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¿Quién tiene más futuro, Rajoy, Rubalcaba o Mas?

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 26 de febrero de 2014, 19:46h
Muchos sociólogos consideran que la clave en las encuestas sobre el apoyo o rechazo a un Gobierno no depende tanto de la nota declarada, sino de su respuesta sobre las perspectivas futuras. Es decir, que si se puntúa al Gobierno con un cinco, pero se prevé que la situación económica va a mejorar, la nota debe ser corregida al alza. Y esto vale para el caso contrario.

Por eso merece la pena hacer preguntas sobre el futuro, más que opinar sobre el presente. Y en la España actual, caben algunas preguntas de interés.
¿Quién tiene más futuro, Rajoy o Rubalcaba? ¿Qué se ha percibido en este sentido en este reciente debate sobre el estado de la Nación?
Rajoy ha hablado de esperanza. Para algunos, prematuramente; para otros, exageradamente. Y para otros, objetivamente. Rubalcaba se ha regodeado con los problemas existentes. Para unos, con realismo; para otros, por vocación apocalíptica.

El problema aquí no es saber quién tiene razón, sino qué posición encarna cada uno en relación con el futuro de España. Porque la sensación que se transmitió es que uno cree en él, y el otro, por desconfiar del Gobierno, no encuentra ninguna razón para confiar en España.
Ése suele ser un punto débil de cualquier oposición. Está tan obligada a plantear un panorama negro (para que se deduzca que hay alternativa) que se olvida de dar las fórmulas para aclararlo. Y, en el concreto caso actual de España, con la percepción absolutamente instalada en la terrible oscuridad de la crisis, hacer de forense para diagnosticar que el muerto está muerto no aporta demasiada simpatía.

La cuestión para Rubalcaba, desgraciadamente para él, es que lo secundario en su discurso era hablar del futuro de España para ofrecérselo a los españoles, y lo principal era intentar tener un hueco en su futuro personal en el liderazgo socialista. Por eso no podía ganar un debate a Rajoy; sólo, tal vez, a los otros aspirantes de su partido.

Ese problema no lo tiene Rajoy. El reto de éste es bien otro: convencer a los españoles de que se puede salir de la crisis y se puede frenar la histérica cuestión territorial. Y estoy por apostar a que si se le pregunta ahora a los españoles, muchos más creerán en la facilidad de lo primero, la recuperación económica, que de lo segundo, el desafío nacionalista.

Pero utilicemos la misma metodología: ¿Quién tiene más futuro, Rajoy o Mas? O, ¿qué tiene más futuro, la unidad de España o la separación de Cataluña?
Me ha sorprendido que a alguien le haya sorprendido el discurso de Rajoy sobre el desafío independentista. Lo lleva diciendo mucho tiempo: No habrá referéndum, es ilegal. Él está sometido a la ley y no puede vulnerarla. Su obligación y su deseo es atender las necesidades del pueblo catalán, precisamente por español. Cataluña es España desde hace siglos, y está imbricada por historia, tradición, por lazos de sangre… y por conveniencia. Porque juntos somos más fuertes o, dicho en palabras de Rajoy en este debate, “no es la prosperidad lo que nos une, es la unidad lo que nos hace prósperos”, en ajustada sentencia, aunque sonara un poco zapateresca.

Esto ha sostenido Rajoy desde el comienzo, aunque algunos lo saludan como un gesto de firmeza. Pero, para otros, de nada vale, porque sería un planteamiento inmovilista. Pero ¿hacia dónde quieren que se mueva Rajoy? ¿Qué quieren que ofrezca?

Es interesante que todos los gurús de la solución del problema generado por estos reconvertidos independentistas no hagan más que pedir a Rajoy que mueva ficha, pero ninguno dice qué ficha hay que mover. ¿Dinero, por ejemplo? ¿Cuánto dinero? ¿Qué pacto fiscal? ¿Qué repliegue legislativo, el de la Ley de Educación o cualquier ley española? ¿Hay que cambiar la Constitución para contentar a los que no quieren ninguna Constitución si es de España?
Nadie aclara qué parte de los pantalones tiene que bajarse Rajoy para satisfacer la pasión adolescente del independentismo de Mas. Aunque todos estos amantes del “diálogo” coinciden en que hay que bajarse los pantalones, porque a Mas no se le puede pedir que lo haga, pues ninguna racionalidad se espera ya del dirigente separatista. Como mucho, la posibilidad de que se amanse la fiera si se le da algo de comer, aunque ya todos sospechan que la fiera tiene su carácter, como el escorpión sobre la rana, y no puede evitar clavar el aguijón aunque se ahogue.

Vayamos pues al futuro: ¿Quién ganará en esta cuestión? ¿El separatismo y la fractura o la unidad nacional? ¿Quién tiene más futuro, Mas (o Junqueras) o Rajoy? Esa respuesta tiene la clave del proceso, no zozobra actual, la que tiene inquietos a dirigentes políticos, empresariales y hasta a muchas familias divididas, especialmente en la propia Cataluña.

No sé si servirá de algo, pero hay que decir que hasta ahora, los inversores económicos en España parecen bastante tranquilos, y no lo estarían si creyeran en un triunfo de los independentistas. Y los turistas también están tranquilos, luego no preven conflicto. Y la gente sigue yendo a Barcelona como si nada. Y seguimos consumiendo en España productos catalanes, faltaría más. Y el Estado aporta su Fondo de Liquidez y avala la deuda catalana. Y el Gobierno respalda sus Congresos y sus trenes, que son de todos. Y las instituciones financieras catalanas siguen teniendo un negocio solvente y respetado en toda España. Y lo mismo sus grandes compañías y muchas otras empresas. Y el Barça, que es lo realmente importante, no parece tener grandes problemas con los árbitros, que ya le gustaría a Mas, para ser más víctima, si cabe.

Y el Príncipe pasea por allí, aunque sea sólo para demostrar que los independentistas catalanes no sólo han perdido la razón, sino lo que es peor: la educación. Y ya se sabe que sin educación no hay futuro.

Y, por cierto, yo no sé cuánto de Borbón tiene el Príncipe. Pero el desplante del empresario independentista Fenoll, y lo que es peor, el regocijo de Mas ante la escena, es cosa que a un Borbón no se le hace.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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