El TC enseña el camino a Artur Mas
jueves 27 de marzo de 2014, 10:01h
La sentencia en la que el Tribunal Constitucional echa por tierra la declaración de soberanía del Parlament es demoledora. Llama la atención, además, la unanimidad con que ha sido dictada, rara avis en el TC y que no deja lugar a dudas de lo claro que lo han tenido los magistrados a la hora de vestir jurídicamente lo que para muchos era ya una realidad tangible: el órdago secesionista lanzado por el nacionalismo catalán no tenía fundamento legal alguno.
El TC ha sido muy claro a este respecto. En la segunda parte del fallo, a propósito de la declaración del Parlament según la cual “el pueblo de Cataluña tiene carácter de sujeto político y jurídico soberano”, el TC declara la idea de la consulta “nula e inconstitucional”, por cuanto el pueblo catalán no es titular exclusivo de una soberanía que reside en la totalidad del pueblo español, y no sólo en una parte del mismo. Basta con una lectura de los artículos 1 y 2 de la Constitución para ver la fundamentación jurídica de este argumento.
Además, asevera el TC que “en el marco de la Constitución, una Comunidad Autónoma no puede convocar unilateralmente un referéndum de autodeterminación para decidir su integración en España”. Lo cual no obsta para que aquella formación política que quiera plantear el derecho a decidir pueda hacerlo si así lo estima oportuno; eso sí, dentro de los cauces legales para ello -con una consulta de ámbito nacional y reforma de la Carta Magna incluidas-. Todo lo demás son excusas de mal pagador: los titulares de La Vanguardia y El Periódico referidos a que el “TC niega la soberanía a Cataluña” o la “catalanofobia” o “politización del órgano” que a juicio de CIU rezuma el TC. En una palabra., todo lo que sea continuar por la senda del órdago secesionista es nulo de pleno derecho.
La interpretación de la sentencia es aproximadamente al revés de la que hacen los nacionalistas; e incluso la que deberían hacer, si son coherentes con su propio punto de vista. El alto Tribunal dicta una sentencia exclusiva e impecablemente jurídica. La política la ponen los nacionalistas al romper ilegal y unilateralmente la unidad del conjunto de la ciudadanía como sujeto de soberanía, para atribuírsela sólo a una parte.