Álvaro Uribe en el Congreso colombiano
sábado 15 de marzo de 2014, 09:43h
Las recientes elecciones legislativas al Congreso de Colombia, en las que se elegían a los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, más a los delegados en el Parlamento Andino, venían despertado una expectación que rebasaba a la de cualquier otra cita electoral celebrada antes en el país hispanoamericano. La expectación era plenamente comprensible no solo por el hecho de que por primera vez en la historia moderna de la nación un expresidente se presentara como candidato al Congreso, sino por las características muy especiales de ese expresidente y su posición frente a la política del actual mandatario de la República, Juan Manuel Santos, sobre todo en un tema tan sensible como es el del terrorismo. Quien se postulaba es Álvaro Uribe con su partido Centro Democrático, fundado y liderado por él hace apenas un año, y que es hoy el mayor opositor a Santos, que en su día fue ministro de Defensa del Gobierno de Uribe y se presentó a las elecciones de 2010, que ganó, como candidato del uribismo y su Partido de la U, al no estar permitido que un presidente optara a un tercer posible mandato, como hubiera sido el caso de Uribe.
Los resultados electorales confirman que el duelo Santos-Uribe amplía ahora el marco al trasladarse al Congreso, lo que le otorga una mayor trascendencia. Aunque el Partido de la U, hoy de Santos, y el conglomerado de formaciones que lo apoyan siguen teniendo el control, la entrada de Uribe y de su Centro Democrático supone un nuevo escenario y un toque de atención para Santos, enfrascado en obtener a toda costa unos acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la mesa de negociación que se desarrolla en La Habana. Y es precisamente este asunto el que le ha hecho perder votos y apoyos en estos comicios legislativos y ha dado protagonismo a Álvaro Uribe, contrario a la negociación. Porque Santos quiere que el próximo mayo ya se hayan alcanzado esos acuerdos con la guerrilla al haber ligado un referéndum sobre ellos con su candidatura en los comicios presidenciales a celebrar ese mes. De esta forma, quiere pedir su voto a los colombianos con el as de aparecer como el artífice de la paz.
Santos repite que la mayoría de los colombianos desea la paz, cansada la ciudadanía de un conflicto largamente enquistado. Y puede ser así. Pero no a cualquier precio, como parece desprenderse de las actuales conversaciones, donde algunos puntos de capital importancia no se abordan ni explican con trasparencia. Como la posible creación de circunscripciones especiales donde los guerrilleros obtendrían escaños regalados para la Cámara de Representantes, al margen de los votos que puedan obtener. Y lo que es más espinoso y sangrante, si cabe, la posibilidad de que no pocos de los crímenes de las FARC queden impunes. Opciones que ataca frontalmente Uribe y con él los millones de colombianos que le acaban de dar su confianza en las urnas para que las negociaciones de La Habana no terminen convirtiéndose prácticamente en un cheque en blanco para los guerrilleros que tanto dolor y destrucción han provocado en su país. En lo mucho que está en juego, la vuelta con notable fuerza de Álvaro Uribe al primer plano de la política colombiana es un hecho a tener muy en cuenta.