Pellegrini, Embajador de Chile en Europa
martes 13 de mayo de 2014, 20:23h
Las distintas competiciones futbolísticas europeas están llegando a su fin y los ánimos se preparan para la gran fiesta universal: el Mundial de Brasil 2014. Las ligas han tenido, como siempre, celebraciones y dramas, algunas estuvieron resueltas hace varias semanas mientras otras han conservado hasta el final la lucha por los puntos, por las copas, por librarse del descenso. Entre los grandes ganadores destaca Manuel Pellegrini, el técnico chileno de larga y exitosa trayectoria en Sudamérica, España y ahora Inglaterra.
Recuerdo cuando hace casi un año el entonces Embajador de Chile en España Sergio Romero decidió organizar una sencilla pero emotiva despedida, con miembros de la comunidad chilena residente. El objetivo era desearle el mayor éxito en sus nuevas tareas, pero también agradecerle públicamente por lo que hizo en España, donde había dirigido al Villarreal, al Real Madrid y finalmente al Málaga. En definitiva, corresponder al hecho de que un director técnico chileno había dejado bien puesto el nombre de su país en una de las principales ligas del mundo.
Obviamente destacan ciertos logros deportivos, especialmente en cuanto logró posicionar tanto al Villarreal como al Málaga en la parte alta de la liga española y después en competiciones europeas, con resultados históricos para ambos equipos. Llegó a dirigir el cuadro madrileño, una distinción con la que había soñado, tuvo resultados bastante impresionantes en términos de puntaje pero sin obtener copas y con una salida más rápida de lo esperado. No fue un fracaso, pero el sabor amargo era evidente en los días finales de la etapa blanca de Pellegrini.
Sin embargo, en la despedida del técnico no hubo análisis deportivos, sino sobre todo humanos. El Embajador Romero destacó especialmente dos rasgos de su paso por España. El primero, su talante humano, su caballerosidad a toda prueba, haber puesto en primerísimo lugar el valor personal como parte esencial de cualquier tarea deportiva. Es verdad que a algunos podría parecer “más aburrido”, su ausencia de las polémicas era menos mediática y quizá carecía de atractivo para alguna prensa más efectista, pero el resultado estaba a la vista: el estilo austero y elegante del director técnico, la palabra precisa y sensata, la incapacidad de descalificar al adversario son cuestiones que, a la larga, se valoran, y distinguen a quien ostenta esas características personales.
Lo segundo es que Manuel Pellegrini se convirtió en un verdadero embajador del deporte chileno en Europa, por sus características personales, por sus logros deportivos y por haber puesto a su país en las grandes ligas mundiales. Para naciones como Argentina o Brasil, de larga y exitosa tradición futbolística, estos resultados son habituales y no generan un impacto determinante.
Haber sido varias veces campeón del mundo, como ocurre con los anfitriones del Mundial del 2014, o un par de veces como en el caso argentino; ser la patria de Pelé y Garrincha en el caso brasileño, o de Maradona y Messi en el trasandino, es razón más que suficiente para caminar tranquilos por el mundo deportivo internacional. El caso de Chile –si bien con calidad creciente en los últimos años– no está en ese nivel, y por eso cada técnico y cada jugador son responsables en la cancha y fuera de ella de abrir y consolidar espacios para los deportistas nacionales.
Es la tarea, por lo demás, que han asumido con entusiasmo y calidad figuras como el portero Claudio Bravo en la Real Sociedad, ahora Eduardo Vargas en el Valencia, Alexis en el Barcelona y otros tantos futbolistas en diversos lugares de España y Europa. Camino que consagró Pichichi a Iván Zamorano hace un par de décadas, cuando triunfaba en el Real Madrid, y que estoy seguro tendrá muchos representantes más en el futuro.
Finalmente, en su despedida-homenaje de junio de 2013 en Madrid, Manuel Pellegrini agradeció el cariño de sus compatriotas y la alegría de dar un salto a la liga Premier de Inglaterra. Se marchaba con los mejores recuerdos y las mayores ilusiones, convencido de que los ojos de sus compatriotas estarían nuevamente puestos en él. Todos le desearon éxito y, por supuesto, que fuera campeón. En solo un año Pellegrini y el Manchester City se coronaron campeones de una de las ligas más competitivas del mundo y las celebraciones se extendieron desde los citizens en su ciudad y en las tribunas y la cancha Etihad Stadium, hasta los hogares y medios de comunicación de su país que celebraban en la distancia.
Aunque hemos sabido que no fue elegido en estos días el mejor DT de la liga Premier, en Chile ya se lo valora como el mejor técnico de su historia y es sin duda en la actualidad uno de los más capacitados del mundo. Sin embargo, y aunque esperamos que continúen los logros por algunos años más, sabemos que eso tarde o temprano pasará. Quedará el recuerdo de un hombre íntegro, convencido de que el espíritu deportivo se vive en la cancha y fuera de ella, que ha marcado su destino no por la suerte ni por una victoria esporádica, sino como resultado de un trabajo bien hecho que se proyecta a través del tiempo, a pesar de las dificultades y de algunas derrotas importantes que no menguaron su compromiso.
Los países son respetables por la fortaleza de sus instituciones políticas o la solidez de su economía. También por sus artistas, escritores y gente del mundo de la cultura. Obviamente en la misma línea se inscriben los deportistas de las distintas disciplinas. Ellos tienen un valor personal, pero en alguna medida representan a su patria en tierras lejanas. Manuel Pellegrini ha sido campeón en Inglaterra y por ello Chile ha tenido nuevamente un gran “Embajador en Europa”.