contratación internacional de servicios se han conjugado para ejercer nuevas presiones sobre los mercados laborales, presiones que se agudizarán durante las próximas décadas. La globalización brinda oportunidades para el crecimiento de las exportaciones y para acceder a una amplia gama de productos importados más económicos, lo que puede elevar el nivel de vida. Pero al crear un mercado laboral cada vez más integrado, impone costos de ajuste sobre grupos vulnerables puesto que presiona los salarios a la baja, disminuye la estabilidad en el trabajo e impone la necesidad de nueva capacitación y reubicación. En todos los países los salarios de los trabajadores no calificados aumentaron menos que los de los trabajadores calificados. Asimismo, los primeros han experimentado mayor dificultad para conservar sus empleos. Todo indica que estas tendencias seguirán en el futuro aumentando la desigualdad.
El surgimiento de China, India y otros grandes países como potencias manufactureras y proveedores de servicios al mercado internacional, presenta un desafío nuevo por su enorme “ejército de reserva” laboral. Si bien las repercusiones del aumento de las exportaciones de productos manufacturados de China e India son conceptualmente similares a las provocadas por el surgimiento de los tigres asiáticos hace más de una década, su enorme volumen agita hoy el fantasma de una mayor competencia. Las importaciones que los países de ingreso alto realizan de productos provenientes de países en desarrollo han aumentado desde menos de 15 por ciento del total en la década de 1970 a casi 40 por ciento en la actualidad. Y, lo que es más importante, se espera que la proporción aumente a más del 65 por ciento para el 2030. Este fenómeno somete a los trabajadores de los países ricos a la competencia de países con bajos salarios, y esa presión se intensificará aun más en el futuro. Pero además, también los países en desarrollo temen que las exportaciones de estos gigantes asiáticos inunden sus mercados, los eliminen del mercado internacional de exportaciones, les cierren los caminos hacia la diversificación de las manufacturas -un medio para alcanzar mayores niveles de crecimiento- y acaparen las inversiones extranjeras directas.
La contratación internacional de servicios (outsourcing) ejerce presiones similares. El éxodo de servicios previamente no comercializables a empresas ubicadas en los países en desarrollo pone en peligro los puestos de trabajo de los empleados dedicados a dichas actividades. Pero una visión más optimista de las tendencias futuras destaca dos factores positivos:
• El crecimiento de los mercados de China, India y otras grandes economías emergentes ofrece oportunidades para que otros países aumenten sus exportaciones. A medida que China e India aumenten sus exportaciones, deberán también incrementar su importación de insumos intermedios, energía, tecnología y bienes de capital. Impulsada por la demanda china, Asia fue la principal causa del crecimiento acelerado de las exportaciones de África y América Latina durante los últimos años de la década pasada y este nuevo siglo.
• En segundo lugar, cuando suben las exportaciones y el nivel de vida de estas economías emergentes, también aumentan los salarios (y se aprecian sus monedas), lo cual permite a los países de ingreso bajo dedicarse a actividades que requieren poca capacitación y que son dejadas de lado por los productores de las grandes economías emergentes. En China los salarios ya han subido con más rapidez que en muchos otros países en desarrollo, y se espera que esta tendencia, así como la valorización del yuan continúe en los próximos años. A pesar de esta visión más optimista, será en definitiva la respuesta concreta de cada nación a través de sus propias políticas lo que determine si estarán entre los que podrán aprovechar las nuevas oportunidades y mejorar sus niveles de vida o se ubicarán entre los que quedarán rezagados. Pero se necesitan políticas que amortigüen el costo de la mayor desigualdad salarial por los rápidos cambios que se producen en la demanda laboral. Los ingresos de los trabajadores calificados continuarán aumentando con más rapidez que los de los no calificados. La dinámica de la globalización hace necesario implementar políticas que apunten a compensar sus consecuencias negativas sobre los salarios y el empleo en las actividades afectadas por la creciente competencia internacional.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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