La fantasía independentista
Francisco Delgado-Iribarren
martes 15 de abril de 2014, 19:06h
Cuando los estudiantes franceses de mayo del 68 proclamaron aquello de “la imaginación al poder” no imaginaban un gobierno como el catalán. Se podría escribir que el ejecutivo autonómico de Arturo Mas ha creado un nuevo género, la política-ficción, en la que sobreabundan los atributos de una imaginación desbordada: la archisabida quimera, la fabulación, la mitología, la invención, la fantasía. De unas cuantas declaraciones del Govern y de sus tentáculos cabría aseverar lo mismo que la Casa Real sobre el último libro de Pilar Urbano: “Pura ficción imposible de creer”.
La última pieza de este asombroso recital es el documento pergeñado por el llamado Consejo Asesor para la Transición Nacional (cuyo nombre ya es de por sí fabuloso). Más que un informe, lo que ha emitido es un desinforme. Compareció orgulloso el president del órgano independizador, Carlos Pi-Sunyer, franqueado por el inefable consejero de Presidencia, Francesc Homs. Entre ambos dejaron claro su pronóstico para la situación europea de una Cataluña emancipada: o que permaneciera en la UE o que se reenganchara a ella de forma rápida. O sea, lo que en una quiniela equivaldría a un 1 fijo.
Menos mal que en su desinforme (que hubiera firmado el mismísimo Iñaki Urdangarín), contemplan también el escenario de la X y del 2. Es decir, que Cataluña se tenga que poner a la cola para adherirse por la vía ordinaria (con Turquía, Macedonia, Islandia, Montenegro y Serbia) o que definitivamente se quede fuera. Los hombres de Homs ven esta derrota poco probable, si bien apuntan consuelos para el caso de no acertar en su quiniela, como buscar nuevos países amigos en la EFTA. El nacionalismo lleva a quien lo profesa a la ensoñación, como se evidenció durante el discurso aturullado de Turull en las Cortes españolas. Lo malo es que después del dormir y soñar viene el despertar.
La corte independentista de Arturo Mas está tan acostumbrada a despreciar las leyes y a desoír la voz de las autoridades superiores, que le da igual hacerlo con las españolas que con las comunitarias. Ni obedecen a Rajoy, ni a Sáenz de Santamaría, ni al Congreso de los Diputados, ni al Tribunal Constitucional… Ni a Durao Barroso, ni a Herman Van Rompuy, ni a Joaquín Almunia, ni a ninguna institución comunitaria. Diríase que se consideran por encima de todo. Ni respetan la Constitución Española, ni tampoco los Tratados comunitarios. Les guste o no les guste, estos prevén la salida automática de la UE de cualquier territorio que se independice. De cualquiera. No sirve pedir un trato especial ni de favor. Que le pregunten al Barça qué pasó cuando se lo pidió a la FIFA.
El llamado Consejo Asesor para la Transición Nacional lo componen en su mayoría catedráticos y profesores de universidad. ¿Qué pasa, que no pueden encontrar presuntos expertos fuera de la universidad? Este consejo de sabios o más bien de genios ha revelado en la redacción de su trabajito uno de los problemas del pensamiento (pobre, pero pensamiento) independentista catalán: se creen siempre que son un caso especial. Por eso escriben: “Ni el derecho internacional ni el derecho de la UE prevén de forma expresa un supuesto como el que plantea el caso catalán”. ¡Tate, ni falta que hace, porque para eso está la ley, para establecer supuestos aplicables a todos! Varios de los miembros del consejo son catedráticos de Derecho Constitucional, pero esto ya nos extraña menos después de saber que Jesús Eguiguren es profesor de esta materia en el País Vasco.
La imaginación en política es un arma de doble filo. La imaginación sin formación conduce a la locura y por ese camino se desboca el independentismo catalán. Zapatero fue un exponente de político más imaginativo que formado (si bien muy poco de los dos) y ya sabemos a dónde nos trajo. Rajoy en cambio está mucho mejor formado e informado que los kamikazes catalanes (y por supuesto que Zapatero) y por eso tiene todas las de ganar este pulso. Mientras, que Homs siga burlándose de las expresiones que emplea el Gobierno español (“vagar por el espacio”, “la isla de Robinson Crusoe”). Se burla porque no entiende nada.