www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CRÓNICA DE AMÉRICA

Golpe de Estado chavista contra el Parlamento

domingo 30 de marzo de 2014, 09:27h
La Corte de Apelaciones de Caracas acaba de rechazar este viernes la excarcelación del líder opositor de Voluntad Popular (VP), Leopoldo López, que seguirá siendo un recluso político. Es el último varapalo chavista a la soberanía nacional, que pasa por la destitución de alcaldes democráticamente elegidos que no se pliegan a las órdenes tiránicas dictadas desde Caracas y que tiene su episodio más inadmisible en la expulsión de la diputada Corina Machado del Parlamento venezolano.
El poder absoluto concentrado en la figura caudillista de Hugo Chávez ha quedado fraccionado a su muerte en varios personajes cada día más grotescos representados en primer término por Nicolás Maduro y en un segundo plano por el estrambótico presidente de la Asamblea Nacional, el capitán Diosdado Cabello, con una aún menor preparación intelectual que el propio presidente del país y con unos modos de ordeno y mando absolutamente impresentables y más próximos a los de un patán que a los de un representante público. Es el capitán Cabello, con un estilo esperpéntico que dista muy poco del “Tirano Banderas” valleinclanesco o “El Señor Presidente”, de Miguel Ángel Asturias, quien se ha arrogado la potestad de prohibir la entrada a la Asamblea de la diputada opositora Corina Machado y decretar la extinción de su inmunidad parlamentaria. Corina Machado accedió a su cargo en la Asamblea en virtud de los votos obtenidos en las últimas elecciones y en representación de los ciudadanos que la respaldaron. El atropello consumado contra Corina Machado supone un auténtico golpe de Estado en el Parlamento venezolano y un flagrante agravio a la soberanía nacional que no debería quedar sin una severa respuesta internacional.

PIE DE FOTOLos detalles de esta violación de cualquier principio de legalidad son verdaderamente escabrosos. El capitán Diosdado Cabello ocupa su puesto en la presidencia de la Asamblea ilegalmente. La ley venezolana prohíbe que un mando militar pueda ostentar ningún cargo parlamentario. El chavismo preparó la farsa de que este oficial de baja graduación, con el grado de teniente, impusiera una mordaza a la vida parlamentaria fingiendo una renuncia a su condición militar. Una burda maniobra que quedó desenmascarada cuando ha recibido su ascenso a capitán como miembro de la Fuerza Armada Nacional en el ejercicio de su potestad en la Asamblea, lo que legalmente tendría que haber supuesto su inmediata destitución. Poca cosa en términos de atropellos legales si tenemos en cuenta casos como el del diputado chavista por el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), Abdel el Zabayar, que desde el año pasado se incorporó a las tropas sirias que defienden al genocida dictador Bashar al-Assad sin perder su condición de diputado tal como estipula la legislación venezolana. Que el poder legislativo en manos chavistas realice un ultraje de este calibre a las propias leyes que proclama da ya de por sí una idea del valor que otorgan a la ley los siniestros individuos que se han hecho con el poder en Caracas.

El ahora capitán Cabello ha retorcido los hechos y el artículo 191 de la Constitución venezolana, no solo para expulsar del Parlamento a la diputada opositora Corina Machado -acción ya tramada hace tiempo en La Habana-, sino para desposeerla de su nacionalidad venezolana y de esa manera neutralizar su liderazgo y convertirla en una exiliada para redoblar sobre ella los sambenitos ultrajantes que ya se vierten sobre su figura motejándola nada menos que de fascista y de agente de los poderes imperialistas. La zafiedad y la falta de la más mínima preparación jurídica y cultural de los actuales dirigentes chavistas se pone de relieve cuando a simple vista se comprueba que el presidente de la Asamblea Nacional no tiene atribuciones legales para revocar de su cargo a un diputado y menos aún para despojarlo de su nacionalidad, algo que exigiría un complejo proceso legal a través de los tribunales de justicia.

PIE DE FOTOEl pretexto que se utiliza para infringir cualquier norma es la participación de Corina Machado en la Organización de Estados Americanos (OEA) para denunciar la violencia homicida con la que el Gobierno de Nicolás Maduro estaba intentando acallar las protestas pacíficas de la ciudadanía del país caribeño. El Ejecutivo de Maduro maniobró de forma histérica para silenciar la voz de la representante parlamentaria y el Gobierno de Panamá le ofreció su estrado para que su denuncia fuese oída por los demás países hispanoamericanos. La zafia conclusión de Maduro y de su correligionario Diosdado Cabello es que la diputada opositora asumió en ese instante el cargo de representante diplomática de Panamá y renunció de hecho a su nacionalidad venezolana. Todas las fuentes diplomáticas internacionales han negado esa burda interpretación y han señalado, por el contrario, que Corina Machado decidió intervenir en la OEA en su calidad de diputada de Venezuela y en representación de los ciudadanos que la eligieron.

El linchamiento de la parlamentaria se ha consumado contra toda legalidad, igual que de ese modo se ha destituido de sus alcaldías a Daniel Ceballos y Enzo Scarano, al frente de los municipios de San Cristóbal y San Diego, en una parodia judicial con veredictos que de nuevo han pisoteado la soberanía del pueblo para elegir a sus representantes. Todo esto ya anticipaba la decisión recién tomada de mantener en la cárcel a Leopoldo López Mendoza. El joven dirigente del partido Voluntad Nacional, reelegido con creciente apoyo en las urnas como alcalde del municipio de Chacao de Caracas, hasta que el Gobierno chavista le inhabilitase para ejercer cualquier cargo público hasta el presente 2014, una decisión revisada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que la consideró unánimemente ilegal sin que esto tuviese efecto alguno para el político perseguido. Este año concluía su condena y de inmediato fue detenido a propósito de las espontáneas movilizaciones estudiantiles. Las autoridades de Caracas no dudaron en señalarle arbitrariamente como “autor intelectual” de las protestas y recluirlo en el Centro Nacional de Procesados Militares. Cabía la posibilidad de que este viernes hubiera sido puesto en libertad por los tribunales de justicia.

