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Crónica de América

Un nuevo tiempo político en Perú

jueves 20 de marzo de 2014, 15:26h
La crisis abierta a propósito de las injerencias de Nadine Heredia, esposa del presidente de Perú, Ollanta Humala, en las decisiones gubernamentales ha sido el “casus belli” que abre un nuevo tiempo político en el país hispanoamericano, tras el que se esconden ambiciones presidenciales, investigaciones sobre narcoindultos y luchas por la amnistía a Fujimori. Por Rafael Fuentes
A principios de semana, la gobernabilidad de la República de Perú se vio en el alero después de una cadena de crisis de los Gobiernos propuestos por el presidente Ollanta Humala que ha tenido su origen -y también, en gran medida, su pretexto- en la intromisión política de la esposa de Humala, Nadine Heredia, con una capacidad de influencia muy superior al estatus de Primera Dama del país. Una injerencia que ha irritado a los Gabinetes del propio Ollanta Humala y a los partidos de la oposición, quienes solo en el último instante han frenado una disolución del Congreso y han mantenido en una situación de falta de legitimidad las acciones del nuevo Ejecutivo. En el trasfondo de esta enérgica reacción contra las actividades de la Primera Dama Nadine Heredia se encuentra la lucha por el poder presidencial, que ha recibido el pistoletazo de salida con el vértigo de esta crisis aunque las elecciones estén previstas para el 2016. Según lo vivido estos días, la confrontación por las presidenciales en Perú se presenta bronca y desprovista de cortesías.

Nadine Heredia, motivo aparente de la desestabilización recién experimentada, ocupa el cargo de presidenta del Partido Nacionalista Peruano, organización fundada por ambos y que sustenta en la presidencia a su esposo Ollanta Humala. Heredia Alarcón posee una incuestionable formación política y un sólido discurso dentro de una izquierda reformista. Doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de la Sorbona de París, y con diversas maestrías universitarias en Sociología y Ciencias de la Comunicación, su asesoramiento fue decisivo para que su esposo Humala ganara las elecciones presidenciales al corregir su inicial perfil chavista y moderarlo con arreglo al pragmatismo de Lula en Brasil, o la primera legislatura de Bachelet en Chile. A partir de ese instante, las intromisiones de la Primera Dama en la acción de los Gobiernos peruanos ha sido cada día más evidente, elevando su popularidad y protagonismo, a la vez que generaba una no menor crispación en las instituciones republicanas.

Un hecho que no ha sido negado desde sus propias filas. Es célebre el reconocimiento implícito de su poder en la presidencia a través de las declaraciones del secretario general de la oficialista central sindical Confederación General de Trabajadores de Perú, Mario Huamán, cuando proclamó: “Nadine está cambiando, y por lo tanto lo está jalando a Humala a la derecha. Se hablaba que era la más progresista y eso tiene que verse en los hechos concretos, y no hay hechos concretos.” Palabras que daban por sentado que la orientación política la marcaba Nadine y no el presidente Humala.

La tensión alcanzó el pasado año un grado institucional cuando el jefe de Gobierno, César Villanueva, presentó su dimisión solo tres meses después de haber sido nombrado, acusando a Nadine Heredia Alarcón de entrometerse en decisiones del Gabinete relacionadas con la normativa del salario mínimo. Las declaraciones de César Villanueva fueron claras pero comedidas. En una entrevista concedida a “Peru21”, Villanueva señaló que le inquietaba la fragilidad de las instituciones republicanas y que la toma de decisiones de Nadine debilitaba aún más esas instituciones con un personalismo cuyo poder no provenía de las urnas: “Puesto en la cancha, comprobé, verifiqué algo que me preocupa en todo el país: su institucionalización. Ha sido maltrataba la institucionalidad, la nación, el país. Los nombres no importan, importa lo que está pasando. Un país es confiable si su sistema de gobierno está institucionalizado. Si eso no sucede, puedo sacar de la manga cualquier decisión.”

La familia de Ollanta Humala no fue tan comedida y argumentativa. El padre del presidente, Isaac Humala, opinó contundentemente que Nadie Heredia no se entrometía, sino que era la persona que ejercía realmente el poder en el país. Nadine no quiso polemizar con su suegro, razón por la cual este volvió a arremeter con dureza contra ella en unas segundas declaraciones televisadas a todo el país. Refiriéndose a su nuera, calificó de “indecente” el papel que venía ejerciendo la Primera Dama, y apostilló: “Ya no es una loca del poder, es una loca de atar.” Después de proclamar el dominio de Nadine sobre su hijo Ollanta, tampoco tuvo palabras corteses para este: “Ya desconozco a mi hijo, de Humala solo es por el apellido. Estamos bajo el Gobierno de Heredia, Humala ya no tiene nada que hacer. Está tratando a la gente no como Humala, sino como Heredia, como papel higiénico.”

En este contexto, el pasado 25 de febrero Humala hubo de proponer un nuevo Gabinete, con un nuevo primer ministro, René Cornejo, que debía conseguir el refrendo del Congreso el pasado viernes 14 de marzo de 2014. La artillería familiar de los Humala no dio tregua, esta vez por boca del propio hermano del presidente Ollanta, Ulises Humala, quien volvió a atacar a Nadine con duras palabras donde afirmaba que su hermano, el jefe del Estado, solo ostentaba los galones de comandante, pero quien de verdad gobernaba era su cuñada Nadine: “Todo el mundo reconoce que la señora Nadine tiene un poder no solo desmesurado en el Gobierno, sino ilegítimo porque ese poder no nace de las urnas.” Consideraciones que abarcaban al nuevo Gobierno, aún no refrendado por los congresistas: “René Cornejo es un ministro amansado por Nadine Heredia, ya está domesticado por ella. Conoce el estilo de trabajo del presidente, es decir, que todo tiene que pasar por Nadine.” Sus conclusiones resultaban un severo varapalo al naciente nuevo Ejecutivo: “Todos los ministros ahora tienen más temor que nunca a Nadine porque ven que la que verdaderamente ejerce el poder en el país es ella y no el presidente y menos el primer ministro. Mi hermano solo porta los galones, pero no ejerce autoridad.”

