Valenciano, Jesucristo y Nacha Pop
Francisco Delgado-Iribarren
martes 13 de mayo de 2014, 20:30h
Hay hitos en la vida que dan gloria a la profesión del columnista. Cuando además uno tiene como ídolo periodístico a don Jaime Campmany (una recopilación de sus cartas batuecas es mi tesoro más valioso del pasado día del libro), hay materiales que es fuerza utilizar. Las declaraciones de Elena Valenciano en las que ensaya una particular trinidad formada por Jesucristo, el Che Guevara y Felipe González han sido pasto de los más leídos y cachondos columnistas del Reino. Por señalar dos de las divertidas glosas: Valenciano Superstar, de David Gistau, y Elena de Magdala, de Juan Manuel de Prada.
Valenciano es cabeza de lista, pero no tiene cabeza de lista. Si la tuviera no habría dejado al desnudo su inconsistencia intelectual en su debut como cabeza de cartel. Tirios y troyanos coinciden en señalar que la Valenciano ha dinamitado su campaña, que se ha pegado un tiro en el pie, que ha pegado un patinazo de los de descalabro y guardar reposo, si no responso político. Elena Magdalena (la socialista ha mostrado su dilección por la prostituta que llegó a santa), no confiesa arrepentimiento por su pasado radical, revolucionario, cheguevarista primero y felipista después. Más bien se lamenta de su pasado cristiano y al menos tiene la honradez de declararse “no creyente”.
No cree, pero tampoco lee. Su fuente de conocimiento de la historia de Jesucristo no son los evangelios, sino la ópera rock Jesucristo Superstar, así como su fuente de conocimiento de América Latina son las canciones de Silvio Rodríguez. Como buena valenciana (de orígenes), la Valenciano se acompaña de música como fiel compañera de viaje. Pero la música nunca es suficiente. No, al menos, para un político. La música y la política no hacen buenas migas. Porque una se mueve en las nubes de lo ideal y otra en el terreno de lo práctico. El ejemplo más claro: la canción Imagine, de John Lennon, puede emocionar a millones de personas, pero jamás podría incluirse en un programa electoral. Ni mucho menos configurar, por sí sola, un programa político.
Elena Valenciano es hija de su tiempo, pero también de su padre, Luis Valenciano Clavel, médico que ocupó diversos cargos en el Ministerio de Sanidad con UCD y en ellos se opuso firmemente al aborto, declarándose partidario del derecho a la vida desde la concepción. En cuanto a su tiempo, la candidata al parlamento europeo nació en 1960, con lo que vivió en su infancia y juventud el apogeo de la cultura pop, más caracterizada por la emoción que por el intelecto. Con 17 años se afilió a las Juventudes Socialistas, en una época en la que su ídolo Felipe González aún no había abjurado del marxismo. Luego abandonó los estudios universitarios porque se aburría estudiando y prefería ir al Penta a escuchar canciones que consigan que te pueda amar.
Me asomo a la ventana, eres Elena Valenciano. Jugando con la rosa en mi jardín. De aquellos polvos, estos lodos. El batiburrillo ideológico y la inconsistencia intelectual han creado un producto político caracterizado por el feminismo radical, el abortismo, la demagogia barata, el zapaterismo. En catecismo, un cate. A su campaña sólo le falta un concierto en acústico con Ismael Serrano, en el que entonen al alimón el Papá cuéntame otra vez, y se pongan a hablar de gendarmes y fascistas y estudiantes con flequillo. Allí rendiría tributo al ídolo de su despertar político, aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia. Y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo, y como desde aquel día, todo parece más feo. Elena se negó a afear a Silvio (Rodríguez) su fidelidad al castrismo y para la isla se limitó a desear, ¡atención al matiz!, una transición hacia una “Cuba más democrática”. Ya se sabe que ¡che! es un grito típicamente valenciano.
Federico Jiménez Losantos tituló su columna sobre este guiso La chica de anteayer. A mí también se me había ocurrido esa idea antes de leerlo, así que la repito: Elena Valenciano no es la chica de ayer, es la chica de antes de ayer. Está más pasada que Zapatero, el ex líder de su líder. Su ideario político, en lo poco que se conoce, no parece el más adecuado para la gobernanza de un pueblo, no digamos ya de una organización de 28 países. Pero la chica de Rubalcaba se lanza rosa en ristre a defender a las mujeres, a los trabajadores y a no sé cuántos nutridos colectivos más. Contra ella compiten candidatos de mucha mayor enjundia intelectual, como Miguel Arias Cañete o Alejo Vidal-Quadras. El votante es soberano. Si la cosecha del PSOE es muy pobre se puede reeditar en Ferraz una movida madrileña. “Demasiado tarde para comprender; chica vete a tu casa no podemos jugar”. Y que conste que todo lo que escribo lo escribo con cariño. De valenciano a Valenciano.