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Europa, a punto

Juan José Solozábal
martes 18 de marzo de 2014, 20:14h
Es admirable que alguien en la actual coyuntura, con graves denuncias sobre el desgarramiento Institucional de la Unión, al arbitrarse mecanismos de intervención económica al margen o casi de la Constitución, con la presencia de un número creciente de fuerzas antieuropeas, y frecuentes quejas sobre la irrazonabilidad y prepotencia del hegemon alemán, haya podido escribir un volumen esperanzado, de la entidad y penetración de este, sobre Europa y su futuro. Me refiero al libro que ha escrito Luuk van Middelaar, “El paso hacia Europa”. Van Middelaar que es el jefe del gabinete del presidente del Consejo europeo Van Puy no es un jurista ni un politólogo sino “un filósofo e historiador de la política”. El libro tiene más de seiscientas páginas que, a pesar de su brillantez, no son fáciles de leer. Digamos que el prisma preferido en el ensayo es el histórico, pero el autor no presenta un mero desarrollo de acontecimientos ni se limita a constatar el diverso y cambiante diseño institucional que la Unión ha ido asumiendo desde los tiempos de las Comunidades.

Hay en todo el proceso de construcción europea desde los tiempos fundacionales de los seis a la actual situación de veintiocho miembros una constante de fondo, un impulso político diríamos, y otra continuidad de forma, que tiene que ver con el protagonismo de los estados. El impulso político, el secreto de Europa, es sin duda su voluntad de, a partir de los datos geográficos compartidos por sus miembros, devenir un cuerpo político en una evolución prolongada. “La aventura de convertir un continente en una Unión, aunque impulsada por crisis y dramas, es un proceso lento que a menudo ha tomado derroteros que nadie había previsto”. Como forma política la Unión presenta dos problemas, principalmente. Necesita actuar en la escena pública en forma identificada y reconocible, como verdadero sujeto, dice Van Middelaar citando a Arendt, “tangible en palabras que puedan oírse, en hechos que pueden verse y en acontecimientos de los que se habla, que se recuerdan y se convierten en relatos antes de incorporarse finalmente al gran libro de la historia humana”. Entonces se tratan cuestiones como los símbolos de la Unión, la moneda, la bandera, las encuestas sobre la conciencia europeísta de los ciudadanos, y demás instrumentos para configurar una opinión pública europea. El otro problema es el de la legitimación que según Van Middelaar se puede hacer en términos de identificación cultural, esto es el discurso alemán, o en términos pragmáticos (o romanos) o políticos (al modo griego) de participación política. El lector de la mano del autor puede hallar un balance de algunas políticas pragmáticas como la de la agricultura o una evaluación bien interesante sobre los beneficiarios de la ciudadanía europea, con efectos suma cero entre los extranjeros favorecidos por la libre circulación y los nacionales perjudicados por la competencia que acaba con sus ventajas laborales o económicas.

Pero señalaba un poco más arriba que lo que da coherencia al relato de nuestro autor es el papel que confiere a los estados miembros en la Unión.

Acertadamente Luuk Van Middelaar revela la imprescindibilidad del estado en la Unión, se trate de su contribución constitutiva, funcional o de legitimidad. Aunque pueda especularse lo que se quiera sobre la merma de los poderes del estado por la transferencia de competencias a la Unión, Van Middelaar está de acuerdo con el historiador británico Milward que la Comunidad no significó el final del estado-nación sino su salvación, atribuyendo una nueva función a los viejos estados y potenciando por tanto su posibilidades. Si se contempla la Unión desde un punto de vista jurídico sólo la colaboración de los estados permite la garantía de un estándar uniforme de cumplimiento de la ley comunitaria, expuesta de otro modo a la caprichosa variedad de las entidades subestatales. Pero lo que resulta interesante es la apuesta que hace Van Middelaar, en la crisis institucional de la Unión, cuando se denuncia su déficit democrático, por el Consejo frente al Parlamento como institución verdaderamente representativa. La actual situación económica muestra la necesidad que tiene la Unión de un verdadero gobierno, capaz de tomar decisiones efectivas, que es lo que hacen los ejecutivos para hacer frente a las necesidades, más graves y apremiantes, de la comunidad. El respaldo democrático de los gobiernos que actúan en el Consejo es más claro y visible que el que pudiese representar una Comisión que respondiese ante el Parlamento europeo. Así no es tan paradójico que desde hace treinta años los votantes muestren cada vez menos interés por el Parlamento, mientras que formalmente su poder ha aumentado de modo considerable en el mismo período, por no referirnos al hecho de que en las elecciones europeas no se vota en base a temas europeos sino según lo que los ciudadanos votan en las elecciones nacionales. “Los politólogos hablan, dice Van Middelaar , de “elecciones de segunda categoría”. Son sobre todo los jefes de gobierno y de estado los que dan verdadera visibilidad al sujeto político que es Europa en cuyo marco, en el Consejo, actúan. Aunque la rutina ordinaria corre a cargo del ámbito interior de la Unión, en especial ese ejército disciplinado de funcionarios que instituyesen los burócratas franceses fundadores como Monnet y Schuman, han sido los grandes líderes nacionales, los de Gaulle, Thatcher, Brandt o Merkel, los que toman impulso en cada nuevo jalón de la historia de la Unión. Sabiendo además que el tablero europeo está muy relacionado con la arena política nacional (los malos resultados de De Gaulle en las elecciones presidenciales de 1965 se atribuyen a su política europea ; y Thatcher fue depuesta en 1990 en un golpe palatino también por su empecinamiento anticomunitario).

Conviene decir que este libro está escrito por alguien que domina los vericuetos de la organización comunitaria, que es capaz con igual soltura de moverse en diferentes registros (por ejemplo el legal con una idea bien clara de lo que supone que la Unión sea una verdadera comunidad jurídica capaz de asegurar a su derecho la eficacia directa y la primacía), y con un conocimiento muy grande también de la política de la Europa de la posguerra, descrita desde la perspectiva del protagonismo estatal, pero contada por alguien que para la fortuna del lector no pertenece a ninguna gran potencia, como holandés que es el autor. Un libro les decía, entonces, imprescindible.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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