RESEÑA
Nick Dybek: Bajo el cielo de Greene Harbor
domingo 04 de mayo de 2014, 13:16h
Nick Dybek: Bajo el cielo de Greene Harbor. Traducción de Magdalena Palmer. Salamandra. Barcelona, 2014. 256 páginas. 18 €
La vida de una familia norteamericana se ve sometida a variadas e intensas pruebas, marcadas por el dolor y algunos odios acumulados. Quien actúa como narrador de la historia es Cal Bollings, quien muchos años después recuerda algunos sucesos que lo marcaron en la infancia en Loyalty Island, en la costa oeste de los Estados Unidos.
Los padres de Cal estaban distanciados y él lo percibía. Su padre pasaba muchos meses al año embarcado en sus labores pesqueras, mientras su madre -habitualmente sola- llenaba largas horas en el sótano de su casa, escuchando música. Hasta ahí llegaba a verla periódicamente John Gaunt, el millonario dueño de la empresa pesquera que daba vida y trabajo a la pequeña localidad, siempre apacible y casi sin actividad, como esos lugares destinados a que nunca pase nada.
Todo cambió con la muerte de John, tanto para la familia como para el pueblo. La mamá sufrió el suceso, mientras en el lugar todos esperaban lo peor: que el fallecido hubiera dejado la herencia a su hijo Richard, quien se suponía vendería la empresa a los japoneses, con lo que liquidaría para siempre la actividad pesquera y el trabajo en la localidad. Rápidamente se confirmaron los dos temores: el joven heredó la fortuna y anunció que vendería la empresa, a pesar de las presiones sociales y de los interesados. En ese momento se desata la tragedia.
Por una parte, la familia de Cal se descompone en medio de esos acontecimientos. El papá no está dispuesto a perder lo que ha sido su vida por la obsesión o incapacidad de Richard. La mamá decide partir a otra ciudad, incluso sin su hijo, pues Cal se va a vivir a casa de su amigo Jamie, como le señaló su padre. El asunto tenía su origen en que el papá se había involucrado en una jugada turbia y de consecuencias imprevisibles.
Los pescadores -a sabiendas de que Richard había dicho que vendía la empresa- sostuvieron en público que, finalmente, el heredero había decidido embarcarse a pesar de sus objeciones previas; poco después anunciarían que Richard se había caído desde el barco y nunca habían podido encontrarlo. Curiosamente, en un giro inesperado y de manera impresionante, quien sí lo encontró fue Cal, de forma inopinada, en el sótano de su excasa donde su madre pasaba tantas horas. Desde entonces comenzó a visitar diariamente a Richard, pronto acompañado por Jamie, aunque ambos decidieron no dar a conocer su secreto, por cuanto podrían afectar a sus respectivos padres (secuestradores del heredero), así como ellos mismos se verían involucrados.
La situación era curiosa. En alguna medida nacía una amistad, pero también estaba presente el delito y la complicidad, de los jóvenes que determinan no denunciar los hechos a la policía, pero que siguen visitando a Richard y quizá lo salvan de la locura. En esas visitas aparecen escenas dramáticas, otras tiernas, asociadas a antiguas disputas y revelaciones sobre la vida de los personajes implicados. Hay complicidad, compañerismo, solidaridad, lástima, indignación, drama. Hasta que deciden ayudar a que se escape, antes de que se produzca un sorprendente giro al final de la obra.
La novela, con la que su autor debuta en la narrativa, plantea una serie de dilemas morales y queda flotando el peso de la culpa. En alguna medida influye en esa ambigüedad sobre las situaciones que ocurrieron desde la muerte de John en adelante una frase obtenida de una película: “Lo espantoso de este mundo es que todo el mundo tiene sus razones”. Las de John para decidir su herencia, las de Richard sobre vender y matar una industria, las de los pescadores para salvar sus medios de subsistencia, el silencio de los niños que han conocido un secreto peligroso. En definitiva, los claroscuros del alma humana, que aparecen de manera generosa en esta obra de Nick Dybek.
Por Alejandro San Francisco