Responsabilidad de la OEA ante Venezuela
viernes 28 de febrero de 2014, 07:03h
Resulta preocupante que la Organización de Estados Americanos (OEA) haya suspendido la sesión extraordinaria convocada para contribuir a que la ola de protestas contra el Gobierno de Nicolás Maduro y su represión a través de grupos paramilitares desemboque en una explosión social irreversible. Es desalentador que la OEA haya cancelado la cita con una argumentación tan pobre y sospechosa como es anularla “por motivos administrativos.” Los 13 homicidios políticos y los cientos de heridos provocados por la coacción violenta gubernamental contra protestas legítimas de unos ciudadanos enfrentados a circunstancias difíciles de soportar, se perfila sólo como un preludio de una confrontación de mayores e imprevisibles proporciones en una Venezuela profundamente dividida por la política chavista. Si los acontecimientos desembocan finalmente en ese escenario, las consecuencias no quedarán reducidas a las fronteras venezolanas, sino que repercutirán de forma inexorable en todos aquellos países de la región. Y lo harán con consecuencias muy desestabilizadoras que a ninguno de ellos les puede interesar.
Fue Panamá quien solicitó con urgencia la intervención de la OEA con el propósito de que este organismo influyese en enfriar ese barril de pólvora que el gobierno de Maduro amenaza cada día con hacer estallar de un modo más irracional y descontrolado. Todo hace pensar que el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, se ha plegado a la ofensiva diplomática del gobierno chavista, iniciada por el canciller venezolano Elías Jaua con su visita a Evo Morales en La Paz, y que proseguirá con sucesivas entrevistas con otros gobiernos afines, portando el delirante argumento de que una reunión de la OEA formaría parte de una estrategia internacional a favor de un golpe de Estado en Caracas. Ante afirmaciones tan desatinadas, el Parlamento Europeo ha dado en Estrasburgo la respuesta más coherente a la situación, al condenar la persecución política del chavismo contra los opositores, señalar como inadmisible la censura ejercida contra los medios de comunicación que informan sobre los hechos y defender la licitud de marchas pacíficas de la población que deben ser respetadas dentro de las reglas de juego democráticas y no tiroteadas por organizaciones paramilitares. Pero es sin duda la Organización de Estados Americanos la institución más indicada para deliberar estas cuestiones y ponerle límite, como el foro político regional creado precisamente para fortalecer la paz y consolidar la democracia. Su Secretario general no debería ceder ante la intimidación diplomática de Caracas y facilitar una convocatoria en beneficio de toda la región afectada.
Mientras tanto, la probada incompetencia de Maduro sigue añadiendo presión a una tesitura tan deteriorada. Su última ocurrencia ha sido adelantar dos días los Carnavales con el ingenuo propósito de que las fiestas populares oculten mágicamente los insostenibles problemas que han originado el levantamiento de la ciudadanía. Serán los Carnavales más largos de la historia de Venezuela. Esperemos que este Carnaval de Maduro no desemboque en un Carnaval siniestro.