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Fukushima aún es un problema

miércoles 12 de marzo de 2014, 00:06h
Japón intenta pasar una de las páginas más dolorosas de su historia, cuando se cumple el tercer aniversario de la terrible catástrofe que supuso el binomio terremoto-tsunami, y que arrasó un tercio del territorio. El carácter nipón, junto al nivel de desarrollo del país han sido piezas fundamentales para que la recuperación del desastre haya sido casi modélica. A día de hoy, sin embargo, uno de los asuntos más preocupantes sigue siendo el estado de la central nuclear de Fukushima. Sus niveles de radioactividad distan mucho de estar bajo control, pese al empeño de autoridades y técnicos.

Hasta ese momento, las centrales nucleares japonesas se contaban entre las más seguras del mundo. De hecho, muchos países revisaron de inmediato su política nuclear para adaptarla a los parámetros nipones, señal inequívoca de que las cosas se habían hecho de acuerdo a criterios solventes. Japón es el único país donde las centrales nucleares se construyen para soportar terremotos de 7,5 grados -el que aconteció hace ahora tres años alcanzó los 9 grados-; un terremoto de esta gradación es ya de por sí muy importante. Además, cuentan con un sistema de apagado automático ante eventualidades como la del pasado 11 de marzo. Así las cosas, de las 55 centrales nucleares niponas, sólo en la de Fukushima hubo problemas de consideración. Además, apenas una veintena de los casi 16.000 muertos contabilizados tras la catástrofe lo fueron por la acción directa de la radiación.

Resulta evidente que ahora no es demasiado popular defender la energía nuclear, pero convendría separar lo que fue un incidente puntual ocasionado por uno de los mayores desastres naturales de los últimos tiempos de la tónica general. Y esa tónica general refleja normalidad, seguridad y utilidad, conceptos que deberían estar más presentes en el debate energético.
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