www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

foro abc

Discurso íntegro de José María Aznar

jueves 08 de mayo de 2014, 16:39h
“Permítanme iniciar mi intervención saludando al presidente de Vocento, Rodrigo Echenique, al que deseo mucho éxito en su nueva responsabilidad y a Catalina Luca de Tena, presidenta de ABC.

Extiendo, naturalmente, mi saludo al presidente del Congreso de los Diputados; a la vicepresidenta del Gobierno de España y a todos los ministros que acuden a este acto.

Saludo también a Fernando Ruiz, presidente de Deloitte; a Juan-Miguel Villar Mir, presidente del Grupo Villar-Mir; y a Francisco Javier de la Riva, presidente de Fertiberia.

Y, también, por supuesto, a la alcaldesa de Madrid, al presidente de la Comunidad de Madrid y a la secretaria general del Partido Popular y presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Gracias especialmente al diario ABC, a su director Bieito Rubido y a Ángel Expósito por acoger este Foro y por darme la oportunidad de presentar y de acompañar a Miguel Arias.

También por su constante defensa de un europeísmo lúcido atento a los intereses de España tanto como a los de la propia Unión Europea. Y por contar entre sus colaboradores con muchos y destacados expertos europeístas, a quienes leo con gran atención y provecho, algunos de los cuales nos acompañan.

Gracias a todos ustedes por acudir a este acto y a los medios de comunicación que se están interesando por él.

Y, por supuesto, no crean que me olvido de la persona más importante de este foro, gracias a Miguel Arias Cañete.

Si hoy me encuentro aquí es por tres razones que quisiera destacar.

Estoy por amistad hacia Miguel Arias, que encara una de las tareas más importantes de su larga y brillante vida política. Importante para él e importante para España.

Estoy también por compromiso con mi partido, que concurre a unas elecciones europeas que por varios motivos van a ser difíciles y van a ser cruciales.

Y, finalmente, estoy porque soy un europeísta sincero y creo que acreditado por mis actos. Un europeísta con alguna experiencia de Gobierno en España y en Europa, preocupado al ver que la Unión Europea vive un momento muy delicado que puede desembocar en un callejón sin salida. Preocupado por el antieuropeísmo, por el populismo y por las pulsiones desintegradoras que amenazan con paralizar un proyecto en el que los españoles hemos depositado un enorme capital político a lo largo de muchos años. Un capital que corre serio riesgo de echarse a perder si a partir del próximo día 25 se confirmaran los pronósticos en algunos países.

Ni España ni el resto de los Estados miembros podemos permitirnos el fracaso de Europa. Por eso, quienes tenemos algo que decir debemos hacerlo. En mi caso, aunque sólo sea en mi condición de militante cualificado, con la que generosamente se me ha distinguido y que acumulo con sincero agradecimiento a la de Presidente de Honor del Partido Popular.

Quisiera detenerme brevemente en cada una de estas tres razones que me han traído hoy hasta este Foro.

En primer lugar, mi amistad con Miguel Arias. Decía el clásico que la amistad es algo así como un parentesco sin sangre. Yo guardo un parentesco político y más que político de ese tipo con Miguel Arias, que tiene su origen hace ya algún tiempo.

Nuestra relación comenzó a principios de los años 80, cuando un grupo de jóvenes unidos por el compromiso con España pusimos en marcha una alternativa de centro reformista. Una alternativa capaz de ganar la confianza de una mayoría de españoles.

Miguel era ya entonces como lo vemos ahora: una persona llena de energía, vitalidad y empuje. Un hombre lleno de inteligencia, de buen humor y de simpatía.

Juntos superamos las pruebas de unidad y cohesión del Partido Popular. Hicimos un partido fuerte e integrador, celebramos juntos sus triunfos y, finalmente, asumimos la responsabilidad de gobierno. Hicimos no sólo un gran trabajo político en común sino una buena amistad.

Miguel conoce perfectamente las instituciones europeas. Ha sido un magnífico servidor de España ante el Parlamento Europeo y en el Ministerio de Agricultura. Ha dado muestras sobradas de su capacidad política y de su solvencia gestora. A Miguel el valor no se le supone, sino que lo tiene acreditado.

Es un gran candidato y será -porque lo ha sido ya-, un extraordinario defensor del proyecto europeo y de los intereses de España en la Unión Europea.

La segunda razón por la que estoy aquí es el compromiso con mi partido. Un compromiso político y biográfico. Para qué nos vamos a engañar, si Miguel Arias fuera candidato de otro partido yo, aun conservando mi amistad hacia él, no estaría haciendo una presentación como esta. Y además estoy seguro de que él lo entendería. Pero afortunadamente para el Partido Popular, para España y para Europa, Miguel es candidato del Partido Popular. Lo que significa que compartimos el deseo de que tenga un magnífico resultado el próximo día 25.

Sabemos que hay algunas circunstancias que juegan en contra de nuestro deseo y sabemos que existe un riesgo de desafección o de abstención. Pero en España, históricamente las elecciones europeas no han servido para descargar el mal humor del electorado, sino que han anticipado tendencias. Se han ganado o se han perdido elecciones generales después de haber ganado o perdido elecciones europeas. Son elecciones importantes y es necesario que se trabaje a fondo para movilizar todos los activos, que son muchos y muy valiosos.

