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El 1 de Mayo y la “austerofobia” sindical

viernes 02 de mayo de 2014, 08:14h
Se ha celebrado el 1 de Mayo con las ya previsibles alocuciones de las centrales sindicales españolas enquistadas en una línea fosilizada: no a las reformas y no a la austeridad. Lo que sitúa al sindicalismo español fuera de la realidad y lo convierte en un lastre que obstaculiza el progreso de nuestra sociedad en la línea de los países más avanzados. Han acuñado un término pintoresco: “austericidio”, con el que nos quieren convencer de que los males provienen de no aumentar el gasto público. Cabe preguntar, ¿cómo es eso de solucionar los problemas económicos gastando más de lo que tenemos? ¿endeudándonos hasta las cejas nos llevará por mejor camino? Eso ya se hizo en la década pasada, con las consecuencias -predecibles- de una quiebra que nos habría arrastrado a la ruina absoluta y a una bancarrota de incalculables secuelas si no se hubiera dado un firme giro al timón. O se cuadran las cuentas de ingresos y gastos, o la realidad se encarga de hacerlo de un modo drástico y cruel.

Podría oponerse a ese mendaz neologismo del “austericidio”, otro más próximo a lo que realmente se experimenta en los grandes sindicatos, atenazados por una auténtica “austerofobia”, radicalmente opuesta al espíritu austero de sus fundadores, llámese Pablo Iglesias o Marcelino Camacho. El sindicalismo español ha vivido demasiados años de vacas gordas y de dinero fácil a costa del bolsillo del contribuyente mediante una financiación pública de todo punto inaceptable, incluso si no se hubiesen producido saqueos tan infames como los ERE falsos o el timo colectivo de los cursos de formación. Si los sindicatos están hoy bajo el síndrome de la “austerofobia” es porque echan de menos la falta de transparencia, la ineficiente fiscalización del dinero público y el generoso caudal de millones de euros que ha estado llegando sin tasa a sus arcas para repartírselo como mejor les conviniese. Algo inadmisible. Deben devolver hasta el último céntimo sustraído, recobrar el espíritu austero de sus orígenes y financiarse solo y exclusivamente con las cuotas de sus afiliados.

Desde posiciones de la izquierda quiere interpretarse esto como un ataque al sindicalismo con el propósito secreto de acabar con él para desproteger a los trabajadores. Nada más lejos de la verdad. Unas organizaciones modernas desenganchadas del maná que les suministra la Administración serían fuerzas positivas y de suma utilidad en la vida pública. Al fin pondrían los pies en la tierra y harían frente a la realidad de un mundo globalizado superando la “austerofobia” que les atenaza, podrían asumir de una vez que no se puede vivir por encima de nuestras posibilidades y estarían en condiciones de discutir las prioridades de por dónde ha de recortarse el gasto y por dónde no, un debate siempre fructífero si se acepta que no se puede derrochar lo que no se tiene. Salir de las ensoñaciones ideológicas y admitir el principio de la realidad les permitiría proponer tácticas en beneficio de los trabajadores sometidos junto a las empresas a una durísima competitividad globalizada. Hoy por hoy, tras este nuevo 1 de Mayo, solo constatamos una numantina defensa de sus propios intereses, a costa de ser un cargo oneroso para los contribuyentes y seguir una estrategia perfectamente inútil para resolver los problemas de los trabajadores a los que dicen representar.
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