Por qué no funcionaría
La creación de un Estado Palestino dependiente de Israel
miércoles 14 de mayo de 2008, 10:43h
A pesar de carecer de responsabilidad lógica de las miserias del pueblo palestino, parece, de alguna forma, que Israel es culpable del escaso desarrollo económico que se ha dado en territorios palestinos desde su fundación. Si bien el Ejército israelí ocupó dichos territorios, no impidió en forma alguna que la agricultura, la industria o los servicios se desarrollaran fructíferamente. Sin embargo, como consecuencia de la respuesta israelí a la violencia, de la lucha interna entre facciones palestinas y de la corrupción de sus dirigentes, la pobreza consume Palestina. Sin embargo, a ojos del mundo, Israel es el responsable único de los problemas palestinos. Por ello, la creación de un Estado independiente libraría a Israel del peso que le ha sido impuesto.
Un país que no tendría suficientes hospitales para asegurar la salud de sus ciudadanos ni escuelas para garantizar su educación. Además, la economía sumergida de los territorios palestinos bajo la corrupta administración de la Asociación Nacional Palestina, no permite la recaudación de impuestos, por lo que no hay suficiente dinero público para satisfacer las necesidades básicas de la población. La Palestina independiente acarrearía las consecuencias de este problema. Sería un país sin suministro eléctrico, cuyos habitantes no podrían buscar trabajo en la parte occidental de Jerusalén como taxistas o camareros. Sí, Palestina depende de Israel. Y sin él, está muerta.
El propio plan de partición de las Naciones Unidas del mandato británico de Palestina proponía la división de la zona en dos Estados independientes, uno árabe y otro judío. Pero para los árabes no era suficiente, nunca lo fue. Por eso, y escoltados por Siria, Irak, Egipto, Líbano y Transjordania, lanzaron una gran ofensiva contra Israel. El recién nacido Estado venció a las cinco potencias árabes y expandió su territorio a costa del palestino. Al menos ahora, 60 años después, algunos se atreven a reconocer que habría sido mejor aceptar las fronteras impuestas por la ONU y tratar de prosperar. Pero son pocos.
La creación de un Estado palestino independiente es considerada por muchos como la única posible solución al conflicto que tiene lugar entre Israel y diferentes organizaciones palestinas como Hamás o la Yihad Islámica. Sin embargo, son demasiadas las condiciones impuestas por los más radicales de cada facción palestina, en guerra civil interna, como para figurarse una nación independiente estable y pacífica. De llegar a nacer, habría sido creado el primer país palestino en la historia pues, a diferencia de Israel, nunca antes ha constituido un Estado, si bien ha sido dominado por diferentes imperios como el romano, el turco otomano o, más tarde, el británico. Palestina nunca ha constituido una entidad por sí misma.
Una parte del mundo observa con optimismo la gestación de un Estado palestino, mientras otra, analiza con temor las posibles consecuencias negativas de su creación.
No parece probable que la creación del Estado palestino realmente sea la solución al conflicto, pero tampoco que pueda ser establecido sin haberse solucionado el conflicto previamente.
El frágil embrión de la nación palestina se enfrenta, no sólo a las luchas internas y a las pugnas por el poder, sino también a la intolerancia fanática de los más radicales. Al empleo de la violencia por parte del eterno inconformismo del “ala dura” de Hamás y Fatah. Por parte de los que han perdido todo, de los que no temen a nada. Nunca aceptarán, éstos, un Estado palestino que no se extienda desde el Mar de Galilea hasta Eliat, pasando por Masada y sin olvidarse de la Franja de Gaza.
El problema es que, y aunque lograran expulsar a los judíos de su tierra prometida y formar un Estado palestino que abarcara todo el territorio israelí, Gaza y Cisjordania, encontrarían motivos para continuar con la violencia. Porque, ¿quién gobernaría a los palestinos? ¿La Asociación Nacional Palestina liderada por Fatah o los terroristas de Hamás? Quien quiera que sea el que alcance el poder, se encontrará siempre con una frontal y violenta oposición.
Siempre habrá alguien dispuesto a sacrificar su vida por la “causa palestina”. Siempre habrá alguien que no acepte las reglas del juego, pues son injustas. Porque esta gente, humilde pueblo palestino, vive encadenado a la injusticia. La ocupación israelí les desplazó de su tierra. De sus viviendas. Y no pararán hasta que expulsen a todos los hebreos de “su hogar”. Con Estado propio o sin él.