El Partido Popular es un monumento a la utilidad política de la integración, aprendida de la historia política. Lo demás siempre termina mal.

El proyecto europeo del Partido Popular -el que ha defendido extraordinariamente Jaime Mayor en los últimos años, cuyo relevo toma ahora Miguel Arias-, sigue siendo indispensable para asegurar la prosperidad, la seguridad y el bienestar de los europeos, y por supuesto de los españoles.

Es un proyecto consolidado, construido alrededor de logros históricos que han rendido grandes beneficios para los españoles: la puesta en marcha de la moneda común, que es mucho más que un proyecto económico y que tiene que ser desarrollado con ambición y con visión de futuro; un modelo de sociedad abierto, con oportunidades; la defensa de la libertad y la cooperación en materia de seguridad; la presencia internacional; la vocación atlántica de Europa, que es cada día más importante, como nos recuerdan los sucesos que están teniendo lugar en las fronteras del Este.

Es un proyecto de prosperidad y de seguridad apoyado en la cooperación leal de los Estados que la forman y en la voluntad de unirse progresivamente sin dejar de ser lo que son. Un proyecto que ha sido el de muchos durante mucho tiempo, mayoritario y fiable, que Miguel Arias va a liderar y que nos conviene como país.

Nos conviene continuar un ambicioso programa de reformas que fortalezca y extienda una recuperación que ya se empieza a sentir. Una recuperación que sólo el Partido Popular puede impulsar, para que llegue a dar los frutos deseados.

Miguel es garantía de continuidad. Y es garantía de solvencia. Y eso, en un momento tan agitado como éste en nuestro continente, es algo muy valioso.

Finalmente, como tercera razón de mi presencia en este foro, además de la amistad y el compromiso, está la preocupación por algunos peligros que amenazan a la Unión, y el deseo de advertir sobre ellos. Todo indica que podemos encontrarnos con un Parlamento Europeo más fracturado y con mayor presencia de partidos, grupos o facciones que tratarán de impedir el normal funcionamiento institucional. Eso, en un momento como éste, constituye un grave riesgo para la Unión Europea y para quienes la formamos.

Desde que en 2003 y por razones nunca suficientemente explicadas se despreció el Tratado de Niza para iniciar un proceso constituyente que estaba abocado al fracaso, la Unión ha ocupado la mayor parte de sus energías en un debate institucional muy poco fértil, con escaso sentido práctico y sin apenas utilidad para unas opiniones públicas nacionales duramente golpeadas por la crisis. En ese contexto de trabajos perdidos y errores de fondo han crecido actitudes, movimientos y partidos difícilmente compatibles con los valores y con los principios de la Unión.

Hay que poner fin a esa etapa. Ningún debate sobre los medios tendrá sentido mientras no se aborde con realismo el debate sobre los fines de la Unión. Si no hay proyecto europeo claro no puede haber liderazgo europeo claro. Y, a mi juicio, el único proyecto deseable y posible es el de una Europa atlántica, abierta, atenta a sus fines fundacionales y comprometida con sus propias responsabilidades.

Tenemos que vencer la inercia para iniciar lo que Julián Marías, precisamente en las páginas del ABC, denominó “la segunda salida de la Unión Europea”, en referencia a la segunda salida del Quijote, la que se hace con la experiencia de los fallos y los errores de la primera. Y además, podemos añadir, con la esperanza de que acabe bien.

Hay que retomar los grandes objetivos históricos de la Unión y trabajar de verdad para acercarse a ellos. El liderazgo es una función de la claridad de ideas, que a su vez debe ser una función del análisis realista de las cosas. Esto quizás ha faltado en algunas instituciones clave de la Unión, y necesitamos recuperarlo con mucha urgencia.

Lo necesitamos para hacer frente a un populismo que está ya casi en estado insurrecional contra el derecho europeo; para combatir una ridícula voluntad de atomización que ha crecido sin apenas resistencia, y para superar la preocupante ignorancia de la historia de Europa que suele encontrarse detrás de cada antieuropeísta.

Hay que hacer realidad una tarea común suficiente, que trascienda la retórica y actúe de verdad dentro de lo que el mundo es, y no fuera de él.

Tenemos que recuperar espacio social y espacio electoral en toda Europa a favor de lo que puede hacernos fuertes en el siglo XXI. Hay que explicar la importancia de lo que tenemos por delante y de lo que nos amenaza. Debe cambiar la tendencia hacia el debilitamiento de los grandes partidos europeos, que son los que han hecho posible a lo largo de los años el proyecto comunitario. Podemos cambiar ese rumbo. Estamos a tiempo.

Estoy seguro de que Miguel Arias es la persona indicada para iniciar una tarea como esa. Conozco bien sus virtudes, su capacidad política y su dedicación. Quiero que todos los españoles las conozcan también y estoy convencido de que en la medida en que eso vaya pasando en las próximas semanas, su candidatura obtendrá el respaldo que merece. Es para mí un placer contribuir a ello, acompañarlo hoy y siempre que él me lo pida y que mis responsabilidades me lo permitan. Y estoy seguro de que vamos a disfrutar y a aprender mucho y bueno de cuanto va a explicarnos a continuación”.