Diez años de Zapatero
Francisco Delgado-Iribarren
martes 29 de abril de 2014, 20:07h
Un dicho español asegura que no hay mal que cien años dure, aunque en la práctica hay males que se nos hacen eternos. Sucede así con Zapatero, cuya mera invocación, recuerdo o aparición hace daño a una mayoría absoluta de los españoles, porque los efectos nocivos de sus políticas nefastas siguen presentes en nuestras vidas. El PSOE, no se sabe si por orgullo o por compañerismo –o por los dos a la vez- celebra el 10º aniversario de su entrada en La Moncloa.
Los socialistas se han quedado muy solos en esta fiesta de cumpleaños, relativamente discreta. Ni siquiera Rubalcaba, su antiguo número 2, se ha presentado en ella. Tampoco se han sumado a la celebración los casi 6 millones de parados, ni los estudiantes que ven el futuro negro, ni los funcionarios a quienes bajó el salario, ni los mayores a quienes congeló las pensiones, ni… ¡Ni siquiera los sindicatos mayoritarios, que tan buen feeling tenían con Zapatero el de las Mercedes en sus primeros años! La zapaterista Valenciano sí se ha abrazado a él y él a cambio se ha declarado “valencianista” (¡de Elena, no del equipo de Mestalla!)
Si Gabriel García Márquez (perdonen que no le llame Gabo, pero es que nunca nos presentaron) hubiera tenido que escribir la novela Diez años de Zapatero habría arrancado así: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento de la crisis, el español Pepito Pérez habría de recordar aquella mañana aciaga en que Zapatero lo llevó a conocer el paro”. Parolandia era entonces España, un país con 2,2 millones de parados (Aznar había conseguido rebajar el número en 3 millones desde el último pico socialista) y sus problemas, sí, pero muchísimo más saneado que en la época González. Pero llegó Zapatero y lo inundó con su fantasía, convirtiéndolo primero en Zapaterolandia y más tarde en Parolandia: lo dejó de nuevo, como buen socialista, con 5 millones de parados.
Prácticamente los únicos que agradecen el advenimiento de Zapatero son los gais que querían casarse, que, en el conjunto de la nación, son muy pocos. También en esto el gobierno zapateril nos mintió. Proclamaron a bombo y flequillo que en dos años se casarían 100.000 parejas homosexuales. Pero 75.000 de ellas no lo debían tener tan claro, porque la realidad es que en siete años (2005-2012) sólo se produjeron 25.000 “marimonios” (como proponía denominarlos Campmany para evitar el conflicto y respetar la diferencia). Siguiendo datos del INE, 9.186 fueron entre lesbianas y el resto entre gais propiamente dichos. En total, a estas 50.000 personas Zapatero les ha cambiado, siquiera un poquito, la vida, aunque ellas posiblemente aún no tengan perspectiva suficiente para saber si fue para bien. Cuando muchas de estas parejas se divorcien, que por estadística lo harán, el número de agradecidos a Zapatero descenderá todavía más.
¿Quién más podría estar agradecido a Zapatero? Los nacionalistas catalanes, pues la política pro-catalanista fue una de las claves de las dos legislaturas zapatéticas y lo fue en su propia elección como secretario general de los socialistas. Pero no, los nacionalistas ahora son soberanistas, están resentidos con el Tribunal Constitucional y no quieren ni oír hablar de Zapatero. El PSC, que le impulsó al mando del PSOE aquel fatídico 22 de julio de 2000, se disuelve ahora como un azucarillo. Del PNV no salen parabienes y felicitaciones y de los bildutarras, tampoco. Qué rabia: los que más motivos tienen para estar agradecidos a Zapatero son los que menos capacidad para el agradecimiento atesoran.
Así las cosas es lógico que a Zapatero el único regalo de cumpleaños presidencial que le caiga sea el Premio Pluma, que concede la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales. En el acto de entrega el “presidente improbable”, en su salsa, soltó unas cuantas perlas de esas que tanto gustan a la afición contraria. “¡No sé cuántas veces me he casado ya!” O: “Volcaba todo mi talante para intentar convencerle (al Papa Benedicto XVI) de lo que es el derecho a la igualdad, que si hay alguien que proclamó la igualdad fue Jesucristo. Que tuviera ese mandato presente”. O que el matrimonio gay “sí que es Marca España”. O que se arrepiente de no haber colgado la bandera multicolor en La Moncloa el día de la aprobación de la ley. O que creía convertir a España en “un país más decente”. “Buscamos mucho esa palabra, la pensamos mucho”. Así que cuidado, amigos, cuando alguien os hable de “tipos decentes”, no porque os pueda estar hablando de personas homosexuales, sino porque quien así os hable seguramente sea un progresista redomado. Hubo muchas perlas y gracietas más (de lo poco que queda en el discurso de la izquierda son las gracietas), así que recomiendo ver el vídeo completo a los estudiosos de Zapatero y del zapaterismo.
Muchos españoles deben seguir haciendo examen de conciencia y recordar cuál era su situación, la de su familia y la de sus amigos cuando saludaron la llegada de Zapatero y cuál era esa situación cuando su salida. Y acostumbrarse a examinar mejor el currículum de los candidatos antes de dar su voto al primero que pase. La política no es un juego de niños. Es una responsabilidad colectiva en la que nos jugamos todo. Para que España salga del hoyo es mucho más necesario el talento que el “talante”. Mucho más importantes las neuronas que las sonrisas. Porque aún no sabemos si las patrias condenadas a diez años de Zapatero tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.