El déficit y la deuda siguen sin control
sábado 29 de marzo de 2014, 16:35h
El conjunto de las Administraciones Públicas cerraron el año pasado con un déficit del 6,62 por ciento, 1,2 décimas por encima del objetivo marcado por la Unión Europea. Es un desvío muy pequeño que, además, podría quedarse en nada, como se ha apresurado a adelantar el ministro de hacienda Cristóbal Montoro, en cuanto se revise al alza el PIB del pasado año. El Gobierno, según este relato, ha cumplido con sus compromisos, y la política adoptada en estos dos años ha sido la correcta o, al menos, ha estado entre las que se podrían considerar adecuadas. “Podemos afirmar que España ha cumplido con el objetivo de déficit en un año de recesión”, ha dicho ufano Montoro.
Pero también hay otras consideraciones que no podemos dejar de lado, y que dejan la interpretación que hace el Gobierno de los datos en poco menos que una caricatura. El déficit del Estado ha superado el 5,2 por ciento que le correspondía, y ha alcanzado el 5,5 por ciento. La Ley de Estabilidad Presupuestaria se creó para tomar las riendas de las cuentas autonómicas, pero Montoro, que es político más en el mal sentido de la palabra que en el bueno, abrió la mano a que las regiones cumpliesen objetivos distintos. Y el resultado es que han cerrado con un déficit conjunto del 1,54 por ciento, y no el 1,3 buscado. Las buenas noticias proceden de los ayuntamientos, que han cerrado con un déficit de más de 4.000 millones de euros.
Pero hay más. Este déficit es sólo tres décimas inferior al del año pasado. No hemos avanzado prácticamente nada en un año. Es más, si se cuentan las ayudas a la banca, y desde el punto de vista de la deuda del Estado cuentan exactamente igual, el déficit es aún del 7,08 por ciento. Este dato será el que se incluya en Eurostat, aunque para el procedimiento de déficit excesivo se tenga en cuenta el otro, del 6,62 por ciento. Todo ello es más descorazonador si recordamos que el primer objetivo para 2013 era del 4,5 por ciento.
En definitiva, la subida de los impuestos, la mayor de la historia de la democracia, no ha servido para que el Gobierno cierre el agujero fiscal que aún se mantiene. Y ha contribuido a hundir la economía en la recesión, y retrasar la recuperación económica primero, y fiscal después. Esa subida de impuestos, además, ha permitido al Gobierno evitar entrar en una reforma verdadera del gasto y de los servicios públicos. En definitiva, el Gobierno y, en particular, el ministro Montoro tienen poco de que presumir, mientras la deuda del Estado, esa que sí es de todos, sigue creciendo.