PIE DE FOTOPero las previsiones optimistas se han venido abajo ante la obstinación del Ejecutivo. Hoy sábado Leopoldo López se halla en su internamiento acusado de asociación para delinquir con agravantes de la ley contra la Delincuencia Organizada y Financiación al Terrorismo. Como en el caso de Corina Machado, por decir las verdades del terrorismo de Estado que el chavismo ha puesto en marcha contra las protestas populares.
El régimen chavista no va a desmoronarse por esa movilización callejera, pero todo indica que en Venezuela se ha pasado página y que la revolución bolivariana ha fracasado, por más que se conserven las estructuras del poder. Un síntoma muy patente de ello es la incapacidad del actual Gabinete para sacar a la calle contramanifestaciones chavistas que anulen las protestas. Se percibe un creciente descontento entre sus propias filas ante la inoperancia de los actuales dirigentes para resolver los gravísimos retos económicos del país. En este contexto, la propuesta de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) para ejercer como mediadora entre el Gobierno de Maduro y la oposición ya ha comenzado a ser rechazada por los partidos contrarios al chavismo. A nadie se le escapa que la estrategia de Maduro se basa en presentarse como víctima mientras destroza a los disidentes y utiliza el señuelo del diálogo para dividir y enfrentar a las fuerzas políticas de la oposición que hasta ahora han logrado mantener un difícil frente unido.

En la estrategia victimista, no ha faltado la ya habitual puesta en escena de una imaginaria agresión contra el presidente. Hace poco menos de un año Maduro mostró a los medios de comunicación a unos supuestos sicarios con fusiles de asalto y fotos del presidente con un ilusorio encargo del exmandatario colombiano Álvaro Uribe para asesinarlo. Nunca más se supo de tan estrambótica conjura. Las conspiraciones ficticias han batido récords mundiales en Caracas. Ahora, durante la visita de UNASUR, el Gobierno chavista ha sacado de esa guardarropía un hipotético intento de golpe de Estado a cargo de tres generales. Una percha perfecta para montar el clásico victimismo con el que encubrir los propios crímenes. Nunca generales del arma de aviación han tenido por sí mismos potestad para realizar un golpe de Estado en Hispanoamérica, y menos si se trata de jefes del ejército sin mando sobre ninguna tropa. ¿Con qué soldados iban a ejecutar ese aparente golpe de Estado? Todas las informaciones apuntan a que Maduro ha llevado a cabo un ajuste de cuentas con militares no lo suficientemente entusiastas con su figura, ya marginados del mando, como cabeza de turco en una irreal intentona golpista, que, como siempre, ha de quedar en agua de borrajas. Mientras tanto los escuadrones chavistas, nutridos con todo tipo de matones, siguen asesinando impunemente a estudiantes idealistas que sueñan con una Venezuela eficiente y democrática.

PIE DE FOTO
Además de los profesionales disparos en la cabeza o en el corazón de los disidentes democráticos -hoy se contabiliza el treinta y siete homicidio, sin visos de que sea el último-, hay infinidad de heridos, de detenidos sometidos a todo tipo de vejaciones, hay torturados y desaparecidos que la justicia internacional debería comenzar a investigar como crímenes de lesa humanidad. Un botón de muestra se vio en la Facultad de Arquitectura donde los colectivos armados chavistas entraron para irrumpir en una asamblea estudiantil, obligándoles a desnudarse para ser después apaleados. En los allanamientos de morada ya es tradicional que policías y paramilitares entren en una casa, aten y amordacen a sus moradores, rompan el mobiliario con el pretexto de buscar material subversivo y se despidan con una paliza a la aterrorizada familia que ha sido elegida para hacer una exhibición de poder intimidatorio.

En estas circunstancias es difícil que la oposición se someta a una farsa de diálogo cuyo fin último es romper su cohesión. Un diálogo real solo podría llevarse a cabo sin la acción de los paramilitares, dando la orden de detener el terror de Estado, permitiendo las marchas pacíficas y respetando la soberanía nacional sin destituir ni encarcelar a los representantes democráticos elegidos por la ciudadanía. Algo que no está previsto que suceda. Más bien al contrario se vislumbra un incremento de la violencia del poder envuelta en burdas justificaciones victimistas, mientras el conjunto del país se encamina hacia una implosión económica. Quizá el chavismo, antes que esa catástrofe se materialice, pudiera realizar una depuración en sus filas, retirando del poder público a una clase dirigente de mentalidad rudimentaria sin preparación para corregir el rumbo político de la nación.

En uno y otro caso, los partidos democráticos de la oposición tienen la misión de defender los derechos de libre manifestación de los ciudadanos pero no fiar a las movilizaciones la caída del chavismo. Cuando la ruptura interna de este se produzca o llegue el estallido económico, la oposición debería mantenerse unida en torno a un proyecto democrático que gestione el poschavismo sin revanchas. La altura de miras ha de gestarse en la dolorosa convulsión dictatorial de hoy, superando los agravios recibidos.