Descalificaciones tan ásperas son compartidas por toda la oposición, de modo que el pasado viernes se produjo el hecho inédito e imprevisto de que el Gabinete de René Cornejo no obtuvo la confianza del Congreso, después de llevar casi un mes de gobierno de la nación, con 41 votos a favor, 6 en contra y 73 abstenciones en protesta por las injerencias de Nadine Heredia. Se abría una sima política de imprevisibles consecuencias, incluyendo la disolución del Congreso y una precipitada convocatoria electoral. Todas las alarmas se encendieron y los riesgos de una crisis institucional se hicieron muy patentes.

En realidad, la supuesta intromisión de Nadine Heredia se inscribe dentro de una tradición cada vez más extendida en Hispanoamérica y con reconocidas raíces en el Perú. El antecedente mítico de Eva Perón en Argentina, con la posterior réplica en Isabel Perón, ha tenido innumerables imitaciones en la política hispanoamericana más reciente, donde la cónyuge asume parte del poder adquirido en las urnas por el esposo. Algo similar sucedió con Cristina Fernández en los primeros Gobiernos de Kirchner y ahora mismo con Rosario Murillo en Nicaragua como esposa de Daniel Ortega. No solo el ejercicio del poder, sino el salto a los comicios con el fin de que la presidencia se mantenga en el ámbito familiar. Es el caso de Xiomara Castro en Honduras, para sortear los obstáculos que se interponían en la vuelta al poder de Manuel Zelaya. O más aún la peripecia de Sandra Torres en Guatemala, que tomó la decisión de divorciarse del presidente Álvaro Colom, para eludir el impedimento constitucional que prohibía al cónyuge presentarse a la elección presidencial. Para unos, este fenómeno está provocado por unas sociedades eminentemente patriarcales donde el acceso al poder de las mujeres requiere el amparo y el parentesco con un varón con potestad para elevarla. Para otros, es un síntoma de fragilidad institucional que hace vulnerables a los organismos oficiales al personalismo de los “matrimonios presidenciales”. El propio Ollanta Humala, antes de la actual crisis, no dejó de admitir que su presidencia se apoyaba en un “gobierno de familia”.

Con la singularidad, no obstante, de que la creciente ascendencia de su esposa Nadine Heredia ha salido de un ámbito de estabilidad política, para entrar en otra fase donde su actuación se ha convertido en el pretexto para ventilar otras cuestiones de mayor calado en la escena peruana. Aún con el abismo institucional abierto, el pasado fin de semana el escritor Mario Vargas Llosa entró vehementemente en liza para sacar al debate político los asuntos solapados que se estaban ventilando a través de la figura interpuesta de Nadine Heredia. El autor de “Conversación en La Catedral” señaló los intereses del APRA de Alan García y del Partido Fuerza Popular, encabezado por Keiko Fujimori, como verdaderos instigadores de una situación que podría desestabilizar la democracia en Perú, en declaraciones televisivas a la ATV de gran impacto nacional. El Premio Nobel de Literatura acusó a Alan García de jugar una partida maquiavélica con el caso de Nadine Heredia dirigida a chantajear a la presidencia con el fin de neutralizar la Megacomisión que está investigando los “narcoindultos” concedidos bajo su mandato. Alan García, al frente del APRA, aspira a obtener la presidencia en 2016, y tanto la popularidad carismática de Nadine Heredia como los dictámenes de la comisión sobre los “narcoindultos” pueden frustrar esa tercera presidencia tan deseada. Por su parte, el objetivo último de Keiko Fujimori, por la vía de ganar las elecciones o por la estrategia de forzar un gobierno de coalición, no es otro que obtener el indulto del golpista Fujimori y sacarlo de la cárcel aduciendo motivos humanitarios. Para Mario Vargas Llosa estas son las razones de fondo para una maniobra tan irresponsablemente desestabilizadora en el Congreso.

No solo el Premio Nobel recolocó el debate, sino que los agentes económicos han actuado con celeridad. Perú se está convirtiendo en el segundo país con mayor crecimiento de toda Hispanoamérica, pero sus expectativas tienen que afrontar la alta volatilidad de las entradas de capital, muy vulnerables a desaparecer en el caso de una desestabilización política. Todo ello forzó a que este lunes 17 -ya martes 18 en España por la diferencia horaria-, se realizase una segunda votación en el Congreso que rectificó la del viernes y concedió su confianza al Gobierno de René Cornejo. Estos días la rectificación está siendo saludada como un acto de responsabilidad y una vuelta a la cordura política. La estabilidad institucional se ha salvado a los puntos. Sin embargo, las conclusiones indican que todo ha cambiado en el tablero político peruano. René Cornejo ha sido acusado de obtener sospechosas licitaciones de obras cuando ya era ministro de la Vivienda. Las razones de fondo de la crisis, ni tampoco su motivo formal, han alcanzado ninguna resolución, mientras la presidencia de Ollanta Humala ha mostrado su enorme vulnerabilidad parlamentaria. Todo ello ratifica que la crisis recién vivida abre un nuevo tiempo político en Perú, con las presidenciales como telón de fondo.