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RESEÑA

Selva Almada: Ladrilleros

domingo 11 de mayo de 2014, 12:45h
Selva Almada: Ladrilleros. Lumen. Barcelona, 2014. 200 páginas. 16,90 €. Libro electrónico: 10,99 €
“La vuelta al mundo quedo vacía, sin embargo las sillas siguen moviéndose despacito”. En un terreno despoblado dos cuerpos echados en el barro son el punto de partida para la autorreflexión y la narración de los hechos acaecidos. La novela se inaugura abriendo el campo de la experiencia de los protagonistas a la condición de la naturaleza humana. La escritora argentina Selva Almada plantea la realidad de la existencia a partir de la experiencia y del ambiente donde se crece, el hombre es a lo que se ve abocado porque el hombre es un ser débil. La rivalidad entre familias es el marco para tratar la figura del macho, el hombre rudo y brutal que queda anulado por la fuerza del destino.

Dos personajes, Oscar Tamai y Elvio Miranda, encarnan al hombre rural que actúa por impulsos y cuyo éxito con las mujeres propicia la formación de una familia. Pero es la vida nocturna, plagada de vicio y juego, la verdadera existencia plena de estos dos hombres que dejarán la herencia de sus desvíos a sus vástagos. Pajarito y Marciano, son víctimas de unos padres que no se resignaron con una vida familiar serena, sus cuerpos en el barro simbolizan el destino trágico de la humanidad en un marco donde una noria da vueltas en el vacío.

La escena se desarrolla en un pueblo donde el calor asfixiante y la sequedad del páramo son el ámbito perfecto para esta historia de desgarro. La mujer es el contrapunto del hombre rudo. Ella es otra víctima, pero diferente a los hijos, la mujer es culpable por su función de consentidora, aunque el planteamiento de sus orígenes hace inevitable su unión al macho. La huida de la soledad y el rechazo de la condición vital propia conducen ineludiblemente a la tragedia.

Celina, hija de un viudo posesivo con dos hermanas solteronas, se enamora de un cosechero que llega al pueblo. Deja todo por su unión con el joven. Comparte con él cuatro hijos y una ladrillería que alquilan. El segundo de los hijos, el Pajarito, es el protagonista que, odiando a su padre, se convierte en asesino asesinado y cumple los pasos que tanto criticaba. Marciano, un muchacho de la misma edad, admira a su padre: Elvio Miranda. Un ladrillero de familia consagrada en el oficio que se enamoró de Estela, la reina de los carnavales, una joven cuya madre soltera la abandona, se cría con una madrina brasileña. Aunque la economía va bastante mal, el marido sale de casa todas las noches. Pero una noche le cortan el cuello y la vida de Marciano adquiere el sentido de vengar la muerte del padre.

En un lenguaje con ecos de americanismos que nos hacen viajar al área rural argentina, la narración refleja el léxico callejero de las jergas de la población marginal. Los pensamientos de los personajes se mezclan en el hilo narrativo en un flujo de conciencia que alterna con la exposición objetiva de los hechos y el relato omnisciente de un narrador imparcial ante la tragedia. Nos encontramos ante técnicas narrativas contemporáneas donde se plantea un discurso fragmentado y sugerente en breves periodos de cómoda lectura y que invitan a la reflexión. En esta novela cabe todo, el diálogo con muertos y la voz de la memoria, las ensoñaciones y delirios que funcionan como símbolos morales de enseñanza intemporal.

La realidad de los jóvenes supervivientes, hijos de familias condicionadas desde su concepción por la vida al margen de lo socialmente admitido, se irá conformando para llegar a la inflexión final donde los archienemigos están más cerca que nunca. El amor desatado, las escenas de sexo y la fuerza que el entorno genera conducen a la unión, que es conflicto sin solución.

Por María Jesús Paredes
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